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Esteban Lasso OK
Innovacion
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La pandemia aceleró la digitalización de las empresas, pero también dejó al descubierto una verdad, muchas organizaciones invertían en tecnología sin comprenderla. En ese contexto nació BluBear, para demostrar que la informática solo tiene sentido cuando se entiende, se mide y se convierte en decisiones de negocio. Este año cerraron con una facturación de US$ 1 millón.

6 Enero de 2026 06.00

La idea se consolidó en una cafetería de Quito, en plena pandemia, cuando creatividad, estructura y rigor se alinearon para poner los datos al servicio del negocio. Tres trayectorias profesionales se unieron para responder una pregunta ¿Por qué la tecnología que promete eficiencia y datos sigue siendo costosa, inentendible y, en ocasiones, inútil para las empresas?

Esteban Laso, Sebastián del Hierro y Víctor Pinto son las mentes detrás de BluBear una startup que no discute códigos, ni lenguajes de programación. Ofrece algo comprensible, medible y una decisión de negocio.

Esteban Laso: cuando la creatividad deja de ser suficiente

Esteban Laso aprendió temprano que la creatividad, sin datos, puede ser una intuición cara. Tiene 41 años, es quiteño, introvertido y profundamente curioso. Estudió Marketing y Publicidad en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, en Argentina. Creció dentro del mundo publicitario porque su padre trabajó toda la vida en ese sector. Sin proponérselo, absorbió desde niño la lógica de las marcas, los mensajes y las campañas.

En 2009 regresó a Ecuador y se integró a las empresas familiares, Activar y Letrasigma. Entendió que el mercado publicitario local carecía de métricas, de sistemas de medición y de una cultura de datos. “Ganábamos premios, los clientes estaban contentos, pero nadie podía decir cuántas personas habían visto una campaña, ni qué efecto real había tenido”.

Emprender, sin embargo, siempre fue parte de su carácter. “Tengo el emprendimiento en las venas”. Antes de encontrar un modelo sostenible, probó varios caminos. En 2011 lanzó un negocio para reutilizar lonas de vallas publicitarias y cubrir reservorios de agua en época de verano, una solución práctica para evitar la evaporación. Media hectárea costaba alrededor de US$ 11.000. Funcionó, pero no tenía proyección a largo plazo.

Luego vinieron otros experimentos, importó manijas publicitarias y las instaló en buses urbanos; abrió Tocte, un restaurante de comida ecuatoriana fusión que llegó a facturar cerca de U$ 12.000 mensuales; y se involucró en el cultivo de chocho en la hacienda familiar. “Eran ideas interesantes, pero no sostenibles”. En el camino aprendió que para hacer negocios primero hay que conseguir comprador. 

Sebastián del Hierro: estructura, poder y tecnología

Sebastián del Hierro también tiene 41 años. Es primo de Esteban y se conocen desde siempre. Fueron compañeros de clase, de karate, de tenis, de enduro. Estudiaron juntos en el Colegio Americano, pero sus personalidades siempre fueron opuestas y complementarias.

“Yo pienso para ayer”. Es perfeccionista, estructurado, obsesivo con el orden, todo lo contrario de Esteban. Participó en más de 20 Modelos de Naciones Unidas en el colegio. Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca, en España, y en Lumière Lyon, en Francia. Fundó MUNOSAL, el modelo de la universidad que se mantiene hasta ahora.

Se graduó de abogado en 2008, justo cuando estalló la crisis financiera en España. Pasó por más de 400 procesos de selección. Cuando estaba a punto de rendirse, llegó una llamada inesperada de Deloitte Madrid.

Ingresó al programa de reforma de la administración pública española. El objetivo era ambicioso: convertir al Estado en una administración electrónica, capaz de ofrecer servicios públicos desde una computadora. Aunque era abogado, siempre entendió la tecnología. Era el que arreglaba las computadoras, el que instalaba software, el que sabía traducir lo técnico al lenguaje del negocio.

Esa habilidad lo llevó a crecer rápidamente en la consultora. Empezó como junior y terminó como gerente de proyectos. Lideró contratos de US$ 150 millones y cerró uno de US$ 365 millones para el Ministerio de Justicia de España. “Mi valor estaba en la traducción: que el cliente entendiera qué estaba comprando y por qué".

En 2015 regresó a Ecuador. Trabajó en un estudio jurídico, fue CIO de una empresa florícola y director ejecutivo en Link. Para esta época tenía claro que el derecho tradicional no era su camino.

