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Liderazgo

¿Entornos abiertos o silencio total? Dónde rendís mejor según tu personalidad (y por qué)

Mark Travers

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La evidencia científica muestra que los rasgos individuales influyen en la concentración y el desempeño. Un test basado en tres dimensiones cognitivas permite identificar el propio perfil y ajustar la rutina diaria para obtener mejores resultados.

26 Febrero de 2026 12.25

Muchos creen que la productividad es una habilidad universal: o la tenés o no la tenés. Y si sentís que no la tenés, parece que la única salida fuera armar listas de tareas cada vez más largas, imponer rutinas más estrictas o apelar a una fuerza de voluntad inagotable.

Sin embargo, tanto la investigación psicológica como la ciencia organizacional dicen otra cosa. En concreto, sostienen que las diferencias individuales en la cognición, la motivación y los ritmos biológicos son las que realmente marcan la productividad y el rendimiento laboral.

A partir de esa mirada desarrollé el test de personalidad de ritmo laboral, que traza tu estilo cognitivo en tres dimensiones con base clínica: intensidad, concentración y estructura. Con esta herramienta podés identificar cuál de los ocho arquetipos de productividad se ajusta mejor a tu perfil.

Antes de avanzar, vale la pena entender la base científica que explica qué mide realmente la prueba. Acá tenés tres razones que muestran por qué tu productividad es el resultado de una variación biológica que se puede medir.

La productividad depende del ritmo y de los ciclos

Las personas no piensan ni trabajan con la misma intensidad a lo largo del día. Además del ritmo circadiano, que regula el ciclo diario de sueño y vigilia, existen ritmos ultradianos más breves. Entre ellos se destacan los ciclos de concentración cognitiva de aproximadamente 90 minutos que identificó la psicofisiología. En definitiva, esos ciclos marcan tu nivel de atención y tu rendimiento en cada tramo de la jornada.

Las investigaciones sobre el sueño y la cronobiología documentaron estos ciclos de descanso y actividad y explicaron cómo influyeron en el estado de alerta, la memoria y la toma de decisiones. Eso implica que algunas mentes están preparadas para sostener ciclos largos y profundos de concentración, mientras que otras atraviesan períodos mucho más breves. Muchas veces estas diferencias se atribuyen a la pereza, pero en realidad responden a impulsos atencionales.

Por ejemplo, los trabajadores estables, con un ritmo más constante, suelen sentirse más productivos cuando siguen una programación regular y repetitiva. En cambio, quienes tienen un ritmo variable alcanzan su mejor rendimiento en distintos momentos del día y, por eso, les resulta más conveniente alternar entre diferentes tareas laborales.

La productividad depende de la personalidad y del estilo de trabajo

Un factor de la productividad que muchas veces pasa desapercibido es la personalidad. Tal como indicó un estudio de 2025 del Journal of Innovation and Entrepreneurship, los rasgos generales —en especial la responsabilidad, la extroversión, la apertura y la estabilidad emocional— predicen de manera consistente el rendimiento laboral.

En la misma línea, una investigación de 2023 publicada en el Journal of Research in Personality señaló que la personalidad de cada individuo interactúa con su entorno, y esa relación impacta tanto en la concentración como en la satisfacción laboral. Más específicamente, los autores sostuvieron que los trabajadores con un alto nivel de extroversión se concentran mejor y se sienten más felices en entornos abiertos.
Las personas con alto nivel de neuroticismo se concentran mejor en entornos más tranquilos y privados.

En otras palabras, tu personalidad influye tanto en tu productividad como la cantidad de trabajo que tenés. Desde esta mirada, resulta lógico que algunas personas rindan mejor con estimulación externa y variedad, mientras que otras necesiten calma y pocas interrupciones para dar lo mejor de sí.

