Forbes Ecuador
19 Septiembre de 2026 06.07

David Paredes Periodista

Cumplió su sueño: llegó a la Unesco y lidera proyectos con impacto mundial

Anna Norata, consultora para la Unesco.
Fotos: Cortesía
Share

Anna Norata tiene 29 años y coordina desde París el proceso de resiliencia sísmica global para las Naciones Unidas. Sus dos títulos profesionales y sus tres maestrías la llevaron a cumplir su aspiración de llegar al sistema de este organismo internacional.

Anna Norata sabe lo que es la persistencia. Esta arquitecta y politóloga golpeó cientos de puertas en Europa en 2024 y envió hasta 50 hojas de vida semanales en su búsqueda de pasantías y trabajos. Tuvo que esperar un año y medio hasta encontrar el empleo de sus sueños. 

Desde niña siempre quiso ser parte de una organización internacional. En el colegio participaba en los modelos de Naciones Unidas, una simulación académica y juego de rol en el que los estudiantes se convierten en diplomáticos. Así descubrió su pasión por las relaciones internacionales.

Actualmente trabaja como consultora para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Llegó a este cargo en 2025, después de tres pasantías y tres maestrías que le abrieron las puertas de esta agencia de la ONU. Vive en París, Francia, donde lideró proyectos enfocados en infraestructura resiliente y mapeo de códigos de construcción sismorresistente en el mundo. 

"Dependiendo de la escala del proyecto, si son actividades multipaís o regionales, estas iniciativas pueden movilizar rangos de US$ 10 millones y US$ 50 millones".

La misión de la Unesco es lograr la paz y la seguridad internacional mediante la cooperación en educación, ciencia, cultura, comunicación e información. Para este 2026 cuenta con un presupuesto de US$ 610 millones, según información publicada en su portal oficial.

Anna asegura que construyó su historial profesional sin un manual o plan estructurado. Es la única de su familia en haberse graduado de la universidad. Estudió Política internacional en la Middlesex University, en Londres, creyendo que esto le acercaría a una carrera diplomática. 

"Quería entrar a la Academia Diplomática, pero para obtener un cupo necesitaba una maestría. Hice una en Derechos Humanos en la Universidad Oberta de Cataluña, que me hizo entender que la diplomacia no era el camino que buscaba".

Regresó a Ecuador a enfrentarse con la realidad. Colaboró en Al Forno, la cadena de restaurantes de sus padres, de origen italiano. Ayudaba en marketing y era la encargada de uno de los locales

Frustrada por no conseguir un trabajo que le permitiera ejercer su carrera, optó por estudiar Arquitectura. En 2018 ingresó a la Universidad de las Américas para su segundo pregrado y antes de culminarlo obtuvo una beca para un nuevo posgrado.  

"La Arquitectura me permitió reconectarme con mi faceta creativa y reencontrarme con el dibujo. A mitad de la carrera entendí que no quería ser de esas arquitectas de casco, botas y planos en medio de una construcción".

La joven eligió el diseño, la investigación y el urbanismo. En este último campo hizo su segunda especialización. Todavía no acababa el pregrado, cuando le ofrecieron una beca para que estudiara Planificación Urbana y Gestión de la Ciudad. 

En la pandemia, los restaurantes se cerraron por algunos meses. Norata tenía tiempo libre y decidió aceptar este programa de estudios. Esta maestría le permitió ampliar su percepción de la arquitectura más allá de la construcción y el diseño, conectándose con la política pública y el espacio.

Anna Norata, consultora de UNESCO Under 30 - Fotos cortesía
Anna Norata, en los exteriores de a UNESCO, en París. Foto: Cortesía

Una vida de nómada

En 2023, Anna fue admitida para una tercera especialización en la universidad de Oxford, en Inglaterra. Estudió Desarrollo Urbano Sostenible en un programa flexible y semipresencial que le costó US$ 26.718 anuales.

Se financió con algunos ahorros, la ayuda de su familia y lo que ganaba en sus trabajos como profesora de inglés y correctora de estilo. Estas dos actividades las combinaba con su cargo en el área de marketing del restaurante de sus padres. A la distancia manejaba las redes sociales de Al Forno y viajaba a Inglaterra una semana cada dos meses para asistir a las clases presenciales. 

"Fue una época complicada. Para abaratar costos me convertí en nómada. Vivía en la casa de mis tíos en Italia, me quedaba por meses en el sofá de amigos que estaban en España y Francia. Encontrar empleo fijo me resultaba complicado, porque las empresas veían que tenía el perfil, pero no la experiencia en Europa".

La oportunidad de entrar al sistema de la ONU llegó a través de una publicación en LinkedIn. Uno de sus compañeros de Oxford le acercó esta oferta laboral. Era una pasantía de seis meses en la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) en Panamá, para la iniciativa Making Cities Resilient 2030

"Al leer la descripción del puesto sentí que encajaba perfectamente con mi perfil y mi pasión por el desarrollo y el trabajo con gobiernos locales".

El proceso de contratación fue largo. Se postuló en enero de 2024 y empezó en noviembre de ese año. Se mudó a Panamá, mientras finalizaba la tesis de su posgrado.

Hizo los deberes y aprendió cómo funcionaba este organismo desde adentro. Esta experiencia le dio sentido a su decisión de estudiar dos carreras que en la práctica no son complementarias. 

"Tuve la suerte de probar, fallar y volver a intentar hasta darle sentido a mis dos profesiones. Yo fabriqué mi camino sin un guion establecido. Mi carrera no es como la de un cirujano que tiene que estudiar medicina primero, especializarse y después definir qué tipo de cirugía quiere hacer".

Una vez finalizado su paso por Panamá, le notificaron que no había presupuesto para que formara parte del equipo definitivo de esta cartera de la ONU. Sin embargo, hizo buenas relaciones y tejió una red de contactos.

De Haití a Francia

Al culminar su estadía en la UNDRR, aplicó para otra pasantía, pero en la Unesco. Esto le significó volver a Europa y asentarse en París. Era 2025.

Dos meses después de empezar en su nuevo cargo en Francia, un excompañero de Panamá la contactó y la invitó a ser consultora externa en un proyecto en Haití. Ella era la candidata ideal porque conocía a detalle los programas que se manejaban en ese país y porque habla inglés, francés, italiano, español y alemán. 

"Durante cuatro meses realizaba ambas actividades. La diferencia de horarios entre Francia y Haití fue mi mejor aliada. Trabajaba de 9:00 a 17:00 en la Unesco y de 17:00 hasta la medianoche en el proyecto de Haití". Cuando la requerían en territorio haitiano, tenía la libertad de viajar y reunirse con las autoridades de ese país. 

Su labor en ese proyecto consistió en elaborar un diagnóstico de resiliencia urbana en Cabo Haitiano, aplicando herramientas metodológicas colaborativas de la UNDRR para evaluar la resiliencia general de la ciudad y sus sistemas de alerta temprana ante desastres naturales, como huracanes. En este tipo de proyectos ella cobra US$ 10.000. 

El desempeño de Anna en la consultoría de Haití y en su pasantía impresionó a sus superiores en la Unesco, quienes le ofrecieron un contrato en la unidad de coordinación de Reducción de Riesgos de Desastres en París.

Ya mapeó países como Ecuador, Colombia, Chile, México, Guatemala, Costa Rica, Argentina, Japón, India, Pakistán y Tayikistán. 

Para Norata, ver cómo su trabajo contribuye a construir ciudades más seguras, resilientes y sostenibles en distintas regiones demuestra que no existe una sola ruta para alcanzar el éxito profesional: a veces, hay que construir el propio camino. (I)

10