Víctor Pinto: el rigor con mirada analítica

Víctor Pinto es el más joven del equipo. Tiene 31 años, nació en Guayaquil, pero creció en Quevedo. Para él y sus hermanas, el traslado fue una tortura. "No había distracciones, redes sociales, ni mucho que hacer”. Hoy lo reconoce como una bendición y una maldición.

Creció en un entorno rígido y disciplinado. Su familia es dueña de un colegio y para él no había otra opción que ser el mejor de la clase. Desde niño tuvo curiosidad por las computadoras: desarmaba hardware, aunque siempre le sobraron tornillos. En su último año de colegio descubrió la programación y ya no hubo vuelta atrás.

Se graduó como ingeniero en Sistemas en la Universidad Espíritu Santo, con excelentes calificaciones, y hoy es docente universitario. Exigente, metódico y ordenado, empezó su carrera como programador en una institución financiera. Luego llegó a Link, donde Sebastián fue su jefe. “Ahí entendí que la tecnología no sirve si no responde a un objetivo de negocio”. Esa mirada lo convirtió en una pieza clave cuando BluBear empezó a tomar forma.

Los tres llegaron a la oficina de Forbes Ecuador a contar su historia. Entre broma y broma se definieron como estratega, cerebro y músculo. Esteban, como buen emprendedor le insistía como ‘pulga en la oreja’ a Sebastián crear algo juntos. Tuvieron que pasar cinco años para oír un ‘ok’.

Sentados en una cafetería de Quito, horas, semanas, meses llegaron a la conclusión de que de la empresa tenía que ser amigable. “BluBear, es un oso fuerte, confiable, no agresivo. El color azul es símbolo de claridad y confianza’”.

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El objetivo estaba claro, eliminar la intangibilidad del software y volverlo entendible con gráficos, procesos y datos. “Si el cliente quiere que en su software salte un sapo lo hacemos, pero primero le explicamos por qué”.

¿Qué les diferencia del resto?  “Cumplir los tiempos, sin excusas, no hay retrasos. Convertimos la puntualidad en una ventaja competitiva”.

En 2021 llegó el primer cliente. Una empresa de servicios múltiples pidió que arreglaran su página web y pagó US$ 1.200. “Ese proyecto nos dio la vida”. Cerraron el año con seis clientes y US$ 24.000 en facturación.

Crecer, facturar y saber frenar

En 2022 desarrollaron un sistema logístico para productos de higiene, con códigos que permitían trazabilidad exacta para saber qué se vendía, cuánto y dónde. Validaron el modelo con clientes pequeños.  Víctor se sumó oficialmente al equipo. 

Meses después llegó un proyecto clave. Una empresa automotriz solicitó una app de fidelización para la gestión de eventos y creación de comunidad. BluBear ya tenía claro su modelo de software a medida, como un sastre que confecciona un terno. Definen el proyecto sin costo inicial, lo diseñan gráficamente y se convierten en aliados estratégicos.

Cerraron 2022 con US$ 300.000 en ingresos, 12 colaboradores de planta y un equipo de freelances. Los proyectos oscilaban entre US$ 20.000 y US$ 250.000, más un fee mensual de soporte. “Comprar software es como comprar un auto, si no lo mantienes, deja de servir”.

En 2023 tuvieron que tomar una decisión difícil. “Estábamos creciendo rápido, pero perdiendo excelencia. Nos estábamos quemando”.  No abrieron nuevas cuentas, reorganizaron los procesos y pusieron el foco en la calidad y puntualidad. Cerraron el año con US$ 500.000 en ingresos.

Entre los tres se advierte que existe camarería y respeto. Las decisiones se toman por votación. 

El equilibrio llegó a finales de 2024. Facturaron US$ 700.000, con 75 proyectos activos y presencia en 10 países, Ecuador, Colombia, Estados Unidos, República Dominicana, Chile, Francia, España, Perú, Portugal y Argentina; cuentan con 22 colaboradores más un equipo freelance de ocho personas. No han levantado capital externo. “Nuestros costos son bajos porque usamos tecnologías open source y porque entendemos el negocio desde adentro”

En 2025 dieron un nuevo paso, crear productos propios con inteligencia artificial bajo un modelo de suscripción para call centers, empresas de seguros, posventa vehicular y business intelligence . Además, ofrecen, Data Mannagement, Machine Learning e Infraestructura Cloud. Terminaron con ventas de un millón de dólares. “Vamos a convertirnos en un referente regional”.

Fuera del trabajo también hay equilibrio. El estratega juega golf, el cerebro es un amante de los videojuegos y el músculo del pádel. Para los tres las motos siguen siendo el motor. (I) 

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