Combustibles fósiles como piedra angular de la seguridad nacional
Los combustibles fósiles no son el pasado: son el presente operativo de la economía global. Y lo seguirán siendo por décadas. Para Ecuador, el debate no es si usar o no petróleo, sino cómo usarlo inteligentemente.

Durante la última década, el debate energético global ha estado dominado por una narrativa casi excluyente: Apoyar la transición acelerada hacia energías limpias y la supuesta obsolescencia de los combustibles fósiles. Sin embargo, los datos duros, las decisiones geopolíticas recientes y la realidad económica de los países productores cuentan una historia distinta. Lejos de desaparecer, el petróleo y sus derivados siguen siendo —y lo seguirán siendo por décadas— un pilar central de la seguridad nacional, la estabilidad macroeconómica y el funcionamiento cotidiano de las economías.

Hoy más que nunca, la seguridad energética es seguridad nacional.

El petróleo no se acaba: se complementa

Contrario a la percepción popular, el mundo no está “quedándose sin petróleo”. Estudios recientes muestran que las reservas globales probadas continúan creciendo, impulsadas por avances tecnológicos, nuevos descubrimientos y mejores tasas de recuperación en campos maduros. El petróleo sigue siendo económicamente viable, estratégicamente relevante y estructuralmente indispensable para la economía global.

Esto explica por qué, incluso en países líderes en energías renovables, el petróleo y sus derivados siguen ocupando un lugar central en la planificación estatal. Estados Unidos, bajo distintas administraciones, ha sido claro en reconocer que los combustibles fósiles no son solo una mercancía, sino un activo estratégico. De hecho, recientes planes de seguridad nacional vuelven a colocar al petróleo y al gas como elementos clave para garantizar independencia energética, competitividad industrial y resiliencia frente a crisis globales.

La lógica es simple: ninguna economía moderna funciona sin combustibles líquidos confiables, abundantes y accesibles.

Economía real vs. discurso ideológico

El petróleo no solo mueve vehículos. Mueve cadenas logísticas, alimentos, medicamentos, infraestructura, minería, agricultura, aviación, transporte marítimo y generación eléctrica. Más del 80% del comercio mundial depende directa o indirectamente de derivados fósiles.

Las economías no se sostienen con discursos, sino con energía disponible a precios razonables.

La transición energética es necesaria y deseable, pero no puede ni debe confundirse con eliminación abrupta del petróleo. Incluso los escenarios más ambiciosos de descarbonización reconocen que los combustibles fósiles seguirán representando una parte significativa del mix energético global hasta al menos 2050.

Ignorar esta realidad no es ambientalismo; es irresponsabilidad económica.

Ecuador: productor de crudo, importador de combustibles

Aquí es donde el caso ecuatoriano se vuelve crítico.

Ecuador es un país productor de petróleo en declive. Exporta crudo. Pero, paradójicamente, importa gran parte de los combustibles refinados que consume: diésel, gasolinas, jet fuel. Esta contradicción estructural representa una vulnerabilidad económica, fiscal y de seguridad nacional.

Cada barril de derivados importados significa:

  • Salida de divisas
  • Presión fiscal vía subsidios
  • Dependencia externa
  • Exposición a shocks internacionales

En términos simples: tenemos la materia prima, pero no el control del valor agregado.

Refinación: el eslabón perdido de la soberanía energética

La refinación no es un tema técnico menor. Es una decisión estratégica de Estado.

Países con menor producción que Ecuador han entendido que refinar internamente no solo reduce costos, sino que fortalece la seguridad nacional. Refinar significa:

  • Abastecimiento continuo
  • Menor dependencia externa
  • Estabilidad de precios internos
  • Mayor valor agregado
  • Empleo calificado
  • Desarrollo industrial

Ecuador, en cambio, lleva más de una década discutiendo proyectos de refinación sin ejecutarlos plenamente.

El caso de Monteverde es emblemático.

Monteverde: un proyecto que avanza muy lentamente, una oportunidad desperdiciada

El proyecto de refinación en Monteverde lleva más de un año y medio casi paralizado, atrapado entre trámites, indecisión política y temor al costo político. Mientras tanto, el país sigue importando combustibles a precios internacionales, subsidiándolos internamente y drenando recursos fiscales.

No se trata de ideología. Se trata de matemática económica.

Refinar en Ecuador permitiría:

  • Reducir importaciones de derivados
  • Optimizar el uso del crudo nacional
  • Disminuir la factura petrolera
  • Mejorar la balanza comercial
  • Fortalecer la seguridad energética

Cada año de retraso no es neutral: es un costo acumulado para el país.

No se entiende por qué el Gobierno del Ecuador no apoya y no presiona a la empresa privada interesada en esta Refinería para que la inversión privada aterrice en Monteverde. 

Seguridad nacional no es solo defensa militar

En el siglo XXI, la seguridad nacional no se limita a fuerzas armadas o fronteras. Incluye:

  • Seguridad energética
  • Seguridad alimentaria
  • Seguridad fiscal
  • Seguridad logística

Un país que no controla su abastecimiento energético es vulnerable. Vulnerable a conflictos externos, a decisiones de terceros, a interrupciones de suministro y a crisis internacionales.

La pandemia, la guerra en Ucrania y las tensiones en Medio Oriente dejaron una lección clara: la energía es poder.

Transición sí, pero con realismo

Ecuador debe avanzar hacia energías renovables, eficiencia energética y reducción de emisiones. Pero esto debe hacerse desde la fortaleza, no desde la dependencia.

Un país que produce petróleo y no refina es como un agricultor que vende el grano y compra el pan a un precio más alto que si lo produjera pan el mismo. La transición energética requiere recursos, inversión y estabilidad fiscal. Y esos recursos, seguirán viniendo en gran parte del sector fósil.

Negar esto no acelera la transición; la debilita.

Conclusión: Refinación, una decisión estratégica impostergable

Los combustibles fósiles no son el pasado: son el presente operativo de la economía global. Y lo seguirán siendo por décadas. Para Ecuador, el debate no es si usar o no petróleo, sino cómo usarlo inteligentemente.

Aprobar y ejecutar proyectos de refinación como el de Monteverde es fortalecer la soberanía energética, reducir vulnerabilidades y sentar bases sólidas para una transición ordenada y sostenible.

La seguridad nacional comienza con energía disponible, confiable y bajo control propio. Todo lo demás es retórica. (O)