Enemigos íntimos
Ecuador y Colombia viven un momento de tensión. Una guerra de aranceles se ha desatado entre pueblos hermanos. Posiciones cerradas, denuncias y diálogos infructuosos.

Hace casi un mes, y sin claridad al principio sobre las causas, estalló un conflicto entre dos países vecinos y hermanos. Los aranceles subieron 30% para las exportaciones de los dos países. Ecuador desató el incremento y Colombia lo equilibró como respuesta.

Varios analistas situaron la causa en la declaración que el presidente Petro hiciera sobre presos políticos en Ecuador (exigía la liberación de Jorge Glas). La misma fue calificada como intromisión, imprudencia y falsedad. Sin mediar reclamo formal previo, el presidente Noboa, impuso sorpresivamente un alza desmesurada en los aranceles.

Las razones se esclarecieron pronto. Ecuador denunció falta de compromiso de Colombia en la lucha contra el narcotráfico en su frontera. Advirtió el incremento de acciones de los grupos delincuenciales y disidencias de las FARC. Evidenció el crecimiento de cultivos de coca… En 2021 en un 43.1% y en 2023 9.8% del total nacional. En 2023 se registra 252.575 hectáreas de cultivo. Las zonas de frontera con Ecuador acogen la mayor parte de los cultivos ilícitos.

El esfuerzo de Ecuador contra el narco, según sus autoridades, no ha tenido su correlato y reciprocidad en el lado colombiano. Ecuador, libraría esta batalla en soledad casi. El discurso de los aranceles dio paso al de tasa de seguridad. Lo recaudado se invertiría en este sector.

Vale advertir que la balanza comercial es negativa para Ecuador. El déficit superó los $921 millones de dólares en noviembre de 2025. Esto ubica los perjuicios de la medida más en el lado colombiano. Temporalmente. Después, solo habrá perjudicados. La inversión, el empleo, la elevación de precios, marcarán a los dos países. No habrá ganadores.

Es relevante mencionar que se han aplicado dos medidas muy sensibles y lesivas. La primera, desde Ecuador, que incrementó el transporte de petróleo colombiano en casi 900%. Y la segunda, desde Colombia, que suspendió la venta de energía eléctrica, insumo esencial para cubrir el déficit del Ecuador en este sector.

Colombia bajó el tono del enfrentamiento, buscó mediación de Estados Unidos y abrió el espacio para encuentros bilaterales. Ecuador mantuvo la inflexibilidad. Desestimó una reunión de presidentes en Panamá, con ocasión del Foro Económico Internacional. Y bajó el perfil al contacta que tuvieron los Cancilleres durante el mismo encuentro.

Colombia insistió en su apertura y Ecuador en su rigidez. Una reunión de alto nivel realizada el 6 de febrero en Quito con los cancilleres y ministros de defensa terminó en fracaso. Colombia negó la acusación de desatención a su frontera y anunció una denuncia en la Comunidad Andina de Naciones (CAN) contra Ecuador.

Los dos países, finalmente, subieron los aranceles en un 30%. Y cada uno presentó sus reclamos a la CAN. El organismo, dada la experiencia histórica, demora meses para un pronunciamiento y no suele pasar de sanciones con valor más bien moral: llamamientos, exhortos, pedidos de rectificación. Su mediación, en todo caso, puede ser valiosa.

Agravamiento sin horizonte                                                                             

Hasta ahora, el saldo del enfrentamiento es negativo para todos los actores: empresas, comerciantes, consumidores, países. El único ganador es el crimen organizado al que se pretende combatir. Cuanto más desorden y división exista en los países, más fáciles le resultan la producción y el tránsito de sustancias prohibidas.

El imperativo de coordinación de la lucha contra el narco sigue vigente. El enemigo común no permite distracciones. Y si actúa a nivel regional, resulta imprescindible hacerle frente también en ese terreno. El asunto dejó de ser problema de un solo país. No se conoce aún el apoyo que brindaría EU.

En estos días, el conflicto volvió a escalar. Esta vez, Ecuador anuncia 50% de aranceles superando toda previsión. Colombia los equipara y realiza una nueva denuncia a la CAN. Los sectores productivos y toda su cadena de operarios de los dos países reclaman mesura y soluciones. Las pérdidas son enormes. Se alistan paros en la zona de frontera.

Ecuador no cede. Afirma no encontrar evidencias sobre atención militar en el lado colombiano de la frontera. Colombia asegura que lo está haciendo; incluso eliminando cultivos de coca. Situación estancada. Perjudicados en peligroso aumento. La política aplastando la economía.

Aunque el conflicto es complejo, insistimos en la necesidad de reconciliación y acuerdos. El peligro del narco es tan brutal, que no podemos darnos el lujo de dividir energías. Acudir a la mediación tiene alto potencial en estos momentos. Los hechos que unen a Colombia y Ecuador son infinitamente más fuertes que los que nos separan. (O)