Pedagogía de una crisis
El proceso del conflicto -no solo su resultado- ensalza unas conductas y proscribe otras. Persuade, presiona sobre una forma u otra de ver la vida. Posiciona, sin explicitarlo, valores.

Es un axioma conocido que los seres humanos aprendemos no solo en las aulas. Aprendemos en todas las esferas de la vida, con diversos estímulos y personajes. En los espacios, formales o informales, virtuales o presenciales, cotidianos o extraordinarios. En la familia, la calle, los amigos, los medios, las redes, los amores, la política. La educación formal es una modalidad de aprendizaje y posiblemente no la principal ni determinante. La “universidad de la vida” tiene un peso monumental.

Los aprendizajes son una ola indetenible. No hay quietud, sino con la muerte. Siempre estamos recibiendo, procesando, filtrando, incorporando, desechando. Para bien o para mal. Los mensajes que nos penetran dejan huella. Nos inclinan a formarnos como seres libres, cristalinos, pensantes, amorosos, creativos. O como seres mezquinos, opacos, calculadores, excluyentes. 

La crisis diplomática actual -con su clímax de ruptura de relaciones con México - constituye un escenario privilegiado para apreciar los aprendizajes que nos están dejando los personajes públicos. El proceso del conflicto -no solo su resultado- ensalza unas conductas y proscribe otras. Persuade, presiona sobre una forma u otra de ver la vida. Posiciona, sin explicitarlo, valores. Valores que casi nunca coinciden con el clamor ciudadano ni con los que se exige a las escuelas. 

La manera de analizar la situación es un indicador. Distinguimos dos extremos. Uno, considerarla como hecho aislado, sin historia, puntual…. incursión de la Embajada, recinto sagrado, y punto. El operativo es abordado como hecho completo, absoluto y suficiente. Otras posturas -políticos, periodistas, especialistas- hacen esfuerzos por poner en contexto la situación, por ver el escenario, por no perder de vista el bosque, por indagar causas y antecedentes.

En el análisis causal hay diferencias de enfoque y de aprendizaje. Una apela a los arrebatos personales, venganzas, impericias. Otra recupera situaciones políticas relacionadas. Como la intromisión de AMLO en temas sensibles del Ecuador y la violación por su parte de leyes internacionales del asilo. La primera opción prescinde de antecedentes y de historia. La segunda desentierra tres: el trayecto del ex Vicepresidente Glas, la fuga de la ex Ministra Duarte con apoyo de Argentina (la comunidad internacional calló olímpicamente) y la transformación de México desde hace varios años en refugio de personajes cuestionados. 

La presencia del ingrediente ideológico ha recibido tratamiento extraño. Ha predominado el silencio de casi todos los actores. Aún así, se distingue una tendencia que lo ignora de frente; para ellos, no hay intereses de sector. Otra, señala a la corriente inspirada en los foros de Sao Paulo y Puebla. López Obrador y Glas estarían cubiertos por la misma bandera, el Socialismo del siglo XXI. El tópico ideológico se ha estigmatizado; no tendría por qué esconderse.

El sentido de las propuestas de solución, merece atención, en dos direcciones. El predominio de versiones inmediatistas y de cortísimo plazo. Y la diferencia de sello que presentan. Unas de carácter violentista y destructivo que inflaman más el horizonte. Y otras menos estridentes orientadas al reconocimiento y la recuperación de relaciones y confianzas. Unas apuntan al incendio. Otras al enfriamiento y la sensatez. Y estas formas de solución, también se aprenden.

LOS VALORES Y ALGO MÁS

Respecto a los valores, habría mucho que decir. En esta lectura se aprecia que la verdad y la transparencia ruedan por los suelos. Hay acomodo, manipulación, ocultamiento de informaciones, verdades a medias o mentiras completas. Otros valores también quedan lastimados: el respeto, la honra, la solidaridad, la consecuencia, el sentido de servicio. Algunas hipocresías quedaron al descubierto… mientas se calla ante la invasión a un país, se rasgan las vestiduras por la incursión en una Embajada… La ética rara vez ha sido invitada.

Caben dos reflexiones finales. La primera sobre el destinatario de mensajes y estímulos. Ciertamente somos todos, pero lo es especialmente la juventud en formación. Con qué cara vamos a pedir a los jóvenes rigor en sus análisis, relación de causas, visión de sistema, creatividad en sus propuestas. Con qué vergüenza solicitaremos a los adolescentes respeto a la verdad, transparencia, solidaridad, probidad o sentido de servicio.   

La segunda reflexión alude a la calidad de la clase política y de los forjadores de opinión. Es imperativo que tomen conciencia que no hay mensajes inocentes, puros, neutros. Que sus conductas tienen consecuencias en la población y los jóvenes; construyen o deforman. Es preciso que se obliguen a ser consecuentes. Que lo que piden para otros -especialmente a la educación- lo lleven en la sangre. Los disfraces al final se caen. (O)