Nuestra atención define la calidad de nuestra experiencia de vivir
La mente solo puede notar a lo que le entrega su atención. Y dado que la atención es una forma de energía, en lo que nos enfocamos terminará expandiéndose de forma natural. Si nos concentramos en lo que no tenemos, menos tendremos. Si nos concentramos en todo lo valioso que ya tenemos, más valiosa será nuestra existencia.

Lo que conocemos como realidad objetiva es, en la práctica, de lo más subjetiva, pues depende de cada uno como sujeto que la percibe. Para ser más preciso aún, está condicionada por nuestro nivel de consciencia, por lo que nuestro intelecto está en la capacidad de identificar.

Es así en al menos dos aspectos en particular sobre los que escribiré hoy.

La primera cuestión tiene que ver con lo que la mente puede "ver" y que depende del conocimiento que posee en su estructura. Pensemos en una especie de memoria asequible que resguarda toda la información a la que ha tenido acceso en el pasado y que puede referenciar para describir cualquier situación particular del mundo. Si existe un conocimiento en particular que permita describir lo que acontece, el suceso es percibido como parte de la realidad, si es que no, pues no. Esto es lo mismo que decir que la mente puede reconocer únicamente los objetos de los que está consciente, que solo puede "ver" lo que ha aprendido a reconocer en el pasado. Fácil como se hace leerlo, es un reto comprenderlo. Significa que si no contamos con un concepto que nos permita describir algo en particular, no lo percibiremos. Si no existe una palabra para una forma, la forma no existe, así de loco.

La segunda cuestión tiene que ver con otra característica de la mente: su capacidad para prestar atención a algo, con la facultad que tiene para enfocarse en algo concreto. Cuando se le presta atención a algo podemos comprobar que ese algo existe, lo estamos viendo o tocando, es parte de lo que percibimos. Por el contrario, cuando a algo no se le presta atención, ese algo pasa desapercibido y por lo tanto podemos decir que no existe en el momento en el que realizamos el ejercicio de percibir.

Un ejemplo para cada atributo se hace indispensable...

Para probar el primer aspecto pensemos en el concepto del dinero. ¿Cuántas personas, entre las que estaba incluida yo en su momento, pensamos que el dinero son los billetes que tenemos en nuestra cartera o los números que aparecen en la pantalla cuando ingresamos a nuestra cuenta bancaria? Pese a ser un fenómeno omnipresente, no entendemos al dinero, y por lo tanto no lo percibimos como lo que es sino como un indicador de flujo de caja o, en el mejor de los casos, de riqueza. No quiero entrar a fondo por que el tema de éste artículo no me lo permite, sin embargo es mucho adecuado ver al dinero como el efecto de servir a un tercero con nuestro trabajo, como el resultado de multiplicar nuestro esfuerzo por el tiempo que le entregamos a algo pensando en alguien y no como el papel moneda o dígito en la pantalla con el que lo confundimos generalmente. Dado que no sabemos que no contamos con el concepto correcto para percibir el dinero, algo que depende del sujeto, tampoco podemos notarlo como lo que es.

Para comprobar la segunda cuestión preguntémonos cuántas veces nos agarramos quejándonos de todo lo malo que pasa en nuestras vidas a la par de ignorar todo lo bueno. Cuando nos juzgamos a nosotros mismos somos unas máquinas para detectar todas las fallas de nuestro carácter (impacientes, lentos para aprender, faltos de coraje, etc.) y unas verdaderas tortugas para apreciar todo lo que hacemos bien (promotores del cambio, analistas estratégicos, capaces de mostrar valentía, etc.) Es así que al no prestarle atención a lo bueno que sucede en nuestras vidas, terminamos pensando que "la vida es dura" o, como dice la canción, que "uno vino al mundo para sufrir". Se puede observar, nuevamente, que la realidad depende de la habilidad del sujeto para enfocar su mente, para decidir que permitirá que conforme su realidad.

Llamar a la realidad "objetiva" es un error pues no toma en cuenta al sujeto observador de esa realidad y pierde así el insumo más importante.

Dada la importancia de comprender lo expresado hasta ahora, le he prestado mi atención a tres historias separadas que acentúan lo relatado y que encontrarás a continuación.

Tony Robbins, el coach convertido en estrella, suele contar una historia para ilustrar la importancia de decidir a que prestarle nuestra atención. Sucedió en su infancia, un día de acción de gracias, cuando tenía apenas 11 años. Aquel día tocaron a la puerta de su casa y Tony fue corriendo a abrir la puerta. Se topo con un extraño que llevaba dos fundas de alimentos y un pavo congelado. "¿Está tu padre en casa?", le preguntó.

