Forbes Ecuador
20 Agosto de 2026 06.00

María Judith Rosales Andrade

Desde Suiza, este ecuatoriano busca capturar CO₂ del aire

Pedro Reina, de Fortyfour.
Fotos: Cortesía
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Pedro Reina quiere reemplazar el CO₂ que hoy se obtiene de los combustibles fósiles, por uno capturado directamente del aire que nos rodea. Para hacerlo creó fortyfour, una startup científica que ya ha levantado cerca de US$ 1 millón. La primera máquina ya se prueba en invernaderos suizos.

Pedro Reina tenía una obsesión desde niño, construir algo que todavía no existiera. Las historias de ciencia ficción, la innovación y las tecnologías que parecían imposibles alimentaban su imaginación.

Hoy, a los 28 años, desarrolla en Suiza una tecnología capaz de capturar dióxido de carbono (CO₂) directamente de la atmósfera y convertirlo en materia prima para la industria alimenticia. La apuesta se llama fortyfour, una startup de tecnología climática. 

Nació en Ibarra, es el mayor de tres hermanos. Su padre es mecánico automotriz y su madre contadora. “Teníamos una situación económica moderada, sin lujos”.  De niño estudió en la Escuela Militar San Diego, donde adquirió una disciplina que todavía reconoce como parte fundamental de su formación. “Ser disciplinados era una regla sin condiciones”.  Lo que más le molestaba es tener que cortarse el cabello como militar.

La secundaria la cursó en el colegio fiscomisional San Francisco. Quería estudiar ingeniería aeroespacial porque le obsesionaba la idea de construir algo que nadie haya hecho antes. En 2015 ingresó a ingeniería mecánica en la Universidad San Francisco de Quito, con la intención de aprovechar un convenio que le permitía completar su formación académica en Estados Unidos y convertirse en ingeniero aeroespacial. “El acuerdo no funcionó, no pude irme, por lo que decidí obtener un minor en electrónica y control”.

Durante la universidad pasó por algunas pasantías y trabajos de verano. La primera fue en un taller de fundición, donde trabajó con planos, modelados tridimensionales y herramientas CAD. Luego fue profesor en un centro de nivelación par niños. “Me pagaron por tres meses de trabajo US$ 1.000”. En Adelca estuvo otros tres meses. Al graduarse buscó una oportunidad fuera del país. “Escogí Suiza, porque había escuchado que era uno de los países más innovadores del mundo”. 

En agosto de 2020, en plena pandemia llegó a Zúrich para incorporarse a EMPA, la oficina federal suiza de investigación de materiales y tecnologías sostenibles. “Viajé casi como astronauta, por todas las restricciones que había en los aeropuertos y vuelos internacionales”. 

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Allí participó en un proyecto para desarrollar cocinas que utilizaban hidrógeno obtenido del agua como combustible. “Me volví una esponja, quería absorber todo, porque de alguna manera estaba cumpliendo mi sueño de hacer algo que no existía en Ecuador”.

Su siguiente salto fue hacia Estados Unidos.  Art- Pyronexus, una empresa especializada en transformar desechos de plantas y maderas en un carbón especial para limpiar el aire, lo contrató para trabajar en automatización, sistemas eléctricos y control de unas máquinas destinadas a capturar CO2 de la atmósfera utilizando biomasa. 

Tres años después se sintió estancado. “Me conecté con mi supervisor en EMPA y le conté lo que me pasaba. Me propuso un trabajo en un programa de investigación que dirigía en la Universidad de Ciencias Aplicadas en Lucerna y al mismo tiempo la posibilidad de hacer una maestría en Energía y Medio Ambiente. Aquí nació la investigación que terminaría convirtiéndose en fortyfour.

Uno de sus primeros proyectos asignado buscaba capturar CO2 de la atmósfera utilizando microalgas cultivadas en ambientes controlados. La siguiente fue un estudio basado en agua. “La tecnología funcionaba, pero era muy costosa y no lo suficientemente eficiente para convertirse en un producto comercial accesible”.

Pedro convenció a su jefe de buscar nuevos ángulos. “Encontré en los aminoácidos, que existen naturalmente, que son biodegradables y no tóxicos una opción válida”.

Sus primeros años en Suiza no fueron fáciles. Ganaba unos US$ 2.000 mensuales, en un país donde el costo de vida hacía que ese monto fuera insuficiente para vivir cómodamente. 

