Desde hace ya varias décadas, la prensa internacional ha dejado de ser percibida como un árbitro imparcial de la información. Esto, para convertirse en un actor político con agendas claramente definidas. La cobertura de eventos estatales evidencia, con mayor y preocupante frecuencia, una clara falta de objetividad. Los análisis serios de resultados, avances y potenciales resultados de mítines políticos, quedan relegados frente a enfoques ideológicos, intereses corporativos o estrategias de polarización. En el caso ecuatoriano, vemos cómo los viajes presidenciales no son cubiertos objetivamente por los medios. Lo mismo ha ocurrido con la visita del presidente Trump a China.
Independientemente de la posición política que cada persona pueda tener respecto del presidente Trump, resulta evidente que gran parte de los comunicadores abordaron el encuentro desde una narrativa enfocada en cuestionar los intereses políticos y comerciales de quienes acompañaron en su visita oficial. Cabe mencionar que a bordo del avión presidencial estadounidense se encontraban lideres empresariales que ciertamente tienen intereses comerciales en el país asiático, pero que a su vez lideran empresas que generan puestos de trabajo y dinamizan la economía en beneficio del bien común americano.
Este fenómeno no es exclusivo para países del primer mundo como los Estados Unidos. En nuestro continente ocurre exactamente lo mismo, y muchas veces hasta más pronunciadamente. Quizás se debe al control y monopolización de los medios de comunicación. La reciente visita del presidente Noboa a Washington constituye otro ejemplo relevante de cómo la cobertura mediática puede verse contaminada por intereses privados.
En lugar de enfocarse en la relevancia de que nuestro presidente sea recibido por el vicepresidente Vance, los posibles beneficios económicos, comerciales, diplomáticos y de cooperación que tuvo la visita oficial, la cobertura se limita detalles vagos y malintencionados. Las narrativas polarizadas causan incertidumbre y falta de confianza en nuestro presidente. Ciertamente, existen detalles de las reuniones que no pueden ser divulgados al público por la sensibilidad de ellos, pero eso no debería dejar de destacar la importancia de la diplomacia con nuestro mayor aliado en la región en términos de seguridad, inteligencia y comercio.
La problemática no radica en que la prensa critique a los líderes políticos, pues siempre es importante que exista una libertad de prensa en sociedades democráticas. El problema de fondo ocurre cuando los periodistas, por órdenes de quienes manejan los medios de comunicación, seleccionan y manipulan los titulares y la retórica para omitir los logros, enfocándose solo en detalles que se desvían de los objetivos reales de las reuniones. El efecto inmediato se da en los consumidores de las noticias y hasta en los mercados financieros globales.
En estas últimas visitas oficiales, por ejemplo, muchos omitieron enfocarse en la importancia de las mismas para el comercio internacional, estabilidad geopolítica, cooperación económica, seguridad regional, impacto en mercados globales y consecuencias para nuestro hemisferio.
Las redes sociales, y en especial X, han agravado aún más esta situación en Ecuador. La viralización de la información, muchas veces mediante imágenes, combinada con algoritmos, ha incentivado contenidos mal intencionados, por sobre análisis más equilibrados. El periodismo de calidad ya no compite necesariamente por calidad o precisión. Ahora, compite con generadores de contenido que maximizan el uso de algoritmos y aprovechan la propagación de sus “obras”.
En este entorno, la prensa sensacionalista, plagada de paráfrasis, termina teniendo más alcance que los análisis serios. Como consecuencia, seguimos polarizándonos cada vez más y causando que las discusiones políticas se vuelvan cada vez menos racionales. La historia nos demuestra que aun cuando siempre han existido una gran variedad de líneas editoriales, ahora existen menos espacios editoriales independientes. Es importante notar que nunca ha existido ni existirá objetividad absoluta en el periodismo, sin embargo es importante fomentar la independencia de los medios de comunicación y controlar la generación de “fake news”.
El desafío actual está en cómo exigir mayor transparencia, cómo controlar la creación y divulgación de contenido falso o mal intencionado, y cómo diferenciar a los medios de comunicación serios. De lo contrario, solo se continuará profundizando la manipulación mediática. Los periodistas cumplen un rol fundamental en la democracia, por ello es indispensable objetividad en su cobertura. (O)