Forbes Ecuador
Susana Cárdenas creó la marca premium Cárdenas Chocolate.
Movimiento Inspirador
Susana Cárdenas creó la marca premium Cárdenas Chocolate.
Fotos: Robinson Chiquito

De Chone a París: el chocolate premium, originario de un árbol centenario

Julissa Villanueva Periodista

Share

Susana Cárdenas convirtió el origen del cacao manabita en una propuesta de valor que llega a París, España y Estados Unidos. Su chocolate utiliza la pepa de árboles vinculados a La Providencia, una hacienda de Chone que data de 1891. Con su marca Cárdenas Chocolate produce 10.000 barras al año. En 2025 publicó el libro Tierra Hermosa.

9 Septiembre de 2026 06.00

Tenía unos diez años cuando Susana Cárdenas hizo su primera barra de chocolate. Su padre llegó a casa con el cacao de la finca familiar en Santa Ana, Manabí, y la familia lo procesó con un molino manual, una sartén y cubetas de hielo que hicieron las veces de moldes. Al día siguiente, la niña llevó los chocolates a la escuela y encontró ahí la primera validación de un producto que, cuatro décadas después, llega a mercados internacionales.

Todavía no sabía que aquella experiencia terminaría convertida en una marca. “En realidad ese fue el primer momento de un auténtico bean-to bar, el arte de elaborar un exquisito chocolate artesanal desde la semilla del cacao”, reconoce ahora. 

Pero primero debía salir de Ecuador, convertirse en periodista, cubrir historias de migración y pasar por Europa antes de descubrir que su capacidad para observar, investigar y contar historias sería también una ventaja competitiva.

Su propuesta la llevó a vender una barra de edición especial por US$ 200 en Londres. Ocurrió en 2018 y fue su impulso para diversificar la producción. También publicó Tierra Hermosa: una historia ecuatoriana de chocolate, un libro donde reconstruye sus vivencias y las investigaciones que documentan cómo Ecuador fue la cuna del cacao, domesticado hace unos 5.500 años. La obra se ha convertido en una forma de llevar esta narrativa al mundo y su presentación más reciente fue en Silicon Valley, en junio de 2026.

Susana Cárdenas nació en Manta y allí pasó su infancia. Creció entre la creatividad de su padre, Ramiro, quiteño, químico, inventor y creador de máquinas industriales, y la sensibilidad de su madre, ‘Gigí’, vinculada a una familia tradicional de cacao de Manabí. 

Desde pequeña escribía poemas y estudiaba literatura y periodismo. “A mí siempre me interesó la parte humana”, dice, mientras ofrece la entrevista en una de las salas de reuniones del Congreso Chokao, en agosto de 2026, en Samborondón. 

Su primera gran salida del país fue periodística, menciona. En 2003 llegó a Madrid, donde cubrió la migración ecuatoriana y otros temas para medios de Ecuador, España y Chile. Después se radicó en tierras británicas. “Por amor me fui a Londres. Estuve casada con un inglés casi una década. En esa etapa vi cómo allá la historia del origen tenía un mercado selecto, muy valorado”, recuerda. 

Fue en esa etapa cuando un catador de chocolate se le acercó y propuso trabajar en la imagen de su negocio. “Yo, al principio, estaba un poco escéptica. Dije, bueno, vamos a ver qué hay. Y la verdad es que eso fue la iniciación a un mundo que había estado presente, pero de alguna manera dormido”.

El trabajo la llevó a conocer chocolateros, talleres y tendencias de Francia e Italia, y a asistir a los salones de chocolate de París. También comenzó a catar cacao y a descubrir orígenes como Papúa Nueva Guinea y Madagascar. Entonces, volvió a mirar a Ecuador como la niña que creció entre chocolate casero, en barra o en una taza caliente para la siesta.

“Considero que la gente no le da el valor que verdaderamente tenemos: un peso que no lo pueden tener nunca los suizos, los franceses, ni los que hacen chocolate en Tokio”.

En 2013 regresó a Ecuador y fundó Montecristi Chocolate, firma que obtuvo reconocimientos y comenzó a exportar, pero ese proyecto duró cuatro años. 

Por su doble nacionalidad, compartida con la británica, va y viene constantemente. En 2017, lanzó Cárdenas Chocolate, una marca que impulsa de manera personal y que emprendió con una inversión inicial de US$ 50.000 bajo un esquema bootstrapping, estrategia que utiliza únicamente los recursos propios y los ingresos generados por la propia actividad, sin depender de financiación externa ni de inversores. 

Esta propuesta tomó un giro cuando llegó a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, donde cursó entre 2017 y 2018 un programa de emprendimiento. 

Cárdenas fue seleccionada entre 400 postulantes, de los cuales 74 fueron aceptados, entre ellos diez mujeres y dos latinoamericanos, según su relato. Estaba rodeada de emprendedores provenientes de sectores como finanzas, tecnología y derecho.

“Yo estaba en un punto de mi vida en el que tenía que tomar una decisión importante y debía salir de ahí con una propuesta especial. Siempre recuerdo estas palabras que me decía mi papá: ‘Uno sabe qué hacer; hacer siempre es lo más difícil’”. Para ella, Cambridge fue un punto de quiebre.

