La empresa privada como catalizador de crecimiento social
Al operar las empresas privadas con estándares de eficiencia y transparencia más altos que muchos organismos gubernamentales, muchas veces exigidos por sus inversores internacionales, las empresas privadas pueden garantizar una mejor asignación de recursos y una mayor efectividad en el logro de resultados.

El dinero representa la forma más eficiente de satisfacer las necesidades básicas del ser humano. Desde proveer acceso a servicios esenciales como salud y educación hasta generar oportunidades de empleo y emprendimiento, el dinero puede actuar como un catalizador para el progreso tanto individual como colectivo. Por ejemplo, las inversiones en proyectos de infraestructura pueden mejorar significativamente la calidad de vida de comunidades enteras al facilitar el acceso a servicios básicos como agua potable, electricidad y transporte. Del mismo modo, las inversiones en programas de capacitación laboral pueden contribuir a que las personas obtengan ingresos dignos y puedan satisfacer sus necesidades personales y familiares.

Sin embargo, en los países en desarrollo, las ineficiencias presentes a menudo obstaculizan la efectividad de estas inversiones. La corrupción, la burocracia excesiva y la falta de transparencia en la gestión de fondos públicos por nombrar algunas, crean barreras que impiden que el dinero destinado al desarrollo llegue a quienes más lo necesitan. Estudios académicos han demostrado que una gran proporción de los recursos asignados a proyectos de desarrollo en la región se pierden debido a la corrupción y la mala gestión gubernamental. Por ejemplo, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, se estima que hasta el 30% del presupuesto destinado a proyectos de infraestructura en América Latina se pierde debido a la corrupción y la mala gestión.

Ante esta realidad que requiere cambios graduales, surge la inversión privada como una alternativa viable en el corto plazo para impulsar el desarrollo en la región. Las empresas privadas pueden y deben desempeñar un papel crucial en la generación de empleo, la promoción de la innovación y el fomento del crecimiento económico sostenible. Al operar con estándares de eficiencia y transparencia más altos que muchos organismos gubernamentales, muchas veces exigidos por sus inversores internacionales, las empresas privadas pueden garantizar una mejor asignación de recursos y una mayor efectividad en el logro de resultados.

Para medir el impacto de las inversiones privadas en América Latina y poder comparar su efectividad es importante incorporar dentro de las mediciones de rentabilidad mediciones de impacto social. Estos análisis deben realizarse con un sólido respaldo académico que permita cuantificar en términos monetarios los efectos secundarios positivos en términos de desarrollo que generan estas inversiones. Estas cifras de impacto, aunque puedan parecer pequeñas, tienen repercusiones significativas en la sociedad: un empleo puede beneficiar a una comunidad entera y una mejora ambiental puede impactar a países e incluso continentes.

Para lograr este cambio, es imperativo repensar salir del status quo y abordar de manera efectiva las barreras institucionales que obstaculizan el progreso en América Latina. Debemos promover una mayor participación adecuada, real, cuantificable y socialmente positiva del sector privado en inversiones de impacto que generen un cambio tangible en la vida de millones de personas. (O)