La salud: ¿Derecho humano o costo contable?
En Ecuador, la concepción de la salud ha transitado hacia un modelo de costos caros donde se pretende cargar el peso de la ineficiencia estatal sobre los hombros de la población.

Ecuador canjeó el bienestar por el ahorro contable. Con altos índices de desnutrición infantil y un IESS desbordado, la salud agoniza. El desplome del MSP y el descuido a mujeres, ancianos y discapacitados prueban que, al gestionar la vida como gasto, el derecho a sanar es, a la hora actual, un privilegio.  Hoy el paciente no es una prioridad social, sino un número en un balance que el Estado intenta reducir, transformando un derecho humano en una variable de ajuste económico. Los más afectados son los más vulnerables.

La crisis que atraviesa el sector salud en el Ecuador no es un fenómeno coyuntural; es  el síntoma de una enfermedad ideológica que ha permeado las políticas públicas durante décadas. El Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) se encuentra hoy en una situación de vulnerabilidad extrema, con una prestación de servicios  deficiente que los sucesivos gobiernos no han sabido —o no han querido— resolver de forma estructural.

El peligro para el país es inminente: la ideología de mercado ha calado tan profundamente que las nuevas generaciones enfrentarán barreras casi insalvables para acceder a servicios de salud de alta calidad. Bajo el pretexto de la "eficiencia", la salud ha dejado de ser un pilar de bienestar para confundirse con una mercancía con precio de mercado.

Para comprender este retroceso, el artículo “La invención del ‘agujero de la Seguridad Social’ que  Constantin Brissaud expone  para Le Monde Diplomatique (marzo de 2026), revela cómo la salud, que en 1978 fue definida por la OMS  como un “estado de completo bienestar físico, mental y social”, fue secuestrada por una visión contable impulsada desde la OCDE.

Esta transición convirtió la inversión en vida en un "gasto" contable. El motor de este cambio fue una relación estadística que indicaba que a mayor riqueza nacional, mayor es el gasto sanitario. Lo que era un indicador de progreso fue transformado, bajo la presión de administraciones como la de Reagan, en una amenaza financiera que justificaba recortes y el control presupuestario sobre el médico.

De acuerdo con las  ideas de Brissaud, adaptables a la realidad ecuatoriana, las reformas impuestas en Europa buscaron limitar los gastos mediante la competencia. Así, en Francia y Alemania, y en los Estados Unidos, ejemplos claros son el Plan Juppé (1995) y la ley Seehofer (1997), respectivamente, con los que se intentó que "el dinero siguiera al paciente", asumiendo que el mercado optimizaría el servicio. Y en Suecia,  las reformas Dagmar (1984) y Ädel (1992), también se inspiraron  en la lógica de la eficiencia económica. En cuanto a Estados Unidos, Brissaud señala que, a pesar de su retórica de eficiencia, las propias cifras de la OCDE subrayan la ineficacia de su sistema de salud, que se encuentra en gran medida privatizado. El sistema norteamericano demuestra que tratar la salud como un mercado es una falacia porque, como advirtió el Nobel Kenneth Arrow, un enfermo rara vez tiene la información necesaria para evaluar la "competencia" del personal médico o la calidad de los cuidados en un entorno de lucro.

En Ecuador, la concepción de la salud ha transitado hacia un modelo de costos caros donde se pretende cargar el peso de la ineficiencia estatal sobre los hombros de la población. La salud se ha despolitizado para ser gobernada por una "racionalidad de tendero" que prioriza la lucha por solucionar el  déficit por sobre la lucha por la vida.

Es imperativo rechazar los experimentos de privatización que ya han fracasado en el exterior. Debemos demandar políticas de salud que respondan a las necesidades de la mayoría y no a las métricas de austeridad. Si no recuperamos la visión de la salud como un derecho fundamental, el "agujero" contable terminará por enterrar el futuro bienestar de todos los ecuatorianos. (O)