En Ecuador, los techos a las tasas de interés limitan la capacidad de las instituciones financieras para fijar el precio del crédito plenamente en función del perfil de riesgo del prestatario, dejando a ciertos segmentos insuficientemente atendidos. Por ejemplo, existen agentes económicos cuyas actividades son percibidas como de mayor riesgo, o cuyos créditos requieren un monitoreo intensivo y costoso, lo que justificaría tasas de interés más elevadas. Cuando la tasa ajustada por riesgo calculada por las instituciones financieras supera el techo regulatorio aplicable a ese segmento, estos prestatarios no pueden ser atendidos por el sistema formal y se ven obligados a recurrir a fuentes alternativas de financiamiento, incluido el conocido “chulco”. Idealmente, esta situación debería cambiar, pero por ahora constituye una característica estructural del sistema.
Más recientemente, el sistema financiero ha operado en un entorno de menores tasas de interés, respaldado por una liquidez abundante. Esto se refleja en un sólido crecimiento de los depósitos, cercano al 15 % hacia finales de 2025, mientras que el crecimiento del crédito, pese a recuperarse hacia el cierre del año, se mantuvo por debajo del 10 %. A nivel agregado, esto implica que las instituciones financieras pudieron construir un colchón de liquidez que, en adelante, debería respaldar una mayor expansión de las carteras de crédito. La reducción de las tasas de interés observada en el año 2025 afectó tanto a las tasas activas como a las pasivas, y aunque los márgenes financieros se han comprimido, aún se mantienen por encima de sus mínimos históricos.
Sin embargo, el ajuste ha sido desigual entre instituciones del sistema bancario y de la de la economía popular y solidaria. No todos los bancos y cooperativas han logrado reducir sus costos de fondeo o las tasas pagadas por depósitos, aun cuando las tasas activas han descendido, lo que ha derivado en una reducción de los márgenes financieros. Al mismo tiempo, en algunas instituciones estos menores márgenes deben absorber un aumento en las provisiones por pérdidas crediticias, siendo este el mayor desafío para el sistema financiero en este año.
Al cierre de 2025, el sistema bancario ecuatoriano reportó utilidades por US$ 946 millones, equivalentes al 0,7 % del PIB, marcando un nuevo récord. Una rentabilidad sólida es fundamental para respaldar la capitalización de los bancos, particularmente dada la limitada disponibilidad de fuentes alternativas de financiamiento. Esta rentabilidad estuvo impulsada principalmente por un fuerte dinamismo en la originación de crédito, especialmente en los segmentos corporativo y de consumo, y menores costes de fondeo a nivel agregado. Al mismo tiempo, la calidad de la cartera de crédito en el sistema bancario se mantuvo relativamente elevada, con una morosidad de 3.0 % al cierre de 2025.
Lo niveles de rentabilidad en el sector cooperativo fueron más bajos. A finales de 2025, las utilidades acumuladas de las cooperativas de los segmentos 1 y 2 totalizaron US$ 87 millones, pese a que sus activos combinados equivalen aproximadamente al 32 % de los del sistema bancario. El deterioro en la calidad de la cartera pesó de manera significativa sobre su desempeño. Por ejemplo, la morosidad se elevó a 8,1 % en las cooperativas del segmento 1, lo que obligó a mayores provisiones y erosionó la rentabilidad. (O)