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La productividad mejora y las exportaciones muestran señales positivas. Sin embargo, la producción ha disminuido, el consumo está por debajo del promedio regional y nuestra presencia internacional sigue siendo muy pequeña.

28 Octubre de 2026 15.06

El Congreso Panamericano de la Leche 2026 dejó una idea clara: América Latina tiene un enorme potencial, pero no una sola realidad. Conviven grandes exportadores, países dependientes de las importaciones y millones de pequeñas fincas para las que la leche representa un ingreso diario.

Esta región produce alrededor de 82.283 millones de litros de leche al año, equivalentes al 11,5 % de la producción mundial. Reúne cerca de tres millones de productores y registra un consumo promedio de 134 litros anuales por habitante. Sin embargo, según la Federación Panamericana de Lechería, el consumo varía desde aproximadamente 60 hasta 230 litros entre países.

¿Dónde está Ecuador dentro de este panorama?

Hemos avanzado, pero todavía enfrentamos problemas que frenan el crecimiento de la cadena.

Una de las tendencias regionales es la búsqueda de mayor productividad. En varios países hay menos productores, fincas más grandes y más leche por establecimiento. Ecuador ya muestra una mejora: en 2025, la productividad alcanzó aproximadamente 2.610 litros por vaca al año, 5,4 % más que en 2024.

Es una señal positiva, aunque todavía no se refleja en la producción total. El país pasó de producir cerca de 5,58 millones de litros diarios en 2023 a 5,31 millones en 2024 y 5,15 millones en 2025. En dos años, la reducción fue cercana al 8 %.

Estamos obteniendo más leche por animal, pero aún no logramos que esa mejora impulse al conjunto del sector. Para dar ese salto se necesita revisar el marco regulatorio, asistencia técnica, financiamiento, sanidad animal, mejor alimentación, genética y gestión. 

El consumo es otra brecha. Ecuador registra alrededor de 101 litros por habitante al año, cerca de 33 litros menos que el promedio regional. A esto se suma una caída aproximada del 24 % en el consumo formal de los hogares entre 2019 y 2025.

Recuperar el consumo exige escuchar mejor a las personas y responder con productos, presentaciones y precios acordes con sus necesidades. También debemos comunicar de forma sencilla el aporte nutricional de los lácteos y la importancia de elegir alimentos elaborados bajo controles sanitarios y de calidad.

El comercio exterior abre otra oportunidad. América Latina mantiene un déficit neto de productos lácteos, mientras Argentina y Uruguay concentran más del 70 % de las exportaciones regionales. Ecuador empieza a avanzar. En 2025, sus exportaciones lácteas llegaron aproximadamente a USD 5 millones, 114 % más que el año anterior. El resultado es alentador, pero parte de una base pequeña (representan menos del 2% de la producción nacional).

El reto es convertir esas operaciones en una estrategia exportadora constante. Hacen falta productividad, escala, innovación y calidad, además de mercados abiertos y autoridades capaces de negociar los protocolos sanitarios. Una empresa puede estar lista para exportar, pero sin un marco regulatorio moderno y habilitación sanitaria no existe mercado posible.

A estas brechas se suma la informalidad. Apenas algo más de la mitad de la leche producida en Ecuador se industrializa formalmente. Esto limita la trazabilidad, dificulta el control sanitario y genera una competencia desigual para quienes cumplen las normas.

Formalizar no significa únicamente controlar o sancionar. Implica ayudar a más productores y comercializadores a ingresar al mercado regulado.

Ecuador no parte de cero. Contamos con experiencia y capacidad industrial. La productividad mejora y las exportaciones muestran señales positivas. Sin embargo, la producción ha disminuido, el consumo está por debajo del promedio regional y nuestra presencia internacional sigue siendo muy pequeña. 

El Congreso no nos dejó una receta para copiar. Nos ayudó a reconocer hacia dónde se mueve la región y qué decisiones no podemos aplazar. Ecuador necesita conectar productividad, consumo, formalización y acceso a mercados. Si lo consigue, la cadena láctea podrá aportar mucho más al empleo, la alimentación y el desarrollo rural del país.  (O)

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