Forbes Ecuador

Sabores que calman la nostalgia de los ecuatorianos

Daniela García Noblecilla Editora digital

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El restaurante DulcisFama es el puente culinario que invita a los ecuatorianos a reencontrarse con sus raíces gastronómicas. Cuatro mentes están detrás del negocio que funciona en California y que busca devolver la identidad y celebra una cultura diversa.

Esta familia ecuatoriana ya tenía algo que no entraba en ninguna maleta: la sazón como brújula y el cariño por Ecuador como combustible. Son dos generaciones y un mismo impulso. Eran un frente familiar decidido a dejar huella en un país que aún no los conocía.

Uno de los integrantes es Fátima García (de Guayaquil). Llegó a California, Estados Unidos en 2017 para cuidar de su segunda nieta, mientras que su esposo Jorge Veliz (de Balzar) viajaba ida y vuelta para sostener el vínculo familiar. 

Por su parte, Herlinda Vásquez (de Guayaquil) —la nuera de Fátima— migró en 2019 junto a su esposo Jonathan Veliz. Poco después, dio a luz a su hija en Estados Unidos y los planes de retorno a Ecuador quedaron en pausa mientras esperaban el pasaporte de la bebé. La pandemia no les permitió regresar y redibujaron la ruta. Se establecieron en un departamento, consiguieron empleo y ambos trabajaron como contadores. 

Fátima era maestra pastelera y ese conocimiento despertó el 14 de febrero de 2022, cuando preparó bocaditos y postres ecuatorianos para celebrar San Valentín. Sin imaginarlo, ese día encendió la chispa del proyecto gastronómico que más tarde transformaría a la casa familiar en un comedor de pruebas para hornear pan.

La difusión encendió una chispa que no se apagó, generó colas, encargos, preguntas, nostalgia y clientes de todo origen cultural queriendo "ese pan distinto".

La casa se convirtió en laboratorio. Las tardes de contabilidad dieron paso a madrugadas de masa y manjar. Con un horno pequeño —más voluntad que capacidad— la familia sacaba 120 panes por funda, unas 20 fundas diarias en promedio. Una producción artesanal que tenía una logística criolla y amigos llegando de Ecuador convertidos en mensajeros de ingredientes y fruta confitada local. 

Ese ritmo marcó cada temporada: 150 guaguas de pan al día por tres jornadas seguidas en noviembre; más de 300 roscas de reyes en enero de 2023 sin haber tenido local abierto, solo una fama orgánica que crecía como bola de nieve. Diseños cuidados , rellenos de crema pastelera o manjar, con caja personalizada y decoraciones. 

Para dejar de ser "la panadería de domingo" y adquirir una rotación real de clientes, Jonathan se puso a buscar proveedores latinos. Algo que sea suficiente para cambiar la dinámica. Ya no venían solo por pan, venían por hogar. La compra cruzada perfecta. Si venían por pan, llevaban productos; si venían por productos, llevaban pan. 

Permisos, etiquetas, stickers, legalidad, independencia comercial. Jonathan y Herlinda constituyeron la LLC en 2022 bajo el nombre DulcisFama. Adquirieron las normativas alimentarias de venta desde casa avaladas por la pandemia en California y formalizaron su branding con un trademark. 

dulcisfama
Jorge, Herlinda, Fátima y Jonathan, fuera de su restaurante en California. Foto: cortesía. 

Sin embargo, la estabilidad económica seguía siendo un desafío. A inicios del 2024, Herlinda salió de su trabajo. Un sueldo completo desapareció. La panadería ya no alcanzaba para sostener; pero la historia recién comenzaba. Las oportunidades empezaron a llenar otro plato. Almuerzos ecuatorianos por encargos especiales para familias latinas que buscaban más que pan. Buscaban experiencia, vínculo, memoria, identidad. Ese nuevo capítulo sería la antesala del salto más ambicioso: abrir un restaurante.

El hogar dejó de ser un punto de producción y se convirtió en experiencia gastronómica compartida. Los almuerzos de viernes y el encebollado de sábado fueron la primera señal de que el proyecto ya no orbitaba solo en torno al pan, sino a una cultura que buscaba saborear a Ecuador. 

El menú dentro de la casa empezó con arroz blanco, menestra y carne asada; luego chuleta o pescado; más tarde la guatita; después un seco. La primera sala de la casa acogía a cuatro personas en la mesa familiar. Cuando la afluencia creció, llegaron más mesas pequeñas que se colocaron en el costado amplio del comedor. En poco tiempo, el espacio inicial fue insuficiente y la dinámica se extendió a la sala más grande del hogar, donde la cercanía entre cocina y comedor ya tenía estética de "restaurante chiquito". 

El horario oficial era de 12:00 a 22:00, pero los viernes se habilitó un horario especial hasta la medianoche. Los clientes llegaban puntualmente a las 12:00 para almorzar o a las 00:00 para cenar, lo que hacía que el equipo familiar permaneciera hasta las 2:00 a.m. organizando platos, limpiando mesas y preparando la producción del siguiente día.

La logística se volvió artesanalmente ambiciosa. La cocina principal fue complementada con una cocineta industrial instalada en el patio y parte del garaje se transformó en área de preparación para sostener el volumen. Los límites de permisos californianos para vender desde casa, que permitían 90 platillos semanales, fueron superados. La producción alcanzaba esa cantidad en un solo día, especialmente los fines de semana, cuando la fila de clientes se extendía hasta la calle. 

El crecimiento del proyecto también impulsó el interés comercial por productos ecuatorianos. Expandieron la línea en paralelo al abastecimiento de plátano verde y maduro ecuatoriano. La familia mantiene un contrato directo con el distribuidor global Dole.

En cuanto a la carta, los platos estrella que consolidaron el fenómeno fueron el encebollado —que se debutó a US$ 20 y nunca se redujo—, la guatita y el seco de chivo o res. Actualmente, el encebollado bordea los US$ 22,50 con porción adicional. A nivel de ingresos, en 2025 las ventas brutas registradas alcanzaron US$ 225.000 hasta el 2 de octubre de 2025. El proyecto supone cerrar el año con US$ 400.000 en ventas brutas. 

El restaurante físico está en la localidad de Gardena, a 40 minutos del centro de Los Ángeles y a 15 minutos de Los Angeles Airport. La ciudad fue elegida por su menor caos de estacionamientos y por su cercanía logística con la clientela que viajaba desde distintos puntos de California.

La apertura física se concretó el 13 de noviembre de 2024 a las 3:00 p.m., con cortada de listón y la acogida de más de 200 personas en un solo día. Actualmente, el equipo lo conforman cuatro personas permanentes más dos de apoyo que rotan. La capacidad del local es para 30 comensales.

"Creemos en esto como misión", dicen. "Existimos para representar nuestra cocina y cultura con verdad, y para mostrar que cuando la familia trabaja unida, el crecimiento deja huella y se vuelve legado. La gastronomía ecuatoriana es enorme y merece ser reconocida más allá de los nuestros, también por otras comunidades". (I) 

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