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Las autocracias no son practicantes de eficientes procesos de gobernanza, pues retan a sus políticas de arbitrariedad. Los atropellos de derechos y de libertades cimentan la corrupción propia de los autócratas y de sus grupos de poder.

30 Septiembre de 2026 15.19

Expusimos ya el deterioro del mundo en materia de respeto a los derechos políticos y las libertades civiles, según estadísticas de la organización Freedom House en su informe de 2025. Quedó claro el resquebrajamiento de la democracia en países regidos por gobiernos autoritarios, al margen de su arribo al poder en procesos electorales con visos de legalidad. Y es que, una vez en el timón político, tienden a consolidar su dominio no con miras al bienestar común, sino de aquel propio y de los sectores sociales que mayores réditos les pueden representar. La palabra "autocracia" proviene de los vocablos griegos auto, enunciativo de "propio" o "por sí mismo"; y kratos, glosado en "poder". Su fusión helénica autokrateia traduce en la voz francesa autocratie.

Según Rodrigo Borja (1935–2025), la "autocracia" es la autoridad política autoinvestida, cuya facultad de mando no deriva de ninguna fuente exógena. Complementa la concepción afirmando ser una forma de organización estatal piramidal, en la cual la voluntad de pocos decide la suerte y el destino de la colectividad. La cataloga de antípoda de la democracia. Sin perjuicio de que la ciencia política tradicional entiende a la autocracia como el sistema de gobierno centralizado en una única persona, el concepto desarrolló –en la politología moderna, si cabe la expresión– hacia el poder superlativo del Estado a cargo de catervas afines a quienes lo ostentan como líderes de camarillas. Las autocracias históricas, tales como las monarquías absolutas y las dictaduras del siglo XX, evolucionaron en regímenes más elaborados.

Las autocracias actuales son órdenes en los que el poder está "distribuido" en clanes minoritarios concentradores de las decisiones de gobierno. En democracias hipotéticas es el caso de los partidos políticos hegemónicos, favoritos de los populismos de derecha y de izquierda con idénticos propósitos de excesos y permanencia indefinida en la administración del Estado… monopolizan el poder. Acceden al imperio en elecciones "francas", mas, al llegar el cabecilla a la cúspide –normalmente de la función ejecutiva– emprende en acciones de control de las otras funciones públicas.

La autocracia comienza con la formación de burocracias consonantes con intereses políticos y materiales del gobernante y del partido tras de él. Continua con intromisión en la función legislativa. Al lograr el cometido, el camino queda allanado para intervenir en la integridad del aparataje gubernativo, incluso en la administración de justicia con sus perniciosas consecuencias. Degenera en un sistema abusivo en que predomina el culto a las personalidades del autócrata y de sus secuaces, la erosión de la institucionalidad, la persecución política, la corrupción y la formación de vergonzosas caquistocracias… gobiernos de los peores.

Lo expuesto es resumido por el politólogo Juan J. Linz (1926–2013). Para este, el autoritarismo posee cuatro características. A saber, (a) pluralismo político limitado; (b) legitimidad política basada en apelaciones a las emociones y la identificación del régimen como la vileza cardinal para combatir los problemas sociales; (c) mínima movilización política y represión de las actividades contrarias al gobierno de turno; y, (d) poderes ejecutivos mal definidos. El autócrata y su equipo minan las prerrogativas y dispensas. El fenómeno agrava cuando hace presencia en países de escasa "cultura política", proclives a dejarse arrastrar por manipuladores de poca monta.

Partiendo de la acepción política ofrecida por el Oxford English Dictionary, a la cual acudimos dado su pragmatismo, "gobernanza" es la acción, el hecho, el modo o la actividad de gobernar una nación. El término, a su vez, expresa la acción de administrar y controlar determinada institución. En la politología, es uno de reciente gestación; en realidad, fue acuñado en las dos últimas décadas del siglo XX… fuera del ámbito estrictamente político. El Banco Mundial lo usa para representar la necesidad de una administración pública transparente en los países en desarrollo.

La gobernanza va más lejos de la "gobernabilidad", conceptuada a título de aptitud estatal para dirigir el Estado y sus recursos, así como para cumplir con el ordenamiento legal. En la gobernanza, lo imprescindible es emprender en ejecuciones de acercamiento del gobierno al sector privado… y a la sociedad civil en general. Esto, a efectos de compartir el poder, requerimiento democrático básico inobservado en las autocracias.

Los buenos desarrollos de gobernanza ligan a los gobiernos con las sociedades, permiten el diálogo entre administradores y administrados, buscan acuerdos en beneficio colectivo… resuelven problemas en ambientes de cooperación decente y armónica. De allí que las autocracias no son practicantes de eficientes procesos de gobernanza, pues retan a sus políticas de arbitrariedad. Los atropellos de derechos y de libertades cimentan la corrupción propia de los autócratas y de sus grupos de poder. (O)

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