Rubén Duque se presenta como speaker internacional que guía a equipos de alto rendimiento y ex entrenador de rugby, pero al conversar con él nos encontramos con un apasionado del liderazgo y del trabajo en equipo.
Este team performance coach español, que vive en México desde el 2012, tuvo que experimentar en carne propia un proceso de transformación y autoliderazgo. Apasionado por el rugby, dedicó muchos años de su juventud a formarse como entrenador.
“Me obsesioné con un objetivo: llegar a ser entrenador profesional de rugby”. Reconoce que eso sonaba a una utopía en España, pero él insistió. Estudiaba lo técnico y lo estratégico de este deporte. Incluso dejó su carrera de Economía, viajó por varios países y llegó a Nueva Zelanda, uno de los países referentes en el rugby. Tenía 26 años.
Allí se forjó desde abajo. Sin una visa de empleo, mantuvo su enfoque y trabajó lavando platos y fregando suelos. Las jornadas duraban 12 horas diarias y trabajaba hasta seis días a la semana. Todo tenía un fin: estudiar para ser entrenador profesional de rugby.
Cumplió su meta y llegó a dirigir equipos y selecciones nacionales en España, Nueva Zelanda y México. Sentía que estaba en el camino indicado, hasta que un día, hablando con la psicóloga deportiva del equipo profesional de Auckland, se dio cuenta que llevaba toda la vida viajando por el mundo tratando de aprender más de lo técnico, lo táctico y lo estratégico, lo cual estaba bien. Pero el siguiente paso tenía que ver más con poner foco en aprender sobre lo emocional, perfeccionar su liderazgo y la capacidad de desarrollar el trabajo en equipo.
Duque cambió su manera de entender el deporte y siguió su intuición. Empezó a estudiar en varias de las mejores escuelas de negocios del mundo como Harvard, Cambridge u Oxford el tema del liderazgo, programación neurolingüística, inteligencia emocional y cómo construir equipos de élite para conseguir sus objetivos y dio el salto al mundo del coaching y el team coaching. Fue un despertar.
Entendió que lo técnico y lo humano van de la mano. Desde su trayectoria en empresas del Fortune 500 entiende que “un coach es alguien que desarrolla personas y equipos, los lleva del lugar en el que están al lugar a dónde quieren llegar. El team performance coach eleva la conciencia y brinda herramientas al equipo para que pueda progresar, crecer y lograr el alto rendimiento”.

Para ello, Duque creó el método YEN: Yo - Ellos - Nosotros. “O lo que es lo mismo: Autoliderazgo-Liderazgo-Equipazgo. Es un modelo que permite ir del liderazgo individual a la optimización del rendimiento colectivo”.
Duque profundiza en la esencia del método señalando que para guiar a un equipo de alto rendimiento, el punto de partida es el autoliderazgo. “Hay que tener humildad, practicar la generosidad y generar confianza. Humildad para nunca querer ser tan grande como para dejar de hacer las cosas pequeñas. La generosidad tiene que ver con la capacidad de dar siempre, no solo cuando a uno le sobra, y la autoconfianza para que cuando lleguen los momentos complejos tengamos la fe y la confianza en nosotros para seguir adelante”.
Duque trasladó esos aprendizajes del alto rendimiento deportivo al mundo de la empresa. Los talleres y las conferencias son parte de su día a día. Ha impartido más de 600 conferencias en más de 10 países y más de 100 talleres en muchas de las empresas más relevantes de LATAM y España.
¿Cuáles son las preguntas que surgen en sus talleres? Duque señala dos temas: los colaboradores que no suman y el ego de los líderes.
“Siempre surge la inquietud de qué hacer con la gente que afecta al equipo”. En ese punto, Duque sugiere preguntarse por qué las personas no quieren ayudar. “Si no sabe, hay que enseñarle. Si no puede, hay que ayudarle. Y si no quiere, hay que conversar y preguntar por qué no está cumpliendo sus tareas, ir más a profundidad, tratar de entender los motivos, ofrecerle ayuda y acordar cambios”. Y si después de esa conversación la persona sigue sin cambiar hay que tomar decisiones para evitar más daño al equipo.
El segundo tema, el del ego, es muy común entre los líderes, dice Duque. “El ego es el gran enemigo. El ego crece cuando nos preguntamos qué gano yo. Pero cuando la gente se pregunta qué aporto yo la película cambia por completo. Para combatir los egos hay que poner los talentos al servicio del equipo, los talentos al servicio de la misión”.
Este team performance coach agrega que en un equipo no se puede pensar en brillar de manera individual. “Cuando un colaborador pone el foco en el en el yo, está pensando en su interés individual. Pero cuando se pone el foco en ser el mejor para el equipo, estás pensando en dar, en servir, en poner siempre al equipo por encima del maldito ego”.

Duque se emociona al hablar de su trabajo y para terminar esta conversación se detiene para explicar la diferencia entre lo que es un buen gestor y un buen líder. “El primero es muy bueno en lo técnico, en lo medible, en lo tangible. Lo cual es fundamental. Pero un buen líder, además de ser bueno en lo técnico, tiene que ser extraordinario en lo humano. Tiene que ser extraordinario en los intangibles, en lo que no se ve. En generar relaciones significativas donde hay confianza, compromiso, respeto, lealtad…”. Para Duque, muy influenciado por su maestro el Teniente Coronel Agustín Carreño, el liderazgo es el arte de influir en los intangibles (confianza, compromiso…) para transformar el mundo tangible (productividad, resultados…)
Esta pequeña masterclass finaliza con una nueva reflexión: “Si en las empresas queremos más resultados, más productividad, o más ventas, no pongamos el fin en lograr más productividad y más ventas, eso es una consecuencia. El fin es la persona, el fin es ser humano, el fin es el equipo, para unidos, lograr cruzar la línea de meta y cumplir con la misión”. (P)