La historia de un holding de cervezas artesanales
Los estadounidenses Nathan Keffer y Ryan Hood llegaron a Ecuador para revolucionar la industria de la cerveza artesanal. De un emprendimiento crearon un negocio alrededor de la cerveza con cinco locales y dos plantas de producción. Una de sus marcas se distribuye a escala nacional.

David Paredes Periodista

La voz inconfundible de Fredy Mercury sonaba por los parlantes del pub Bandidos del Páramo. Era jueves y la selección de Inglaterra acababa de ser eliminada de la Copa del Mundo. Las mesas del establecimiento estaban llenas de aficionados que lucían la camiseta blanca del equipo de los tres leones. Entre ellos se distinguía Nathan Keffer, un estadounidense que viste distinto. Usaba una camisa de cuadros azules tipo granjera, jeans y zapatillas.

Aunque habla español, tiene aún marcado su acento. Desde hace 13 años intenta adaptar su forma de expresarse con modismos. Ya dice ‘chuta’ y algunas frases las finaliza con la f. Dice que es para parecerse quiteño. 

Él es el jefe de producción y uno de los fundadores del holding Hop Rey a escala nacional y Bandido Beverage Group, que empezó como un emprendimiento en 2013 y hoy es un negocio que tiene cinco empresas e ingresos por US$ 1,8 millones. 

La historia de esta cervecería nace en Oregón, Estados Unidos. Keffer estudiaba Política y Ciencias ambientales cuando conoció a su amigo y socio Ryan Hood, un aspirante a jugador profesional de beisbol que quería entrar a la facultad de Medicina. Ambos tenían planes distintos, pero les unía esa ambición por descubrir el mundo.

Hood soñaba con recorrer Sudamérica y Keffer con tener más aventuras. Junto a otros dos socios, entre ellos un ecuatoriano-americano, planificaron viajar a Ecuador y montar cuatro negocios que se relacionaran entre sí. Eran una hostería, una empresa de turismo, una perfumería y la cervecería. 

De esos proyectos, solo dos se cristalizaron. “Llegamos a Ecuador en 2012 para ayudarle a un conocido a montar una hostería tipo bed and brekfast en el centro de Quito. En mi plan estaba quedarme seis meses y volver a mi casa, pero me enamoré de la ciudad y me quedé 13 años”, dice Nathan.

La idea de la cervecería quedó instaurada en estos dos emprendedores. Sin presupuesto ni red de apoyo, se arriesgaron. “Vivíamos en La Tola, en una habitación de un edificio donde funcionaba una carnicería. Pagábamos US$ 90 el alquiler y los gastos lo dividíamos en partes iguales”, recuerda Hood. 

Con una inversión de US$ 13.000, en 2013 abrieron Bandido Brewing, en el Centro Histórico. Juntaron sus últimos ahorros y un préstamo de US$ 5.000 que les envió el padre de Hood. Con eso compraron equipos y montaron la primera fábrica de cervezas y el pub.

La empresa tiene 21 sabores de cerveza. Foto: Pavel Calahorrano Betancourt

“Nos acabábamos de graduar, no teníamos dinero, ni familiares cerca. Juntamos nuestros ahorros y abrimos el negocio. Al inicio no sabíamos cómo hacer cerveza. Junto a Ryan fuimos autodidactas e investigamos mucho sobre esta industria”, asegura Keffer.

Los primeros meses del emprendimiento fueron para hacer pruebas. Invitaban a sus amigos y conocidos para que probaran las recetas que estaban desarrollando. El único pago que recibían era donaciones de US$ 1 o US$ 5.

También se dividieron funciones. Keffer se dedicaba a la elaboración de la cerveza en las mañanas y Hood atendía el bar en las noches. 

“Montamos el pub y la fábrica porque vimos en el hostal que llegaban muchos extranjeros de Inglaterra, Alemania, Australia y Estados Unidos y buscaban algo que beber. No se conformaban con la cerveza industrial local. Para esa época, la cerveza artesanal estaba de moda en nuestro país y acá en Ecuador no existía una especializada en Ipa o Stout (típicas cervezas estadounidenses rubias y negras)”, aclara Nathan.

Con ese impulso y con las recetas perfeccionadas, el negocio despuntó. Los ingresos se reinvertían en maquinaria y salarios. Para ahorrarse algo de dinero se quedaron a vivir en La Tola, por el sector del colegio Don Bosco. Pagaban US$ 150 el alquiler, pero las condiciones de la vivienda no eran óptimas. Como fundadores y dueños del negocio no recibían sueldos.  