“Cuando empezaron las presentaciones, me di cuenta del poder que tenía al ser periodista, al contar la historia con datos, referencias históricas y rigor. Ellos me dijeron: ‘Susana, lo tuyo es heritage, que significa herencia. Lo tuyo es la heritage cacao”.

La palabra resumía algo que ya existía en Manabí: territorio, memoria familiar, productores, cacao y una historia que podía convertirse en parte del valor del producto. La Providencia, una antigua hacienda vinculada a su familia materna, arrancó el cultivo de cacao nacional en 1891, en Chone, y pasó a formar parte de ese relato.

Manabí reúne alrededor de 20.000 productores de cacao nacional, de los cuales 5.000 están en la zona de Chone y sus parroquias. Una fracción de 1,5 toneladas anuales de cacao se derivan para la producción de estas barras de chocolate, seleccionados por su genética y origen, explica. 

Cárdenas Chocolate registra una producción aproximada de 500 kilogramos de chocolate al año, que equivale a unas 10.000 barras de 50 gramos.

La siguiente apuesta es elevar la productividad sin abandonar el modelo de pequeña escala. Desde 2025, Cárdenas Chocolate trabaja junto con Regeneration Field Institute, en Ricaurte, en la capacitación de 95 productores en técnicas de agroforestería, con el objetivo de mejorar el rendimiento de cultivos antiguos. Es una institución educativa y un centro de capacitación enfocado en la agricultura regenerativa y sostenible, con base en California (Estados Unidos). 

Un libro memoria

En 2018, Susana Cárdenas creó una presentación especial inspirada en su madre, para una de las barras más exclusivas de colección. La estrategia también tomó forma en el empaque. “¿Cómo te distingues de un mercado que está abarrotado, saturado? Que todo el mundo dice tener el chocolate más exquisito”. Su respuesta fue convertir la historia en parte de la identidad visual y pasó de los tonos verde selva a un rosado marmoleado.

“Nadie tenía esta presencia. Porque aunque tú no creas, la gente sí se fija en la carátula de un libro. Lo mismo sucede con el chocolate”. Logró vender esta barra en 150 libras esterlinas, unos US$ 200 al tipo de cambio promedio de ese año. Se trataba de un microlote con 100 barras llenas de exclusividad, con 80 % de cacao puro y elaborado con fruto de los árboles centenarios de la hacienda La Providencia.

Susana Cardenas
Susana Cárdenas muestra el libro Tierra Hermosa. 

En 2019 llevó ese concepto a París y trasladó el mármol rosado a toda la colección Tierra Hermosa, llamada así en homenaje al pasillo Manabí.

La colección contempla barras con 72 % de cacao que combina notas florales, frutales, de frutos secos y caramelo. La misma base aparece con pequeños trozos de los granos de cacao naturales que han sido fermentados, secados, tostados y triturados, que aportan textura e intensidad; con café especial de Jipijapa; con sal marina y frutas andinas.

Cárdenas llegó al Salón de Chocolates de París con al menos 3.000 barras. No vendió todo durante la feria, pero posteriormente colocó parte del inventario en España y Francia. En Europa, cuenta, una tableta podría venderse entre 8 y 10 euros (poco más de 10 dólares, como máximo).

La expansión hacia Estados Unidos tuvo que esperar. La pandemia paralizó ferias, viajes y mercados, pero el cacao continuaba en el campo. “Si no cosechamos, esto se va a perder, se va a pudrir", le decían. “Entonces, yo les dije: ‘¿Sabes qué? Cosechemos, compremos, lo vamos a hacer como un acto de fe. Porque yo sé que esto no va a ser eterno’”.

Compró alrededor de 500 kilos de cacao y bautizó aquella producción como “la cosecha de la esperanza”. Una clienta en España aceptó esperar y mantener la relación comercial mientras el mercado se recuperaba. “Lo importante es mantener la marca”, acordó.

Ese episodio muestra una dimensión menos visible de un negocio de nicho, que son las relaciones. “Cuando esas personas saben que tú estás con ellos, en las buenas, en los momentos de gloria, y en los momentos delicados, tú creas un vínculo. Porque te conocen como persona, te conocen a nivel humano”.

En 2022 llegó por primera vez a Seattle, Estados Unidos. Viajó sola desde Manta con unas 2.000 barras. Vendió toda la producción que llevó. “Me di cuenta que era un mercado potencial, ahí se vendía en US$ 15 cada barra”. Volvió en 2023. También pasó por San Francisco, donde encontró un mercado familiarizado con el movimiento bean-to-bar y con consumidores interesados en el origen y la trazabilidad.

La experiencia confirmó su estrategia de no competir por volumen, sino por valor. Mientras la industria ecuatoriana busca ampliar su escala, Cárdenas defiende deliberadamente otra dimensión del negocio. “Yo no hago producciones enormes, porque el verdadero chocolate artesanal no está hecho en toneladas”, aclara.

Cierra la entrevista con una referencia que marcó su infancia: “Si mi padre hubiese alcanzado a ver esto, estaría feliz”. Al igual que muchos que crecieron con este cacao histórico. (I) 

10