En tiempos de confusión, conviene recordar que la libertad no es hacer lo que nos apetece, sino querer lo que es justo y, que la civilización -ese milagro cotidiano que se construye con tanto esfuerzo- no se sostiene con ladridos, sino con palabras.
Aristóteles colocó la amistad por virtud, rara, exigente, silenciosa, se funda en el respeto, la admiración y el deseo genuino del bien del otro, incluso cuando ese bien no genera ganancia, aplausos, ni reciprocidad inmediata.
San Francisco del Cabo ha vencido la resignación y nos recuerda que el Ecuador profundo no es sinónimo de abandono, sino de fuerza comunitaria que, allí donde hay orden, cariño y servicio, florece el porvenir, con acciones como esta, seguiremos encontrando razones para confiar en una sociedad posible, amable y profundamente humana.
Lo trágico de las herencias no es la muerte, sino la resurrección de los peores instintos, en nombre del legado, se violan los lazos, se profanan los recuerdos, se traicionan las sobremesas, el alma familiar, que debería perpetuar la gratitud, se convierte en un inventario de rencores.
El arte y la literatura son nuestros cómplices, no por evasión, sino por insurrección, porque en un mundo donde todo debe ser útil, se niegan a serlo. En tiempos donde se exige concreciones absolutas, ofrecen ambigüedad, en una época de certezas higiénicas, profilácticas y asépticas, el arte y la literatura huelen a sol, arena, tinta y pecado.
En la actualidad, el mero intercambio de palabras resulta insuficiente y peligrosamente ha entrado en un alarmante proceso de extinción o por lo menos, de uso restringido, hoy asistimos a una interacción simbólica mediada por complejos y misteriosos códigos binarios, inteligencia artificial y la omnipresencia del internet.
En un mundo donde los telescopios espaciales capturan exoplanetas y las potencias revelan documentos sobre fenómenos aéreos no identificados, el Ecuador enfrenta un universo mas terrenal, pero igualmente insondable, la incertidumbre política, la inestabilidad económica y la crisis social son los agujeros negros que absorben la atención de la nación.
¿Un año más o un año menos? La respuesta al final es nuestra. El tiempo no se detiene, pero tampoco decide. Nosotros somos quienes definimos si el año vivido fue una suma o una resta, si nos acercó más al abismo o a la cima. Ecuador es un país que aún sueña, aunque tiemble, este 2025 su gente tendrá la última palabra.
Chesterton no se equivocó al decir que, las tradiciones se respetan porque forman parte de la cultura de un pueblo y ésta se la transmite por el espíritu del fuego y jamás por la adoración de sus cenizas.
Es innegable que se produjeron encuentros y desencuentros, aportes positivos y de los otros, todos influyeron en la estructura cultural, institucional y económica del continente. Esta dualidad es parte del fructífero y complejo diálogo histórico entre América y España, por lo que, es necesario ser claros y contundentes, no se puede entrar en la dinámica del negacionismo, tal como escribió el colombiano José María Vargas Vila: "El sol tiene manchas, los agradecidos hablan de la luz, los mal nacidos hablan de las manchas".
Los genios de la literatura coinciden en que para la vejez es necesario firmar un pacto honrado con la soledad, quizá en el Olimpo de las letras sea cierto, pero la gente normal, quienes somos terrenales, vemos en ese caminar lento e impreciso, la oportunidad de ayudar y devolver con amor, los cuidados que en su momento recibimos.
Entre sorbo y sorbo, la magia del café, es generadora de buenas y malas ideas, depende del pensador, pero sin duda, es una magia sanadora por naturaleza, tranquiliza los nervios, aunque luego en algunos, desata una ansiedad sin control.
Quedan muchas reflexiones por hacer y preguntas por resolver, ¿qué hubiese pasado si resultábamos una sola nación? ¿hubiéramos sido tan productivos y emprendedores como los colombianos?... ¿hubiéramos despuntado como los vecinos del sur?... o talvez esta parte de la región no hubiese aguantado tanto latrocinio junto, sufrido por separado.