Creadores de neblina

El ambiente es nublado. No se puede ver más allá de la distancia de un brazo extendido. Esa neblina de la mañana no cubre solamente las calles sino también los corazones La cuidad se despierta y la gente miran la neblina como una invitación al descanso de esa vorágine diaria de la rutina. La neblina los invita a no salir. Será porque en medio de neblina nuestros ancestros no podían cazar. Porque era más sabio quedarse y ocuparse de las cosas del hogar. A pesar de esta conversación interna, que no dura más que unos segundos, las calles estaban abarrotadas de gente que empieza su día. Ilusiones, necesidades, aspiraciones, compromisos, con ellas puestas bajo el brazo se aventuran a enfrentar la inofensiva neblina.

En el campo los hombres se miran unos a otros como queriendo asegurarse de que están acompañados. No hablaban mucho. Bastaba una mirada para saber que no está solos. Pero esa neblina es distinta, es una herramienta de aquellos que se aprovechan de la falta de visibilidad. De aquellos que la creaban para su beneficio. La neblina permite que hombres con apariencia de justos, pero con dientes afilados y dientes insaciables, se mezclen en la multitud. La neblina es su amiga, su manta, su creación.

Con la neblina, estos hombres aprovechaban para robar los frutos de campos que aún no estaban siendo cosechados. Ejércitos de gente, obedecían a los hombres de dientes afilados, saqueaban los campos y cada día sus dientes, también, crecían un poco más. El saqueo ocurría despacio, casi sin ruido. Los obreros de a pie no se percataban de lo que estaba pasando Sabían que la neblina incomodaba, que no era el mejor ambiente para trabajar, pero ¿qué alternativa tenían? Las historias sobre criaturas de dientes insaciables les parecían exageraciones. Nadie podía ser tan malo, se decían. Regresaban a escuchar la radio. En ella se decía que la neblina es normal y que en otros países pasa lo mismo. Se acurrucaban en sus camas, finalmente, para mañana regresar al campo.

La neblina tiene un nombre. Es el incumplimiento de la ley y las malas leyes. Son las instituciones débiles, la carencia de un marco legal claro y aplicable, la confusión sostenida sobre normas y procesos. Si la neblina llega a disiparse sin que nada haya cambiado, no será porque los dientes afilados pasaron de moda. Será porque, en pocos años, esos campos ya no existirán y los creadores de la neblina, dejarán de producirla porque su objetivo habrá sido cumplido, porque ya no habrá que más producir. (O)