Diplomacia pública y de defensa en la cumbre
La reunión calificada por el presidente Trump, como la más grande la historia, demuestra que, en el actual sistema internacional estatutariamente multilateral, la diplomacia continúa siendo un instrumento fundamental para evitar que las rivalidades geoestratégicas desemboquen en conflictos militares de gran escala.

En Relaciones internacionales los principales enfoques contemporáneas, están relacionados con la disuasión preventiva integrada, la estabilidad estratégica y el control de escalada, vinculados con la gestión estratégica de los conflictos, en un esquema combinado de la diplomacia pública y de la diplomacia de la defensa. 

La cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump, realizada en Beijín, es un ejemplo sincrónico de cómo han aplicado las grandes potencias este tipo de instrumentos en la coyuntura que el escenario geopolítico exige en varias regiones del mundo.

El propósito de la cumbre fue proyectar estabilidad internacional a pesar de las profundas rivalidades geopolíticas, cuyos resultados han sido poco apreciados, despreciando e ignorando el significado de un evento de contención y desescalada en medio de las profundas crisis que vive el mundo.

 Desde la perspectiva estratégica, la cumbre reflejó una lógica de disuasión preventiva integrada, entendida como la combinación de instrumentos diplomáticos, económicos, tecnológicos, militares y comunicacionales destinados a evitar tensiones derivadas de la crisis de Irán, que podría llegar hasta una confrontación directa entre potencias. 

Por lo tanto, había necesidad de contener las crisis regionales, evitar la escalada en la que se podía caer debido a riesgos de errores de cálculo para mantener la lógica del equilibrio de poder internacional. 

Tanto China como Estados Unidos comprendieron que la competencia estratégica no podía desarrollarse sin mecanismos paralelos de diálogo político, económico y militar que permitan administrar tensiones y evitar escenarios de guerra abierta.

 El principal objetivo de la diplomacia pública, fue proyectar una imagen de estabilidad mediante el diálogo entre los mandatarios. Ambos transmitieron un ejemplo a la comunidad internacional de como las diferencias entre las potencias mayores del sistema internacional podían manejarse mediante negociación, reduciendo la posibilidad de percepciones equivocadas sobre la estabilidad global.

No obstante, la diplomacia pública logro fortalecer la legitimación del liderazgo internacional dentro del balance geopolítico y se sirvió de la interdependencia en los campos económico, tecnológico y militar, para negociar aspectos de mutuo beneficio en aspectos comerciales como de producción agrícola, tierras raras, microprocesadores, industriales y de tecnología sensible; cooperación que tiende a mantener niveles de cooperación para evitar impactos negativos sobre el sistema internacional. 

 En cuanto a la diplomacia de defensa, se profundizo en las medidas la estabilidad estratégica que valore a China como socio igual con Estados Unidos, para evitar conflictos haciendo referencia a la denominada “trampa de Tucídides”, es decir, evitar el riesgo histórico de guerra derivado del ascenso de una potencia emergente frente a otra dominante. 

Sin embargo, los temas de mayor importancia para la estabilidad global fueron: el acuerdo tácito de que Irán no debe poseer un arma nuclear y luego sobre la no interrupción del funcionamiento del Estrecho de Ormuz, con una garantía para la navegación desde el Golfo Pérsico, espacio geoestratégico fundamental para el comercio energético mundial por lo que las dos potencias coincidían en la necesidad de preservar la seguridad de las rutas marítimas estratégicas.

 La diplomacia de defensa se orientó entonces, a mantener mecanismos de comunicación que permitan controlar crisis y evitar confrontaciones accidentales, al mismo tiempo que en forma unísona se debe para acompañar a la diplomacia pública, convirtiéndolas en instrumentos de equilibrio estratégico y de manejo de crisis.

Tema sensible de gran expectativa fue el control de la tensión sobre Taiwán, en vista de la posibilidad de un conflicto alrededor de la isla conformando un gran riesgo militar entre ambas potencias. Por esta razón, China, en apego a su política de ‘Una sola China’, insistió en mantener abiertos los canales de comunicación y diálogo, además de actuar con cautela frente a lo que considera una ‘línea roja’, conforme a los principios de gestión de crisis. 

En contraste, Estados Unidos sostuvo su tradicional ambigüedad estratégica, evitando referirse de manera explícita a la independencia de Taiwán.

Con esta exhortación se demostró en la cumbre, haber logrado la finalidad de la diplomacia de defensa mediante la disuasión integrada preventiva, para preservar y mantener la paz, aprovechando todas las dimensiones del poder diplomático, geoeconómico, de relaciones internacionales y en menor medida de carácter militar, aplicada en una red, creíble y flexible. 

  En conclusión, la propuesta presenta coherencia geopolítica y estratégica, ya que interpreta la cumbre Xi Jinping–Trump como un ejercicio simultáneo de diplomacia pública y diplomacia de defensa orientada a gestionar la competencia entre grandes potencias mediante mecanismos de estabilidad, disuasión preventiva integrada y control de escalada.

 La reunión calificada por el presidente Trump, como la más grande la historia, demuestra que, en el actual sistema internacional estatutariamente multilateral, la diplomacia continúa siendo un instrumento fundamental para evitar que las rivalidades geoestratégicas desemboquen en conflictos militares de gran escala. (O)