La productividad depende del estilo de participación en las tareas

La forma en que prestás atención a tus tareas, ya sea a través de un compromiso sostenido o de ciclos más breves, también cuenta con respaldo de la investigación cognitiva. Los estudios sobre la multitarea y la atención demostraron que las estrategias de control atencional y la capacidad para alternar entre tareas varían considerablemente entre las personas. Así, mientras algunos pueden mantener un estado de concentración profundo durante períodos prolongados, otros rinden mejor al alternar actividades o trabajar en tramos cortos de foco intenso.

Networking, Cowork, trabajo, contacto de trabajo (Imagen creada con IA)
Una investigación de 2023 publicada en el Journal of Research in Personality señaló que la personalidad de cada individuo interactúa con su entorno, y esa relación impacta tanto en la concentración como en la satisfacción laboral.

Por ejemplo, la evidencia indicó que las interrupciones frecuentes no afectan a todos por igual. En ciertas personas, los cambios impactan de lleno en la concentración; en otras, la adaptación resulta más rápida y natural. Esta variabilidad en el estilo atencional influye de manera directa en cómo conviene estructurar las tareas para alcanzar un mejor rendimiento.

Por qué esto importa si querés resultados reales en tu productividad

Cada uno de estos aspectos se apoya en observaciones científicas concretas sobre las diferencias en el desempeño psicológico y conductual de las personas. Además, las investigaciones en ámbitos laborales mostraron de manera consistente que, cuando no encajan las predisposiciones individuales con las exigencias del trabajo, baja la calidad del desempeño y también la satisfacción laboral.

Un ejemplo claro es la teoría de las características del trabajo, una base clásica de la psicología organizacional. Esta teoría sostiene que el diseño de una tarea —la variedad de habilidades que exige, el nivel de autonomía, la identidad de la tarea y la retroalimentación que brinda— incide en la satisfacción y en el rendimiento porque impacta en estados psicológicos que varían según cada persona.

De la misma manera, la investigación longitudinal dejó en claro que no se puede predecir la productividad individual con precisión si no se contemplan las diferencias personales. El estudio mostró que los modelos predictivos de productividad y bienestar en equipos de software funcionaron mucho mejor cuando se diseñaron de forma individual, en lugar de aplicar un esquema universal para todos.

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No se puede predecir la productividad individual con precisión si no se contemplan las diferencias personales. 

En pocas palabras, las personas con distintos ritmos de trabajo actúan de manera diferente, y esas diferencias impactan de lleno en la productividad. Con esta mirada, si querés rendir más en tu día a día, conviene revisar cómo encarás tu trabajo:

  1. Seguí tu ritmo. Prestá atención a los momentos de alta y baja energía a lo largo de la jornada. Esos patrones suelen repetirse y dan pistas claras sobre cuándo exigirte más y cuándo bajar un cambio.
  2. Reconocé las necesidades de tu contexto. ¿Rendís mejor en espacios tranquilos y estructurados o en ámbitos más sociales? Identificá tu punto justo y sacale provecho.
  3. Ajustá el tipo de tarea a tu forma de concentrarte. Si obtenés mejores resultados con foco profundo, organizá tareas exigentes en bloques largos. Si te resulta más efectivo alternar actividades, estructurá la jornada con cambios que mantengan tu energía activa.
  4. Armá una estructura que encaje con vos. No todos necesitan horarios rígidos, y no todos funcionan sin cierta organización. Lo que le sirve a otra persona no necesariamente te va a servir a vos. Tener esto presente ayuda, sobre todo si muchas veces te comparás con los demás.

La productividad no debería funcionar como un patrón rígido e inalcanzable. Cuando estas dimensiones se alinean con tus necesidades y preferencias, el esfuerzo pesa menos y los resultados mejoran. Por eso, entender tu ritmo de trabajo te da una ventaja concreta desde el primer momento. Te permite decidir cuándo conviene asignar tareas exigentes, cuándo colaborar con otros y cuándo resguardar espacios de concentración sin interrupciones.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com

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