Hace unos días participé en un foro cuyo tema principal fue el bienestar docente. Consideré importante formar parte de este espacio porque hablar de estos temas implica compartir propuestas y, al mismo tiempo, escuchar otras perspectivas.
Actualmente, los docentes deben enfrentar diversos retos, desde aquellos relacionados con su labor pedagógica hasta situaciones de acoso que pueden surgir dentro del propio entorno escolar. Además, la diversidad de contextos hace que una misma propuesta no siempre sea viable en lugares y realidades donde el crimen organizado o la violencia están presentes. Estos espacios de diálogo son necesarios para visibilizar los problemas que afectan a los docentes y construir respuestas colectivas. Se abordó el reto que enfrentan los docentes ante la sobrecarga administrativa y cómo esta puede hacer que pierdan de vista lo más importante: el aprendizaje de sus estudiantes.
Una de las propuestas que más llamó mi atención fue la de Luis López, investigador en pedagogía, quien señaló que la inteligencia artificial podría ayudar a agilizar algunas de estas tareas. Considero que esta alternativa, además de responder a los avances tecnológicos actuales, debería comenzar a incorporarse en las instituciones educativas.
Por mi parte, puse sobre la mesa la necesidad de que las instituciones elaboren distributivos más equilibrados. Con frecuencia, a quienes mejor se desempeñan se les asignan cada vez más responsabilidades, hasta terminar sobrecargándolos. En lugar de ello, se deberían analizar los perfiles y reducir las horas de clase de quienes tienen funciones más vinculadas con la gestión administrativa. Por el contrario, quienes tengan una menor carga administrativa podrían asumir más horas de docencia.
En todo caso, coincidimos en que continuar como estamos, con un exceso de tareas burocráticas, solo incrementa la sobrecarga y el desgaste de los docentes.
Sé que se trata de un reto, porque no todos los contextos son iguales y seguramente habrá instituciones en las que resulte difícil lograr una distribución adecuada de las responsabilidades o incorporar el uso de la inteligencia artificial. Aun así, sostuve que el bienestar docente comienza cuando la institución protege el tiempo, el aprendizaje y la función pedagógica del profesor.
A esto se suman los resultados de la encuesta TALIS, realizada por la OCDE a más de 20.000 docentes de ocho países y publicada en 2026, sobre el conocimiento docente. Esta encuesta buscó conocer cuánto saben los profesores sobre la enseñanza y cómo trasladan ese conocimiento a sus clases; es decir, qué tan preparados están para manejar y gestionar el aula.
Entre sus hallazgos se encuentra que los docentes con mayores conocimientos reportan menos estrés en múltiples áreas. En otras palabras, quienes cuentan con mejores herramientas para el manejo y la gestión del aula experimentan menos estrés frente a diversas exigencias de la profesión, como la intimidación por parte de los estudiantes, los cambios curriculares y la necesidad de actualizarse constantemente. Esto refuerza la idea de que una sólida preparación ayuda a los docentes a afrontar una amplia variedad de exigencias laborales (OCDE, 2026).
Por tanto, el bienestar docente no depende únicamente de que el profesor practique el autocuidado, establezca límites o aplique estrategias personales para sentirse mejor.
La clave está en comprender que pensar en el bienestar docente implica garantizar que el profesor cuente con bases sólidas para enseñar y pueda concentrarse en lo esencial: ofrecer una educación de calidad y lograr que sus estudiantes aprendan. Si el foco se desvía hacia otras tareas, también se desviarán los resultados y, al final, perderemos todos. (O)