Cuando tu empresa te deja de pertenecer
Por más que la legalidad y la razón estén de nuestro lado quien sanciona y cuestiona tiene la última palabra. El desgaste de pelear con el Estado y con un ente de control nos lleva a muchas veces pagar la multa por librarse del mal rato.

Muchos ecuatorianos anhelan tener su propia empresa. Es un sinónimo de éxito, de libertad financiera , de prosperidad. Más allá de todos los sacrificios y frustraciones que viven los empresarios y emprendedores hoy quiero dedicarme a hablar de las trabas que el sistema que nos regula nos pone.

La Superintendencia de Compañías es el órgano regulador de las empresas en nuestro país. Constituir una empresa en Ecuador puede tardar una semana si es una SAS, gracias a la implementación de la normativa que facilitaba la creación de las mismas bajo el término SAS . En cambio, una compañía limitada o una sociedad anónima pueden tardar entre dos o tres meses. Cuestan más o menos $450 la escritura y $25 el registro mercantil. En cuanto a la SAS es solo el trámite del abogado y abrir una cuenta con el capital suscrito.

Si bien es necesario tener organismos de control que supervisen el correcto funcionamiento de las empresas. El problema es que se olvidan que las empresas pertenecen a sus socios, no al Estado, no al ente de control. Este último debe velar por el cumplimiento de la normativa, pero como en todo, la aplicación de las leyes es donde tambalean nuestras instituciones gubernamentales.

Desde chiquita crecí con la idea de que quien no tiene padrino no se bautiza. Ahora de adulta se que esos padrinos ya no son mi círculo cercano. Necesito otro tipo de contactos para agilizar las cosas. Lo que me cuestiono es si son solo contactos lo que se necesita o son “ favores a cambio”. Y este círculo vicioso nunca termina.

Por más que la legalidad y la razón estén de nuestro lado quien sanciona y cuestiona tiene la última palabra. El desgaste de pelear con el Estado y con un ente de control nos lleva a muchas veces pagar la multa por librarse del mal rato. Sin embargo, hay otras ocasiones donde el valor ya no justifica la pelea y uno se ve en una guerra como la de David y Goliat.

La diferencia es que aquí Goliat si tiene el peso de destruir a tantos Davids que van  tratando de luchar contra una corrupción que está ya incrustada en el sistema, en el modus operandi. No es algo de una autoridad o gobierno de turno, es una sociedad que tiene hambre de poder. Hambre de querer demostrar que es más que el otro.

La razón y la verdad no bastan. Necesitamos ese “ amigo” que con sus mañas logre que nos presten atención. ¿Vale la pena caer en este juego ?

La desesperación, el miedo a perder el esfuerzo de muchos años, la frustración de no salir de un problema son los incitadores para que muchas personas caigan en este juego de “deber favores”. Como me dijo alguna vez un empresario extranjero, “unos tienen amigos aquí adentro y otros empleados”. Quienes tienen empleados son los que verán agilitar sus trámites, los que darán por cerrados sus pendientes y quienes esperamos que la verdad prime seguiremos esperando “ la buena voluntad”. Mientras tanto nos caen más multas y más trámites legales por solventar. 

También me cuestiono qué tipo de abogado necesito. ¿Un abogado mañoso y experimentado es el único que me puede ayudar? Los jóvenes que aún no han aprendido las malas mañas y creen todavía en la verdad solo sirven para trámites básicos. Esa pregunta me da vueltas y no me deja decidir. No quiero caer en esta manipulación pero ¿si no lo hago lograré salir del problema ? 

Las trabas internas por las buenas van meses esperando un dictamen, una cita, una respuesta. Otros en cambio con problemas más complejos y más nuevos ya lo tienen resuelto. No quiero perder mi empresa, mi trabajo y el de tantas otras personas. Menos aún por una decisión de funcionarios que se ponen al mejor postor y no a la verdad y la legalidad.

No es un problema de ideología, es un problema de principios, de ética y de moral. Eso como me dice mi papá se aprende en la casa y en el colegio.  Pero no se donde crecieron y estudiaron gran parte de los funcionarios públicos. Creo que todos los ecuatorianos hemos tenido un contacto con la corrupción en al menos una institución gubernamental. 

¿Cómo paramos esto? ¿Tiene solución?  Quiero creer que sí pero me ahogo en él como mientras leo o veo cada día las noticias. (O)