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Los números que impulsarían a Musk a ser el primer billonario del planeta

Joel Shulman

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Con un patrimonio que ya supera la suma de Page, Zuckerberg, Bezos y Huang, el fundador de Tesla apoya dos tercios de su capital en la infraestructura orbital de SpaceX y en la red satelital Starlink. A los 54 años, su apuesta por el control del acceso al espacio podría ser la llave para cruzar la barrera del billón.

18 Febrero de 2026 08.45

Al 16 de febrero de 2026, en la lista de multimillonarios en tiempo real de Forbes, el patrimonio neto de Elon Musk era de US$ 849.300 millones.

En ese ranking, Larry Page figuraba con US$ 251.000 millones; Mark Zuckerberg, con US$ 219.500 millones; Jeff Bezos, con US$ 214.100 millones; y Jensen Huang, con US$ 158.800 millones.

En conjunto, Page, Zuckerberg, Bezos y Huang acumulaban alrededor de US$ 843.400 millones. De esta manera, Musk superaba esa cifra combinada por unos US$ 6.000 millones.

Musk domina la fortuna del titán tecnológico.

Una diferencia de US$ 6.000 millones, por sí sola, se ubicaría entre las mayores fortunas privadas del planeta. En este caso, sin embargo, esa cifra marca la ventaja con la que una sola persona supera, en patrimonio, a cuatro fundadores tecnológicos clave de la era digital en conjunto.

Tiene 54 años y esa edad importa.

John D. Rockefeller es considerado el gran referente de la riqueza industrial estadounidense. Las estimaciones históricas indican que cerca del 90% de su fortuna se acumuló después de la mediana edad, una vez que John D. Rockefeller aseguró el control y la escala dominante de Standard Oil.

La riqueza industrial no se estancó tras alcanzar esa posición dominante.

Por el contrario, se aceleró.

La riqueza de Musk
Musk domina la riqueza del titán tecnológico EntrepreneurShares LLC.

 

Hoy, la riqueza de Musk ya no está ligada principalmente a los vehículos eléctricos. Cerca de dos tercios de su patrimonio neto están asociados a SpaceX y a empresas privadas vinculadas, mientras que alrededor de un tercio corresponde a Tesla. En 2020, Tesla explicaba la amplia mayoría de su fortuna. Para 2026, en cambio, Starlink y SpaceX representan aproximadamente el doble del peso económico de Tesla dentro de su balance personal.

Si se concreta la próxima fase de expansión de su patrimonio, es probable que esté impulsada por la infraestructura orbital más que por los autos.

De los ciclos de fabricación a las plataformas de infraestructura

Tesla mantiene un rol transformador. Sin embargo, la fabricación de autos es cíclica, exige grandes niveles de capital y queda expuesta a la volatilidad del mercado público.

SpaceX, en cambio, juega en otra categoría.

SpaceX controla la cadencia de lanzamientos a una escala sin precedentes en la historia aeroespacial y apunta a entre 165 y 170 misiones orbitales por año. Esa frecuencia distribuye los costos fijos, mejora la confiabilidad, reduce los precios y fortalece la confianza institucional.

Starship, el sistema de carga pesada totalmente reutilizable que está en desarrollo, abre la puerta a cambios estructurales en la economía orbital. Si la reutilización alcanza la escala necesaria, la baja de costos podría ampliar la demanda comercial y gubernamental de acceso al espacio.

El dominio en los lanzamientos impulsa así la siguiente capa del negocio.

Starlink como capa de comunicaciones globales

Starlink dejó de ser un experimento satelital. Hoy es una red de comunicaciones en expansión que presta servicio a flotas de aviación, sistemas marítimos, regiones rurales, redes de defensa y mercados emergentes.

A diferencia de los proveedores de telecomunicaciones terrestres, Starlink no depende de infraestructura local en tierra. Su arquitectura trasciende fronteras por diseño y le permite operar con lógica global.

Starlink - Elon Musk
Starlink dejó de ser un experimento satelital. Hoy es una red de comunicaciones en expansión que presta servicio a flotas de aviación, sistemas marítimos, regiones rurales, redes de defensa y mercados emergentes.

La integración directa a la célula representa una nueva etapa de desarrollo, con la posibilidad de incorporar conectividad satelital a los principales ecosistemas de telecomunicaciones.

Pocas compañías reúnen capacidad de lanzamiento, fabricación de satélites, control de despliegue, ingresos recurrentes por banda ancha, integración con defensa y ambiciones en inteligencia artificial dentro de una única estructura integrada de forma vertical. Son menos aún las que siguen bajo control privado mientras avanzan en una expansión global.

En este escenario, SpaceX y Starlink explican hoy la mayor parte de la riqueza de Musk.

La cuestión del acceso

SpaceX es una empresa privada.

Starlink también es privada.

No existe símbolo de cotización ni una vía directa para que el inversor minorista compre acciones.

Incluso muchas instituciones afrontan restricciones de asignación cuando se abren ventanas de liquidez.

Para quienes observan este cambio, la pregunta deja de ser teórica y pasa a ser estructural: ¿cómo acceder a una compañía privada que ocupa un lugar central en uno de los motores de generación de riqueza empresarial más relevantes de la era moderna?

Hoy, el acceso suele canalizarse a través de vehículos regulados, como ETF, fondos mutuos o fondos de intervalo que mantienen posiciones privadas en SpaceX, o bien mediante transacciones en mercados secundarios habilitados solo para inversores acreditados.

Infraestructura y capitalización

El debate sobre el billón de dólares termina por concentrarse en una dinámica de fondo.

Cerca de dos tercios de la riqueza de Musk están hoy ligados a infraestructura orbital, redes globales de comunicaciones y compañías privadas asociadas. La capacidad de lanzamiento sostiene el despliegue de satélites. A su vez, ese despliegue impulsa la escala de la banda ancha. Esa escala fortalece los ingresos recurrentes y la integración con actores soberanos. Con el tiempo, las iniciativas de inteligencia artificial podrían cruzarse con estas redes y ampliar todavía más su alcance.

A lo largo de la historia, el dominio de la infraestructura precedió a las grandes aceleraciones de riqueza. Los ferrocarriles no limitaron las fortunas una vez que las vías quedaron instaladas. Los oleoductos no frenaron la acumulación cuando las redes de distribución quedaron aseguradas. Las redes eléctricas no se estancaron cuando la energía empezó a fluir. La escala no marcó el final de la historia, sino el comienzo de la capitalización.

john d. rockefeller 56 años
La mayor parte de la fortuna de John D. Rockefeller no surgió en plena expansión. Apareció después de que el control quedó garantizado y el sistema entró en una etapa de crecimiento sostenido.

La mayor parte de la fortuna de John D. Rockefeller no surgió en plena expansión. Apareció después de que el control quedó garantizado y el sistema entró en una etapa de crecimiento sostenido.

A sus 54 años, Musk no llegó al final de su trayectoria económica. Hoy afianza una plataforma de infraestructura con alcance global.

Los sistemas de lanzamiento orbital y las redes satelitales se perfilan como bases del comercio del siglo XXI. Cuando la infraestructura se vuelve indispensable, la riqueza que genera tiende a expandirse en la misma dirección.

La fortuna actual de Musk no se asemeja a una cumbre. Se parece más a un campamento base.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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