“Una suite de 30 metros cuadrados me costaba US$ 1.500, me movilizaba en bicicleta, incluso en invierno porque el transporte público era costoso.  Recuerda el consejo de su padre de guardar algo de dinero para las épocas flacas. “Ahorrar me da paz mental. Y ya pude comprar un terreno en Ibarra para en un futuro construir mi casa”.

Al mirar hacia atrás dice que estas dificultades le ayudaron a querer siempre estar un pie más delante.  El siguiente paso fue Talent Kick, una iniciativa dirigida a estudiantes de maestrías y doctorados. El programa le permitió conocer el ecosistema de emprendimiento suizo, aprender a crear empresas, formar equipos multidisciplinarios, validar ideas de negocio y obtener financiamiento inicial sin ceder acciones.

Allí conoció a Henry Müller, quien se convirtió luego en su cofundador. Ambos comparten una obsesión por cuidar el planeta con soluciones y tecnologías limpias y sostenibles. La Propuesta comenzó a atraer financiamiento incluso antes de que fortyfour estuviera constituida legalmente. El primer respaldo fue Gerber Rüf Stiftung que aportó US$ 150.000. Luego llegaron nuevos recursos de Kick Foundation, de la oficina federal de energía y obtuvieron un Bridge Proof of Concept (programa de financiamiento suizo para jóvenes investigadores). En marzo de 2026, la Universidad de Ciencias Aplicadas de Lucerna informó que el emprendimiento obtuvo otros US$ 130.000 del programa BRIDGE para avanzar hacia la aplicación comercial de la tecnología.

En conjunto, han levantado cerca de US$1 millón no reembolsables a través de First Ventures y otros programas de apoyo. 

“Decidí convertir esta investigación en mi tesis de graduación. El objetivo es sacar del aire lo que ahora obtenemos del petróleo”. Suena fácil, por eso no es casualidad que uno de los científicos que más admira sea Richard Feynman, reconocido por su capacidad para explicar conceptos complejos de manera sencilla. “El CO2, es una materia prima invisible, pero lo que utilizamos ahora tiene origen fósil y eso contamina el ambiente. Nosotros buscamos romper esa cadena”.

El primer mercado son los invernaderos. ‘Las plantas utilizan CO2 durante la fotosíntesis. Nosotros con máquinas fabricamos ese mismo dióxido a partir del aire y lo convertimos en la materia prima que la industria necesita, sin generar nuevas emisiones”.

Pedro Reina - fortyfour
Pedro Reina y Henry Mulleür, de fortyfour. Fotos: Cortesía

La primera máquina está en etapa de prueba. “Es una tecnología totalmente nueva, nada existe. Todo sale de nuestra cabeza y de horas interminables de investigación. Es un proceso costoso y poco visible. Hemos hecho por lo menos unos mil prototipos y pruebas”.

Según sus proyecciones, un invernadero requiere por cada cinco hectáreas una de estas máquinas, que cuesta alrededor de US$ 500.000. “Estimamos que este sistema reduce por lo menos en un 30% el tiempo que las plantas necesitan para completar los ciclos de crecimientos, especialmente en cultivos de flores y verduras”.

Recientemente, esta startup científica ganó el premio Diamante en Bruto, otorgado para emprendimientos en fase inicial, por lo que recibieron más de US$ 12.000. El reto es demostrar que una tecnología desarrollada desde la ciencia se convierta en un producto que alguien esté dispuesto a comprar.

Desde julio de 2025 Pedro trabaja a tiempo completo en su startup. El salario promedio de un investigador bordea los US$ 9.000 mensuales, pero hay que tener en cuenta que el costo de vida en ese país es elevado. “Ahora ya puedo pagar el transporte público y salir a comer de vez en cuando en un restaurante con mi novia”.

En carpeta esta una segunda ronda semilla para financiar la fabricación de las máquinas, iniciar la comercialización y desarrollar una solución para bebidas carbonatadas. 

Fuera del laboratorio, prepara su matrimonio que se realizará el próximo año en Ibarra. Además, es un chef de comida ecuatoriana. Prepara ceviches, corviche de atún, fritada y hornado. Son platos que le permiten mantener conexión cotidiana con Ecuador, país al que asegura volverá. (I)

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