"Papá, papá, hay un señor que quiere verte", Tony llamo a Jim, su padrastro y cuarto esposo de su madre alcohólica. "¡Atiende tú!", le contesto él lleno de rabia.

Jim, a quién Tony recuerda con gratitud por haberle reconocido como hijo y entregado su apellido, había perdido su trabajo unos días antes. Quizá por ello, por que no tenían más que galletas y mantequilla de maní para la cena de acción de gracias o ya sea por simple costumbre, se encontraba peleando con la mamá de Tony, su esposa Nikki.

Salió furioso de la habitación y al ver al hombre con las compras le grito "aquí no aceptamos limosnas de nadie", se dio la vuelta y le lanzó la puerta en la cara. El desconocido, un hombre grande y fuerte, alcanzo a poner su pie e impidió que la puerta se cerrará.

"Señor, señor, esto no es caridad, todos tenemos momentos difíciles en nuestras vidas, alguien sabe que están pasando por un mal momento y me ha pedido que le entregue estás compras, no soy nada más que el repartidor", le respondió.

Regreso a ver atrás y vio al niño Tony observando la escena. Luego regreso a ver a su padrastro y mirándole a los ojos le dijo: "no haga que su familia sufra por su ego".

Jim tomó las fundas, cerro la puerta tras de si violentamente sin agradecer ni decirle nada al extraño, lanzó las compras sobre la mesa de la cocina y se fue furioso a continuar la pelea que había dejado a medias con Nikki. Tony miro las fundas del supermercado, se imaginó todos los alimentos que contenía y sintió una alegría indescriptible.

Mientras su padrastro se había enfocado en su incapacidad para alimentar a su familia, en lo inferior que le hacía sentir esto y en intentar distraerse de la vergüenza y culpa que le producía la situación peleando con su esposa, Tony le presto atención a algo distinto: había comida para la cena de acción de gracias, y eso le producía felicidad.

Mi amigo Juan me había comentado en nuestro último encuentro que su hijo estaba enfrentando retos en su primer trabajo. Aparentemente no se sentía cómodo con sus jefes, una pareja que tiene un negocio de bienes raíces. Por eso le pregunte en la llamada que tuvimos antes de ayer si algo había cambiado, si su hijo continuaba en la lucha o si ésta se había atenuado. Además de darme detalles de la situación que estaba pasando, como el hecho de que en ocasiones le pedían que cuide a su hijo de pocos meses de edad, me comentó que había conversado con él y le había hecho notar que mientras se enfocará en todo lo que no le gustaba de su trabajo continuaría pasándola mal, que podría concentrarse también en las cosas buenas. "Inclusive podría enfocarse en buscar otro trabajo", agregué yo mostrando el no ideal hábito de dar consejos.

La calidad de nuestra experiencia de vivir depende de a lo que le prestamos atención, y si le prestamos atención a lo malo, pues la experiencia de vivir será igual. Lo contrario también aplica, si le prestamos atención a lo bueno la experiencia de vivir será igual.

En las sesiones que tengo con clientes founders convertidos en CEOs es común notar que se enfocan más en lo que no tienen que en lo que ya poseen:

  • Se enfocan en lo que quisieran saber en vez de lo que ya saben.
     
  • Le prestan más atención a los objetivos que les falta cumplir en vez de a los objetivos ya alcanzados.
     
  • Se concentran en lo que salió mal en vez de lo que salió bien
     
  • Suelen tener más en cuenta a las personas que no les compran en vez de a las personas que ya confían en ellos.

La mente solo puede notar a lo que le entrega su atención. Y dado que la atención es una forma de energía, en lo que nos enfocamos terminará expandiéndose de forma natural. Si nos concentramos en lo que no tenemos, menos tendremos. Si nos concentramos en todo lo valioso que ya tenemos, más valiosa será nuestra existencia.

La conclusión no puede ser otra que esta: nuestra atención es el principal activo con el que contamos y, por lo tanto, que la verdadera riqueza proviene de nuestra capacidad de imaginar.

Como coach de founders convertidos en CEO's este es el aprendizaje más importante que intento transmitirles, si lo logro, no solo la calidad de su experiencia liderando empresas cambiará, sino que aprenderán a crear riqueza de forma multidimensional, no solo de dinero, sino en todo lo que aprecian como su tiempo, relaciones y futuro. (O)