Desde la perspectiva del neorrealismo, en el contexto internacional posterior a la Guerra Fría se evidencia una reconfiguración del equilibrio de poder del sistema internacional, de la cual emerge una redistribución de áreas de interés e influencia entre los Estados dando lugar a una renovada disputa por la hegemonía global.
El objetivo del gobierno de Trump es imponer un mundo dividido en tres partes: una para Estadios Unidos, otra para China y otra para Rusia, según señala la BBC. Con esta reconfiguración geopolítica tripolar, intenta marcar zonas de influencia, al mismo tiempo que fortalece su estrategia de seguridad nacional y su “corolario”, de dominio en el Hemisferio Occidental.
Con esta propuesta persuade a los socios, no aliados, puedan preservar los intereses colectivos en un orden concertado para colaborar con la gestión del orden internacional.
Según el periódico Primicias el presidente Trump mediante una conversación telefónica con Xi Jinping, acordaron que harán “todo lo posible para que el mundo sea más pacífico y seguro”, recuerda asi al presidente Wilson en su propuesta de los 14 puntos, para evitar confrontaciones directas entre potencias, reducir el riesgo de escaladas, pero manteniendo la coexistencia competitiva entre polos de poder, con una gestión de rivalidades estrategicas, como es propio del orden internacional multicentrico, sin proponer la creación de una institución nueva como fue la Liga de las Naciones.
Sin embargo, hay que destacar que la delimitación de las zonas de influencia, así como, gestionar sus límites y alcance no es fácil, como se desprende del análisis de las obras: el Mundo sin fronteras y el Mundo es plano, de Kenichi Ohmae y Thomas Friedman respectivamente.
En sus análisis acerca de la era de la globalización, por el aparecimiento de potencias emergentes, con intereses crecientes, son difíciles de controlar y peor aún de excluirlas de la zona de influencia a la que se pertenezcan, porque son potencias medianas que valoran su participación y cuestionan el derecho de las potencias de participar en la determinación de un orden mundial.
El presidente Macron dentro de este contexto fue inmediato en responder a la iniciativa del presidente Trump, manifestando que en la evolución de las grandes potencias existe la tentación de dividirse el mundo, refiriéndose a Estados Unidos, China y Rusia, con la consiguiente intención de borrar la influencia de la Unión Europea en el mundo.
El rechazo a las esferas de influencia, a la tripolaridad basada en un orden jerárquico es un retorno a la geopolítica clásica, que debilita aún más al multilateralismo existente en el sistema internacional, por demás impasible por la marginación debido al derecho de veto de las potencias.
Europa no obstante carece de autonomía estratégica, por depender de la OTAN y de los Estados Unidos y porque como potencia mediana no tiene el peso suficiente para lograr un balance de poder, pero sí posee como todos los países la capacidad de conseguir la legitimidad suficiente que es fundamental para la toma de decisiones internacionales, porque se basa en la primacía del derecho internacional para lograr resolución de problemas sin predominio exclusivo de la fuerza.
Macron promueve evitar la marginalización, fortalecer el multicentrismo cooperativo en un colectivo de países en el que deben competir como iguales y no como enemigos, es decir, aplicando el principio de primus inter pares, en un ambiente de múltiples centros de poder.
Francia y Reino Unido en este sentido han acordado desplegar fuerzas en Ucrania en caso de que el país alcance un acuerdo de paz con Rusia. para garantizar la seguridad de Kiev y disuadir a Moscú de nuevas agresiones. En forma similar Francia, Alemania, Suecia y Noruega anuncian enviar tropas a Groenlandia, para la seguridad de la isla.
Para Richard Haass, en un ambiente de poder disperso como es el muticentrismo nadie gobierna solo y sin cooperación como condición de gobernar, se desploma en caos.
La pregunta es cómo lograr una distribución de áreas de influencia tripartita o cuadripartita, considerando a la India y en una nueva aproximación a Brasil, en aplicación de la propuesta geopolítica de orden mundial, cuando existen diversas potencias emergentes como Arabia Saudita, Turquía.
Irán es el mejor ejemplo de cómo sin pertenecer a ninguna modalidad alternativa de orden internacional, ha ejercido su poder desde inicios de la Revolución Islámica para buscar hegemonía subregional asimétrica.
Kissinger advirtió de este tipo de fenómenos, para el caso religioso geopolítico en el que ha buscado aglutinar al chiismo político de minoría islámica, como vector de poder, basado en una estructura jerárquica con los ayatolas que rigen al Estado teocrático y que han hecho de la religión el fundamento de sus objetivos geopolíticos.
Irán ha incorporado a los países proxis patrocinadores de milicias terroristas, como eje de resistencia, así llamado: Irak, Siria, Líbano, Hamas, Hezbola, Huties, en una movilización e instrumentación armada irregular, asimétrica en su lucha contra Occidente e Israel.
Irán es un aliado de China y de Rusia, instrumentaliza el multicentrismo, se opone a la hegemonía estadounidense, pero motiva la hegemonía a escala regional para la dominancia religiosa ideológica. Es incapaz, por tanto, de formar un área de influencia ni un multicentrismo porque se pertenece a la dominancia ideología regional que se sirve de la religión como una tecnología para alcanzar poder, actualmente en irremediable declive.
Para el Ecuador, la reconfiguración del orden internacional presenta un escenario multicéntrico que impone la necesidad de una doctrina estratégica basada en la defensa de la soberanía, la fortaleza de un multilateralismo eficaz. la primacía del desarrollo internacional y la cooperación regional, en medio de la cual se encuentra la seguridad cooperativa regional.
En un entorno de rivalidades entre grandes potencias y la proliferación de intereses asimétricos, la política exterior y de defensa deben orientarse a la autonomía estratégica relativa y a la prevención de conflictos.
La estabilidad y la seguridad dependen, por lo tanto, de la capacidad del Estado para integrarse activamente en organizaciones regionales de cooperación, poner en práctica los acuerdos, los convenios y memorándums de entendimiento, con una retroalimentación de la estrategia de seguridad común regional ESCR.
Asumir la seguridad con una seria aproximación de Defensa y Diplomacia, es la única vía para alcanzar los objetivos estratégicos de la seguridad nacional. (O)