Forbes Ecuador

La guayaquileña que audita en 20 países de Latinoamérica

Daniela García Noblecilla Editora digital

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Llegó a Londres en plena pandemia y por amor. Hoy, Carla Cortez forma parte del equipo global de Baker Tilly y recorre el mundo auditando a varias oficinas de esta multinacional que en 2024 tuvo ingresos por US$ 5.620 millones y 2025 cerró con US$ 6.800 millones.

La guayaquileña Carla Cortez es parte de las 100 personas que operan en la oficina global de Baker Tilly en Londres. A sus 40 años, es la única ecuatoriana y una de las tres latinas que trabaja en esta multinacional, una de las mayores redes de auditoría del mundo.

Baker Tilly International está presente en 141 países, con representación en toda Latinoamérica. En 2024, reportó ingresos por US$ 5.620 millones y 2025 cerró con US$ 6.800 millones, según su página oficial, y suma 43.515 colaboradores a escala global. Desde Londres, Cortez forma parte de un equipo de cuatro personas que tiene a su cargo una misión: auditar a los auditores.

“Dentro del corporativo, yo trabajo en el equipo de estándares profesionales, que está dividido en calidad y riesgos, y auditoría. Nos dedicamos a viajar alrededor del mundo. Vamos a las oficinas de la red y las revisamos”. Aquello implica evaluar la calidad técnica y aspectos como ética, independencia y alineación con la estrategia global. “Después de las revisiones tenemos sesiones en las que comentamos los aspectos positivos y los aspectos a mejorar y mantenemos contacto permanente con las oficinas”. 

Cortez ingresó a Baker Tilly en mayo de 2021 como gerente de auditoría técnica y mejoramiento. Hoy, su cargo está asumiendo nuevas responsabilidades. Además de liderar revisiones en distintas regiones, participa en conferencias internacionales —principalmente en Latinoamérica— y actúa como enlace entre la región y el corporativo. “Por mi idioma, soy un poco el puente de interpretación entre el CEO u otros directores que no hablan inglés y la región”. 

“Nací en Guayaquil. Mi papá es de Ambato y mi mamá es de Guayaquil”. Su infancia y juventud tuvo constante movimiento. “Pasaba entre estas dos regiones, viajé mucho por Ecuador y, si te soy sincera, hasta hace cinco o seis años, si alguien me preguntaba si yo iba a migrar, mi respuesta hubiera sido un definitivo no. No porque tuviera miedo. Confío en mi país, en lo que me ha dado”. Cortez no se fue de Ecuador persiguiendo una oportunidad laboral ni huyendo de una crisis. Se fue por amor. 

Pero su formación académica y profesional sí fueron la clave para brindar sus conocimientos al mundo. Estudió en el Colegio Politécnico y continuó en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), donde estudió dos carreras: auditor CPA e ingeniería en auditoría, con especialidad en calidad de procesos. 

Los cimientos de su carrera

Cuando tenía 22 años ingresó a Ernst & Young, una de las Big Four en ese entonces, donde inició como asistente de auditoría y construyó su carrera en el área de banca y finanzas. Fueron años de jornadas intensas, inventarios en diciembre y cierres financieros que se extendían hasta la madrugada, pero también de formación acelerada. Tras cuatro años y medio, llegó a un rol senior, con responsabilidades de supervisión y una claridad sobre hacia dónde quería llevar su perfil profesional.

Ese camino la llevó a salir del esquema tradicional de la auditoría financiera para enfocarse en gestión de calidad y mejoramiento continuo. Pasó por Dole Ecuador como senior en Process Improvement and Control, mientras cursaba una maestría en auditoría de gestión de la calidad en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). 

Luego asumió una jefatura como auditora interna en la Fiduciaria del Pacífico, donde lideró equipos y reportó directamente al directorio. Más tarde, en el Banco Amazonas, impulsó uno de los proyectos que hoy define como un hito personal. “Propuse, estructuré y logramos crear un departamento de organización y métodos. Ver que eso se materialice fue uno de mis mayores logros en Ecuador”. Aquellas experiencias fueron su base silenciosa para su salto a Londres. 

Carla dejó el Banco Amazonas a mediados de 2019 y, casi en paralelo, conoció a quien hoy es su esposo. “Hace seis años conocí a Alex, hijo de migrantes que salieron del Ecuador en 1999, producto de la crisis. Él emigró muy joven a España y luego hizo su vida en Inglaterra”. 

Se conocieron en uno de sus viajes a Ecuador y todo avanzó con una velocidad que ni ella misma se lo creía “En el lapso de un año nos conocimos, nos enamoramos y nos prometimos”. Entonces llegó la pandemia y con ella, el cierre de fronteras. “Sabíamos que la ruta más rápida era la visa de esposa y que esa posibilidad se cerraba el 31 de diciembre de 2020”. Se casaron en septiembre y Carla ingresó al Reino Unido en diciembre de ese año.

“Yo tenía 35 años. Cuando llega una relación en la que alguien te dice: ‘Esto es lo que veo, lo veo contigo y quiero construirlo’, eso cambia todo”. Carla sabía lo que significaba dejar su país, su familia y su red. “Si yo decía que toda mi vida había vivido en Ecuador, conocí un chico y me fui a otro país donde no tenía ningún tipo de conexión, me habrían dicho que me volví loca (...) Él ha sido mi mayor fan y uno de los ejemplos más fuertes de superación y resiliencia que tengo”.

Los primeros meses en Londres fueron de adaptación. Migratoriamente, esperó cerca de tres meses para recibir su tarjeta de residencia y el número de seguro social que le permitía trabajar. “Fue un tiempo para adaptarme a la sociedad inglesa, aprender desde cómo funciona el transporte hasta administrar un hogar por primera vez en 35 años”. La nostalgia fue inevitable, pero también la incertidumbre. “Cuando nos casamos, lo hicimos civil y con muy poca gente. Yo pensaba: no sé qué va a pasar con el mundo ni si cuando regrese mis padres van a estar”. 

Carla Cortez
Carla Cortez junto al equipo global de Baker Tilly en Londres. Foto: cortesía. 

Trabajar nunca estuvo en duda. “Yo trabajo desde los 17 años. Nunca he dejado de trabajar”. Apenas obtuvo los documentos, se volcó de lleno a reconstruir su perfil profesional para el mercado británico. Se apoyó en LinkedIn, contrató a un asesor para rehacer su hoja de vida, “gasté 80 libras, la mejor inversión de mi vida (...) Me dijeron que resalte mi carrera, el idioma y personalidad. El perfil del contador suele ser reservado y yo soy absolutamente extrovertida. Explótalo”. 

Recibió sus papeles en abril de 2021 y en mayo había comenzado a trabajar en Baker Tilly, tras un proceso de tres entrevistas. “La gente no me creía. En una semana tuve entrevistas con una fintech, un banco de capital de Emiratos Árabes y Baker Tilly. Pero yo sentí desde el inicio que este era el lugar”. Así comenzó su vida profesional en Londres, no desde cero, pero sí desde una trayectoria que supo traducir a un nuevo idioma y un nuevo mercado. 

Carla Cortez no habla de logros individuales sin volver al origen. Dedica el éxito de su carrera a sus padres, a quienes agradece haber invertido en su educación. “Ellos invirtieron el dinero que tuvieron para que mi hermano y yo tengamos herramientas para triunfar en la vida. Nos enseñaron a aprender a pescar, no a que nos den el pez”. A quienes migran les dice que hay que levantar la voz con argumentos, ganarse el espacio con resultados y demostrar, con conocimiento, a qué se ha venido. (I)

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