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El burnout todavía se encuentra bajo estudio. Las expertas recomiendan que, así como las compañías diseñan un plan de seguridad laboral para evitar accidentes, hoy la evidencia demuestra que los empleadores deben tomar muy en serio el mayor riesgo para la salud laboral que se encuentra en un lugar particularmente complejo y difícil de entender: nuestra mente y su forma de interactuar con el trabajo.

13 Mayo de 2022 16.00

Algunos estudios demuestran que la humanidad nunca ha sido tan productiva como ahora. La oferta interminable de bienes y servicios, los mercados crecientes, la innovación y la tecnología dibujan una paradoja muy compleja de entender: por un lado, vivimos el periodo de mayor bienestar en la historia humana en términos de longevidad, acceso a la salud, disponibilidad de alimentos, control y entendimiento de la naturaleza, etc. De otro lado, esa bonanza se contrasta con el panorama sombrío de una crisis climática y medioambiental y de la sobrexplotación de esta versión del ser humano hiper conectado, que trabaja intensamente y crece con la obligación de producir. Pero este estilo de vida no ha resultado gratuito para nuestra salud mental y física, pues, recientemente un síndrome atrae cada vez más la atención de médicos y psicólogos: el 'burnout'.

La tensión permanente, el condicionamiento de la vida personal a los compromisos laborales, la sobrecarga de obligaciones y preocupaciones del trabajo sumado a la incapacidad de desconexión pueden ocasionar que el cuerpo humano reaccione con un desgaste extremo. 

Una de las mayores expertas a nivel global en el tema es la psicóloga Christina Maslach. Ella asocia este síndrome con tres componentes: el agotamiento, el cinismo y la ineficacia. Sentirse agotado es el síntoma central e implica una fatiga física y emocional derivada de la conexión permanente a la cultura organizacional. Este agotamiento es complejo y no se 'cura' con una semana de vacaciones porque se deriva de un desgaste emocional asociado con la manera en que nos relacionamos con el trabajo, con las jornadas, la intensidad de la comunicación, de los objetivos y de la cultura. Por eso, la evidencia muestra que una desconexión temporal no es un paliativo para el agotamiento. Las expertas advierten que la permanencia del agotamiento durante un periodo prolongado o con una intensidad alta puede derivar en otros cuadros preocupantes de salud mental como ansiedad o depresión. 

El segundo componente del burnout es la 'despersonalización' que básicamente implica una separación de los aspectos positivos y comprometedores de una actividad productiva. Todo lo bueno de trabajar se elimina, pues estamos presionados a tal punto que nuestra reacción natural es sentir una aversión al trabajo. Finalmente, tenemos la ineficacia. El sometimiento permanente a un esquema laboral intenso y sin espacios de respiración derivan en sentimientos de incompetencia y de incapacidad de alcanzar metas. El agotamiento, la ineficacia y la despersonalización son elementos circulares de este síndrome y se retroalimentan permanentemente.

La gravedad del burnout y su creciente incidencia ha llamado la atención de las empresas y de las autoridades laborales. La Organización Mundial de la Salud y algunos Estados ya lo reconocen como una enfermedad profesional, es decir una dolencia directamente relacionada con las interacciones laborales. Algunas grandes multinacionales han tomado medidas extremas. En Alemania, por ejemplo, una empresa implementó un sistema de poleas que al terminar la jornada laboral elevan al techo los escritorios de los oficinistas para forzarlos a dejar de trabajar. Otras, han optado por bloquear completamente los correos electrónicos y el acceso a los sistemas informáticos corporativos de las personas que salen de vacaciones.

Aun no tenemos un cuerpo de bomberos para paliar este síndrome y los extintores tampoco se han diseñado con precisión. El burnout todavía se encuentra bajo estudio. Las expertas recomiendan que, así como las compañías diseñan un plan de seguridad laboral para evitar accidentes, hoy la evidencia demuestra que los empleadores deben tomar muy en serio el mayor riesgo para la salud laboral que se encuentra en un lugar particularmente complejo y difícil de entender: nuestra mente y su forma de interactuar con el trabajo. (O)

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