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El artículo de The Telegraph haciendo referencia a un nuevo llamado del Gobierno
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El artículo de The Telegraph haciendo referencia a un nuevo llamado del Gobierno
The Telegraph

Cuestión Malvinas en juego: cómo el giro de Washington reconfigura negocios y poder en el Atlántico Sur

Juan Romero

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Un memo filtrado del Pentágono y la presión de Estados Unidos para habilitar la venta de F‑16 a la Argentina reabren la cuestión Malvinas en Londres y Washington, y abren un nuevo capítulo para la diplomacia y los negocios entre Buenos Aires y el Reino Unido.

25 Abril de 2026 16.00

La soberanía de las Islas Malvinas vuelve al centro de la agenda internacional, pero esta vez no por un movimiento unilateral argentino sino por un inusual giro de Washington. Un memo interno del Pentágono puso sobre la mesa la posibilidad de “reexaminar” el respaldo diplomático de Estados Unidos a las reclamaciones europeas sobre “posesiones imperiales” como las Falklands, como parte de un menú de sanciones contra aliados de la OTAN que se mostraron reticentes a apoyar la guerra en Irán.

Ese documento, filtrado a la prensa, no solo alteró el clima en Londres —donde funcionarios admitieron haber sido tomados por sorpresa— sino que fue el disparador para que el canciller argentino Pablo Quirno reclamara “reanudar las negociaciones bilaterales” con el Reino Unido. En su declaración, exigió el fin del “colonialismo” británico y pidió avanzar hacia “una solución pacífica y definitiva” a la disputa de soberanía.

La nueva ofensiva diplomática argentina

Quirno reiteró la posición histórica de Buenos Aires: la Argentina tiene “derechos soberanos” sobre las islas y la presencia británica viola su “integridad territorial”. En ese marco, rechazó de plano el argumento central de Londres: el principio de autodeterminación. “Rechazamos la invocación británica del principio de libre determinación de los pueblos”, dijo el canciller, recordando que “los actuales habitantes de las Falklands nunca han sido reconocidos como un ‘pueblo’ por las Naciones Unidas”.

Sobre el referéndum de 2013, en el que el 99,8% de los votantes de las islas optó por seguir siendo territorio británico de ultramar, la posición argentina se mantuvo sin matices. Buenos Aires considera la consulta “inválida” y la califica de “farsa”, bajo el argumento de que el Reino Unido habría “implantado” población en el archipiélago. “No es aceptable que los habitantes de las islas se conviertan en árbitros de una disputa territorial en la que su propio país, como población implantada, es parte”, sostuvo Quirno.

El presidente Javier Milei, por su parte, volvió a remarcar el carácter estratégico del reclamo. Dijo que su gobierno está haciendo “todo lo humanamente posible” para que las islas “vuelvan a manos argentinas” y definió la cuestión como “no negociable”, aunque matizó que debe encararse “con juicio e inteligencia” y, en el pasado, llegó a hablar de un modelo de traspaso “al estilo Hong Kong”.

La reacción británica: línea roja política y simbólica

En Londres, tanto el gobierno de Sir Keir Starmer como la oposición conservadora se apuraron a cerrar filas. Downing Street insistió en que la soberanía de las Falklands “no está en cuestión” y subrayó que las islas votaron “abrumadoramente a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar”, defendiendo “el derecho de autodeterminación de los isleños”. “La soberanía descansa en el Reino Unido, y el derecho de autodeterminación descansa en los habitantes de las islas”, declaró la canciller Yvette Cooper.

Un vocero de Starmer remarcó que el Gobierno “defenderá sus derechos” sobre el archipiélago y que “no puede ser más claro” en cuanto a que las islas son británicas. El gobierno local de las Falklands, por su parte, afirmó tener “plena confianza” en el Reino Unido para sostener ese status.

Desde la oposición, Kemi Badenoch fue todavía más explícita: “Esto es un absoluto sinsentido, las Islas Falkland son británicas. Lo han sido por muchísimo tiempo. La soberanía es soberanía británica”, dijo, y aprovechó para cuestionar a Starmer por haber aceptado la devolución del archipiélago de Chagos. “Necesitamos asegurarnos de que respaldamos a las Falklands. No sé de qué está hablando Donald Trump”, remató.

El factor Trump y el memo del Pentágono

El telón de fondo es un deterioro más amplio de la relación entre Washington y Londres. El memo filtrado, que ubicó a las Malvinas como ejemplo de “posesiones imperiales” europeas susceptibles de revisión, se inscribe en un listado de posibles represalias contra los aliados de la OTAN que, según la Casa Blanca, fueron “un tigre de papel” en la guerra en Medio Oriente. Entre las opciones figuraba también la suspensión de socios “difíciles” de la alianza, con España como objetivo principal por negarse a ceder bases aéreas.

