¡Estoy ocupada!
Estar ocupado es una moneda de cambio, de estatus social o de falsa productividad. Así vivimos y así nos mostramos en la vida digital. En cambio, el ocio o el descanso es mal visto, como culpa o vagancia. Byung-Chul Han, el filósofo alemán de origen surcoreano, un crítico de la sociedad actual pone luces en temas como la autoexplotación, la hiperconexión, la inteligencia artificial y la resistencia del individuo.

Mónica Mendoza Saltos Editora General

En 2025, una de las notas más leídas en la página web de Forbes Ecuador fue ‘Adiós al Club de las 5 AM: la nueva era de la productividad inteligente’. El texto habla de repensar prácticas que llevan al éxito, en una época de agotamiento y del “teatro de la productividad”. De gente publicando historias de sus agendas copadas, de madrugar para ser más productivos, de videos motivacionales para apurarse y trabajar más duro, de competencia en línea entre ejecutivos y emprendedores que son parte de un “ciclo de adicción a la aprobación” pública.  

La misma nota incluye el éxito editorial de Emily Austen. Ella es descendiente de Jane Austen, la influyente escritora británica de obras como Orgullo y Prejuicio, y que en septiembre del año pasado publicó Smarter una propuesta contracorriente al Club de las 5 AM. Una especie de manifiesto sobre otra forma de trabajar, con estrategias concretas y posibles para alcanzar objetivos sin caer en el desgaste físico y mental, señala la nota web. Emily dijo que “la gente publica sus agendas apretadas, sus rutinas…no se trata de crear valor, sino de validación”. 

Estar ocupado es una moneda de cambio, de estatus social o de falsa productividad. Así vivimos y así nos mostramos en la vida digital, en tiempos de sobreexposición, de hiperconexión, de desinformación, de inteligencia artificial, de algoritmos, de intoxicación de redes, de polarización, de alta velocidad, de caos vehicular, de trancones emocionales, y cuando el ocio o el descanso es mal visto, como culpa o vagancia. 

Me puse a revisar la publicación de la nota, del 10 de octubre de 2025. Y en una sola plataforma digital de la revista alcanzó más de 6.500 “Me gusta”, más de 150 comentarios y más de 1.500 compartidos. Mucha gente es escéptica a la propuesta anterior del Club de la 5 AM y a la nueva del Club de las 8 AM, hay quienes ironizan sobre el Club de las 10 AM o el Club de las 11 AM. Aquí cito algunos de los comentarios: “Es el Club que te hace sentir bien”. “Siempre fue un mito. La regla # 1: Crea tus propias reglas”, dice otro usuario de la red. “Lo importante es encontrar un balance que se acomode a tus necesidades y estilo de vida para no colapsar en el camino”.  “No importa la hora, lo que importa es dormir bien”. Este comentario es acertado para los que pertenecemos al Club de dormir tarde o El Club del insomnio. 

Byung-Chul Han, el filósofo alemán de origen surcoreano, y un crítico de la sociedad actual pone luces en temas como la presión por el rendimiento, la hiperconexión, la inteligencia artificial y la resistencia del individuo a este mundo acelerado. En su ensayo La sociedad del cansancio teoriza sobre la autoexplotación y la productividad. Su tesis es que la ilimitada libertad individual que propone el neoliberalismo “no es más que una ilusión”, porque, aunque creamos ser más libres que nunca, “la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad”. 

Eso dijo en septiembre del año pasado el galardonado pensador durante su discurso en el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, en España. El acta del jurado destacó que su análisis resulta sumamente fértil y proporciona explicaciones sobre cuestiones como la deshumanización, la digitalización y el aislamiento de las personas. 

Según Han, ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, “sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades”. Dice que la sensación de libertad es solo provisional y que “se convierte en una opresión”, que es “más coercitiva que el imperativo del deber”. 

Para él, la persona se imagina que es libre. Pero “lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout". Usa la figura del esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. "Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad”.

En ese discurso del Premio, Byung-Chul Han destacó que sus textos son una crítica social que han causado irritación, sembrado nerviosismo e inseguridad, pero al mismo tiempo “han desadormecido a muchas personas”. En el tema tecnológico no es un “pesimista cultural”, pero sí cuestiona que en lugar de que el smartphone sea una herramienta “utilísima”, “nos utiliza a nosotros, y no al revés”. Y, además, “somos productos suyos”. 

Para Byung-Chul Han, el ser humano acaba convertido “en esclavo de su propia creación”: de los teléfonos inteligentes, de las redes sociales y de la inteligencia artificial (IA). Estas también podrían haber sido “un medio para el amor y la amistad”, pero lo que predomina es el odio, la información falsa y la agresividad. “No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía”. 

Sobre la IA mencionó que puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos, pero también un riesgo. Puede “ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas”. Por eso, considera que la tarea de la política sería hacer controlar y regular el desarrollo tecnológico. “La tecnología sin control político, la técnica sin ética puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas”. 

Según Byung-Chul Han, gracias a la digitalización, “estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos empatía, toda atención al prójimo (...) Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con qué llenarlo”, dijo en su discurso. 

En declaraciones a medios españoles, Han fue lapidario: no descansamos para disfrutar, sino que nos recuperamos para poder seguir rindiendo. Y no solo se trata de desacelerar nuestras vidas, plantea nuevos paradigmas hacia una vida menos acelerada, más contemplativa. Habla de recuperar la capacidad de “aburrimiento profundo”, que permita la reflexión y el descanso para evitar el agotamiento. 

Promueve las labores con las manos como tocar el piano o el jardín. Hacer una pausa a la vida acelerada, hasta quedarse en casa, como forma de resistencia.

Y, ¿tú qué harías? ¿Volviste agotado del feriado? ¿Estás ocupado? (O)