Inteligencia artificial en educación: ¿están los docentes realmente listos?
La inteligencia artificial puede potenciar a los docentes, pero no olvidemos algo fundamental: la IA no reemplaza a la educación; lo que sí hace es poner a prueba qué tan bien estamos educando.

Hace ya unas semanas asistí a una conferencia sobre los retos de incorporar inteligencia artificial en las organizaciones. Hubo representantes de la academia, de la empresa privada y también, aunque no en su mayoría, del sector educativo.

Las preguntas de mi foro se centraron en cómo lograr que la innovación con IA se vuelva una realidad y, sobre todo, en la dificultad que implica aprender algo nuevo. Puntualmente, me consultaron si los docentes estaban listos para afrontar este cambio.

Para responder, lo primero que hice fue acudir a los datos. Citando el informe TALIS 2024, que encuesta a docentes de todo el mundo, mencioné lo que me pareció un punto de partida clave para responder a estas inquietudes. El informe, entre varios temas, resalta lo siguiente:

  1. Los docentes sienten sobrecarga laboral y mencionan no tener tiempo para capacitarse.
  2. Solo el 40 % de los docentes encuestados afirma haber recibido formación sobre el uso pedagógico de la inteligencia artificial.
  3. Perciben que reciben capacitaciones aisladas, que no los conducen a un desarrollo profesional sostenido.

Entonces, frente a la pregunta de si están listos para este tipo de innovación, diría que sí, siempre que se les brinden las condiciones adecuadas para recibir formación y capacitación. Espacios en los que los docentes puedan aprender sin sentir que capacitarse es una carga adicional a todo lo que ya realizan.

Sin embargo, también me surgió una duda: si los docentes reciben capacitación y, aunque esta esté perfectamente pensada para lograr una verdadera alfabetización en tecnologías inteligentes, no cuentan con bases sólidas de pedagogía, ¿no estaríamos cayendo en una innovación vacía, sin fundamento ni sentido?

Aquí es donde considero necesario equilibrar y evitar el error de innovar por moda o porque es lo que “toca”. La inteligencia artificial puede generar procesos más eficientes y optimizar tiempo, pero creo firmemente que es la pedagogía la que orienta. Muchos docentes necesitan refrescar conocimientos básicos vinculados a los retos que plantea la puesta en marcha de la IA en educación.

Por ejemplo, evaluar hoy ya no puede significar únicamente pedir ensayos, resúmenes u otros productos similares que pueden ser fácilmente realizados con inteligencia artificial. Aquí surge un dilema ético: diferenciar entre lo creado por seres humanos y lo producido por una máquina. Y aunque esto ya es complejo, lo más grave es promover indirectamente la denominada “pereza cognitiva”, donde dejamos de pensar, analizar y reflexionar sobre todo lo que nos rodea.

Este es solo un ejemplo, pero en realidad, antes de incorporar IA, debemos asegurarnos de que los docentes dominan la pedagogía y la didáctica, y saben cómo planificar una clase para generar aprendizajes profundos y duraderos en sus estudiantes.

No estoy en contra de incorporar tecnologías inteligentes; por el contrario, he sido de las primeras en utilizarlas. Sin embargo, debemos volver a las bases y recordar que los resultados actuales en competencias básicas —lectura y matemática— no son los mejores. Los estudiantes que terminan el bachillerato, en muchos casos, no cuentan con competencias lingüísticas básicas y, como se afirmó en la conferencia, tampoco demuestran una competencia matemática suficiente para ponerla en práctica en la empresa.

Dejo estas ideas como invitación a la reflexión y concluyo con una convicción clara: la inteligencia artificial puede potenciar a los docentes, pero no olvidemos algo fundamental: la IA no reemplaza a la educación; lo que sí hace es poner a prueba qué tan bien estamos educando. (O)