El propio Donald Trump, que presiona además por el impuesto británico a los servicios digitales —una tasa del 2% sobre ingresos de grandes tecnológicas: solo se aplica a grupos con más de 500 millones de libras de facturación global y al menos 25 millones de libras en el Reino Unido— advirtió que podría “poner un gran arancel al Reino Unido” si no se elimina ese gravamen. “Podemos compensar eso muy fácilmente con un gran arancel al Reino Unido, así que más vale que tengan cuidado”, dijo.

En paralelo, The Telegraph reveló que Washington “forzó” al Reino Unido a aceptar la venta de cazas F‑16 a Argentina, en un acuerdo con Dinamarca, a pesar de las reservas de Londres por el conflicto de las islas. Funcionarios del Foreign Office habrían sido instruidos “sin lugar a dudas” a no oponerse al acuerdo. Se trata de un caso singular: mientras el Reino Unido mantiene un embargo estricto a la exportación de armas o componentes a Argentina, Estados Unidos y aliados europeos avanzaron en robustecer las capacidades de defensa de Buenos Aires dentro del marco occidental.

Oportunidades y riesgos para la Argentina

Para la Argentina, este nuevo escenario abre una ventana diplomática compleja pero potencialmente favorable. Un Estados Unidos dispuesto, al menos en sus debates internos, a revisar el respaldo automático a la posición británica cambia el equilibrio simbólico de la disputa después de décadas de alineamiento casi total con Londres. La confirmación reciente del Departamento de Estado, que reiteró su “neutralidad” sobre la soberanía, reconoce la “administración de facto” británica pero también la existencia de reclamos “en competencia”.

Desde la óptica de negocios, ex diplomáticos creen que la combinación de acercamiento con Washington, la compra de los F‑16 y un discurso firme pero no militarista sobre Malvinas puede reposicionar a la Argentina como socio de seguridad en el Atlántico Sur dentro del bloque occidental. Eso tiene derivadas en inversiones energéticas offshore, infraestructura portuaria y cooperación tecnológica, en un área clave para las exploraciones de hidrocarburos y rutas logísticas hacia la Antártida.

El riesgo es doble. Por un lado, una reacción política adversa en Londres puede endurecer la posición británica en foros internacionales, desde Naciones Unidas hasta negociaciones comerciales con la Unión Europea que tengan a la Argentina como contraparte. Por otro, si el giro de Washington se queda solo en los papeles de un memo y no se traduce en una política sostenida, Buenos Aires podría sobredimensionar expectativas y desgastar capital diplomático con pocos resultados concretos.

Londres, Bruselas y el largo plazo

En el Reino Unido, la cuestión Malvinas sigue siendo un punto de consenso transversal -nadie lo discute- , pero su incorporación a un paquete de “posesiones imperiales” revisables habla de un cambio de tono en parte de la opinión pública y algunos círculos de seguridad estadounidenses. La referencia a territorios de europeos no se limita a las Falklands: incluye a Gibraltar, los territorios del Índico y el Atlántico, y reabre debates sobre el legado colonial en plena redefinición del orden global.

Para la Unión Europea, donde España tiene un rol central y mantiene su propio conflicto por Gibraltar, el memo del Pentágono y la presión de Trump añaden tensión a una relación transatlántica que la Cámara de los Lores describió recientemente como “bajo mayor presión que en cualquier momento desde la Segunda Guerra Mundial”. Cualquier movimiento en Malvinas será leído también en esa clave: la de una Europa que busca autonomía estratégica frente a Estados Unidos, pero que sigue dependiendo de la protección de la OTAN.

En este tablero, la Argentina tiene una oportunidad y una responsabilidad. La oportunidad de insertar su reclamo histórico en una conversación más amplia sobre descolonización, seguridad energética y nuevas alianzas; y la responsabilidad de hacerlo sin poner en riesgo la estabilidad del Atlántico Sur ni espantar inversiones clave

Si en Buenos Aires logran combinar firmeza en el reclamo con pragmatismo económico, el renovado interés de los medios británicos por “Falklands” y los movimientos de Washington pueden ser algo más que un episodio coyuntural: pueden convertirse en un punto de inflexión en la relación estratégica entre la Argentina, el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea.

Fuente: The Telegraph, Financial Times, @x
 

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