Una necesidad apremiante
Si el Gobierno no se pone las pilas en su comunicación, las señales del deterioro serán cada vez peores. Y eso no le conviene a nadie: ni a Lasso ni al país, que necesita estabilidad y liderazgo. Y como al frente están opositores cínicos como Rafael Correa, la necesidad de que se tenga una estrategia y un aparato comunicacional sólido y veraz es aún más apremiante.

La que debía ser la gira triunfal del presidente Guillermo Lasso por Europa, que empezó con un golpe de timbal, al anunciar la sorpresiva y bien recibida nueva reserva marina en Galápagos, y que continuó con sus apariciones con líderes mundiales en la COP26 en Glasgow, seguidas de su viaje a España con sendas entrevistas con el rey, el presidente del Gobierno y los inversionistas, se vio ensombrecida por nuevos errores de comunicación, que están apareciendo con demasiada frecuencia y van haciendo mella si no en la gobernabilidad sí en la credibilidad del Gobierno.

Uno de ellos es la forma en que Lasso respondió en el Foro del diario ABC, cuando le pidieron su opinión acerca del pedido del presidente mexicano López Obrador al rey Felipe VI de que España pida perdón a los países americanos. Lasso expresó: "Decir que España nos tiene que pedir perdón es como ir donde tu mamá y decirle: oye mami, vas a tener que pedirme perdón porque me diste algunos coscachos”. ¡Qué frase tan desafortunada! Yo espero que Lasso no reduzca toda la violencia de la conquista y de la expoliación colonial a unos coscachos y no considere a nuestros países unos infantes necesitados de reprimenda, pero le salió una simplificación lamentable cuando debía haber tenido preparada una respuesta mejor, pues era obvio que el tema iba a salir. Y si no la tuvo es culpa de su entorno político y diplomático que no le preparó un briefing y una réplica.

Más grave sin embargo fue la pachorra en desmentir un fraude comunicacional: el del secretario general del ultraderechista partido Vox de España, un señor Ortega Smith. Este, que además es diputado, difundió en su cuenta de Twitter un video precedido del anuncio de que “el presidente de Ecuador D. Guillermo Lasso” había accedido a firmar la Carta de Madrid. En el video se ve a Lasso firmando un elegante libro, varias personas que aplauden y, de inmediato, con cámara en contrapicado, un diálogo en que Ortega transmite al presidente el agradecimiento de Santiago Abascal, jefe de los ultras, y le invita a firmar dicho documento. Lasso, al que se le ve incómodo, responde “Cuente conmigo”. 

El montaje deja la impresión de que el libro que Lasso aparece firmando es la tal Carta de Madrid, pero no fue así: el grueso tomo es el registro de huéspedes ilustres del Ayuntamiento de Madrid. Como me dijeron desde el mediodía del domingo fuentes gubernamentales “al presidente lo sorprendió Ortega Smith en el Ayuntamiento de Madrid. Él no ha firmado ni va a firmar la Carta de Madrid”. 

Pero estas fueron comunicaciones privadas por WhatsApp, y el aparato de comunicación oficial hasta la noche del domingo no dejó en claro que Lasso no la firmó. Por cierto, salvo el tono de anticomunismo exaltado y el curioso término inventado por Abascal, “Iberosfera”, para referirse a los países que fueron colonias de España y Portugal, no habría mayor reparo en firmar la Carta en tanto esta exalta la libertad y la democracia? siempre y cuando, y esto es crucial, siempre y cuando no fuera propuesta por Vox, un partido intolerante y xenófobo. Firmar tal documento es adherir ingenuamente a una alternativa del todo opuesta a esa libertad y a esa democracia. Aquello no podía permitirse Lasso, y si su “Cuente conmigo” fue una estratagema para sacarse de encima a un tipo que le importunaba en un acto protocolario, cosa que tampoco debía haberse permitido, el Gobierno no podía dejar pasar una manipulación tan grosera sin salir con un comunicado oficial rápido y contundente. Y ello no solo por el público ecuatoriano sino por la posición internacional de Lasso: un gobernante liberal y demócrata no puede estar coqueteando con la ultraderecha europea. 

Si el Gobierno no se pone las pilas en su comunicación, las señales del deterioro serán cada vez peores. Y eso no le conviene a nadie: ni a Lasso ni al país, que necesita estabilidad y liderazgo. Y como al frente están opositores cínicos como Rafael Correa, la necesidad de que se tenga una estrategia y un aparato comunicacional sólido y veraz es aún más apremiante. (O)