El reto de la legislación

Al ser extranjeros, no eran sujetos de crédito. La reinversión fue su única manera de mantener económicamente el proyecto. La apertura de Bandidos Brewing también sirvió para detectar algunos vacíos legales.

“Al inicio, el obstáculo más complicado para montar la cervecería fue la falta de reglas gubernamentales y de un código de fracción arancelaria específico para la cerveza artesanal. Solo existían normativas para la cerveza industrial”, explica Nathan.

Para elaborar 200 litros mensuales, la empresa importaba lúpulos y cebada desde Estados Unidos. Esto implicaba altos costos para la operación. Pagaban hasta el 200 % del valor real de la materia prima. Además, la cerveza artesanal estaba contemplada como una bebida de maduración y en la misma categoría del whisky. Esto significaba más impuesto y un marco regulatorio ambiguo.

“Unos años después de poner nuestro primer negocio creamos la Asociación de Cerveceros Artesanales (Asocerv) y trabajamos con el gobierno para cambiar nuestras reglas del juego. Con el tiempo entramos en la categoría de bebida artesanal y eso nos ayudó a tener mejores condiciones”, aclara el CEO y maestro cervecero. 

Esto hizo que se legalice la producción de cervezas de más de 5 grados de alcohol y la etiqueta de bebida de maduración pase a bebida de moderación. 

La producción empezó en la cocina del bar. Ahí se procesaban alimentos y cerveza. Hoy, la empresa tiene dos plantas de producción en Puembo y elaboran cerca de 180.000 litros anuales.  Es decir, 15 lotes de 1.000 litros mensuales.

Los restaurantes ofrecen platillos al estilo americano. Foto: Pavel Calahorrano Betancourt

Un negocio en constante crecimiento

En 2025 Bandidos Brewing adquirió la mayoría de las acciones de Paramo Brauhaus, una cervecería de origen alemán. Esta fusión dio paso a la creación del pub Bandidos del Páramo y el holding Hop Rey. Actualmente son dueños de la marca Mut Lager, una bebida que se distribuye a escala nacional en todos los supermercados de Corporación Favorita. 

“Crecimos en todos los niveles. Hoy contamos con dos plantas de producción, tres pubs en Quito, una en Manta y una franquicia en Ibarra”, asegura Nathan.

Crecer no fue sencillo. Requirió sacrificio y resiliencia. La pandemia les demostró todo el potencial que tenían para empezar de nuevo. 

Ryan explica que a diferencia de lo que veían que ocurría con sus conocidos en Estados Unidos, en Ecuador no recibieron ningún tipo de alivio financiero, financiamiento o apoyo por parte del gobierno. Además, se implementó un confinamiento estricto con toques de queda y se prohibió la venta de cerveza, lo que les impidió abrir sus puertas, facturar o comercializar sus productos de manera normal.

Para sostener a su equipo, Nathan y Ryan usaron sus ahorros e hicieron reinversiones. Durante cuatro meses pagaron salarios en la medida de lo posible, priorizando a quienes tenían más necesidades, como los trabajadores que tenían hijos. Cuando no hubo cómo cumplir con las obligaciones, adquirían canastas de alimentos y se las entregaban.

El impacto económico fue grave. Por ejemplo, su local en el Centro Histórico, que facturaba US$ 50.000 mensuales, vio caer sus ingresos a US$ 5.000. “Estuvimos a punto de botar la toalla y cerrar todo. Era imposible trabajar con todas las restricciones y la falta de facilidades de préstamo”. 

El negocio se adaptó a la apertura que dio el gobierno para que los restaurantes operen bajo la modalidad de delivery. Pero para su negocio no fue fácil. El 60 % de los ingresos de la firma corresponden al consumo de cerveza. 

Hoy, la empresa cuenta con 21 sabores de cerveza y diversificaron su portafolio produciendo otras bebidas como kombucha, ginger brew y limonadas. También ofrecen comida estilo americana. Cada local tiene un concepto. En Bandidos del Páramo buscan un estilo del sur de Estados Unidos.

En los planes a futuro de estos empresarios está la apertura de un local más, en Cumbayá. Para ello invertirán US$ 200.000. También buscan transformar a sus plantas de producción en autosustentables. 

Nathan volvió sigue un fellowship para especializarse en ambiente. Su meta es que las operaciones sean más sostenible a través de un sistema de energía solar. Ryan se mantiene como cara visible ante las autoridades locales y planifica la expansión de la marca. (I)