Ella es la chispa digital de Coca-Cola
Daniela García Noblecilla Periodista
Daniela García Noblecilla Periodista
Por las calles de Ibarra, Ana Isabel Carrión aprendió a mirar el mundo con el afán de descubrirlo. La menor de tres hermanos creció en una casa donde la calidez familiar, los amigos y la alegría trazaron el ritmo de su infancia. Esa misma afinidad la define como una de las cabezas regionales de una marca conocida globalmente: Coca-Cola. A sus 44 años, es la directora de Plataformas Digitales a Consumidor para toda Latinoamérica, una posición que la coloca al frente de la estrategia digital en un continente que vive al ritmo de las pantallas y los datos.
"Siempre supe que quería trabajar en esta profesión", comparte Carrión en una entrevista con Forbes Ecuador. Su voz no es la de alguien que recita una hoja de vida, sino la de una mujer que camina con intuición. No es de las que buscan imponerse en una sala. Prefiere guiar desde el respeto y el entusiasmo compartido. "Me gusta conectar de verdad. Ahí es donde me siento más cómoda".
Es ingeniera comercial con especialización en Marketing en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y luego se especializó en Barcelona con un posgrado. También cursó una certificación en Innovación y Táctica. Transitó por consultoras, agencias, empresas de servicios y, desde hace 13 años, forma parte de esta multinacional. Su recorrido es constante, pero no lineal. Porque en el mundo del mercadeo —y en la vida— hay que saber adaptarse, reinventarse y aprender. "Estoy convencida de que descubrir es alimentar la visión del mundo".
Ella no se presenta como una ejecutiva de manual. Se define como una mujer de temperamento ligero, muy familiar, apasionada por lo que hace y siempre con ganas de formarse en algo nuevo. Tal vez ese sea su diferencial en un universo de métricas, público y algoritmos; ese don de entender a las personas y contar historias que tengan un vínculo.
Su primer trabajo llegó mientras aún era estudiante universitaria. En un garaje, un grupo de jóvenes montó lo que hoy llamaríamos una startup. Se trataba de un servicio de recordación de fechas especiales, pensado para ejecutivos ocupados que olvidaban aniversarios, cumpleaños y celebraciones importantes. "Era CRM puro, comunicación uno a uno, solo que no sabíamos que se llamaba así". Su papel era personalizado, hacía llamadas a los clientes para recordarles esas fechas importantes y sugerirles regalos. "Yo les decía la vez anterior enviaste flores, esta vez podrías mandar chocolates con esta nota".
No sabe si el emprendimiento prosperó. Lo que sí entendió fue que esta rama no es solo publicidad, es entender a las audiencias, anticiparse a sus necesidades y cultivar momentos. Después combinó estudios y trabajo, esta vez en consultoras donde manejó líneas nacionales e internacionales. El mundo del BTL, los eventos y las relaciones públicas la mantuvieron cerca del consumidor, en ese terreno híbrido entre el ingenio y la ejecución.
Luego vino el salto a una multinacional de consumo masivo, Philip Morris, una empresa donde el marketing opera bajo reglas muy distintas debido a las restricciones del sector. Allí se enfocó en planes con un énfasis en el uso ético de bases de datos y la segmentación de audiencias. Su tarea como Consumer Engagement Executive la llevó a perfeccionar aún más su capacidad de entender audiencias específicas, formular experiencias memorables y trabajar con una estructura corporativa internacional exigente, con sede en Suiza y estándares globales de cumplimiento.
Tenía poco más de treinta años cuando ingresó a esta firma, luego de atravesar un proceso de selección con múltiples etapas y entrevistas...
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