El fin y comienzo de año suele llenarse de sesudos balances y proyecciones. Son tan buenos que nos achican y abruman. Sobran profetas del ayer y agoreros del mañana. Nosotros, aprovecharemos dos rituales populares para triturar alguna aberración del pasado y levantar algún imperativo de futuro: la quema del Año Viejo y la “Limpia”.
El Año Viejo rebasa al muñeco chueco que deja testamento y viudas, y se chamusca. Refiere a un rito lleno de símbolos y mensajes. Para cada uno, para las familias, para el paisito querido. Un protocolo lleno de punzantes ironías y críticas contenidas. Nadie se salva. Un desquite contra los malos tiempos, los amores perdidos, los propósitos abortados, las depresiones.
Un significado del Año Viejo que se quema es la aceptación -con risas y lágrimas- de que el tiempo no vuelve más. Que se va con todo y deja apenas cenizas. No solo hay que aceptar su fin, hay que aplastarlo, faltarle al respeto, reducirlo a escombros. Chamuscar los malos recuerdos, las carencias, las omisiones.
Cada uno sabrá qué quema y pisotea de su vida personal. Respecto al país, merecen arder tres espinas que nos sangran. La primera, sigue siendo, la violencia. Imposible olvidar las cifras espeluznantes, la crueldad creciente, los sicarios adolescentes, las muertes colaterales de niños. Ha contaminado la sangre y el alma del país. Nos queda mucha furia e impotencia. Reconocemos lo logrado pero exigimos algo más y mejor.
Un segundo desconsuelo es la desinstitucionalización del país. Los organismos son desde hace años simples botines. Han llegado a ellos los peores, los corruptos insolentes. No hay reglas claras y las que hay se mimetizan en favor de los sapos. Tampoco hay agenda, planes y procesos controlados, evaluaciones firmes, rendición de cuentas. La eficacia y limpieza de las instituciones se ha esfumado. Merece ser pisoteado con furia, con venganza.
Una tercera amargura nos refiere a los caudillos. Nunca pensamos al Ecuador atrapado entre dos de ellos. Uno prófugo y sanguíneo, otro templado y con mucho poder. Soberbio y alharaca el uno, silencioso y táctico el otro. Prácticas autoritarias que parecen copiadas. Un muñeco de dos cabezas, que se soporta en el resentimiento y el fanatismo. Que ha polarizado el país, que ha convertido nuestras diferencias en odios irreconciliables.
Una “Limpia” necesaria
La costumbre de la “limpia” nos trae también nuevos simbolismos. Antes se reducía a unas pocas personas que visitaban el mercado de San Roque en caso de emergencia. Hoy se ha multiplicado en la sierra y aparece en otras regiones.
Mediante un pago el cliente se pone en manos de señoras medio sabias. Ellas con invocaciones incomprensibles que combinan expresiones propias con oraciones, azotan suavemente con yerbas medicinales la cabeza, la espalda, el pecho, el vientre y las piernas de los creyentes. Escupen trago y pasan un huevo por la piel.
La purificación se la practica para empezar un nuevo año sin telarañas en la mente y en paz. Las curanderas batallan contra los espíritus sombríos, las malas vibras, las energías oscuras, la mala suerte. Dejan, a través de hierbas mágicas, el cuerpo y el espíritu cristalino, dispuesto a nuevas vidas sin complejos, sin taras, sin culpas, sin contaminaciones.
El paisito clama por una limpia a fondo. Precisa expulsar la basura de su vida social y política para escribir su siguiente historia. Los temas por reescribir son muchos. Escogimos tres por ahora...
El primero, la salud. Hay que barrer el sistema, hoy tomado por la ignorancia, la ineptitud y la corrupción. Es necesario azotar con yerbas aromáticas para que la suciedad no sea naturalizada. Las malas vibras no se terminan con medicinas e insumos. Los malos espíritus están más adentro y hacen daño.
La segunda limpia debe atacar el corazón del sistema judicial. Su imagen es vergonzosa y boicotea los avances en seguridad. Está podrido en sus cimientos y sus restos se disputan sectores interesados. Los paños tibios ya no sirven. Los azotes, el trago soplado y las invocaciones se vuelven imprescindibles.
Una tercera refiere al IESS. Su cuerpo y su alma están corrompidas y en grave peligro. Existen estudios integrales pero guardados. Los cambios administrativos son un saludo a la bandera. Los espíritus dañinos se han tomado sus dependencias y han carcomido su visión de futuro. Mejor empezar de cero.
Momentos difíciles pero claves para reorientaciones. Si la quema y la limpia funcionan, el horizonte será más amigable. Basta de medidas puntuales e inconexas. Es hora de propuestas serias, estructurales y sistémicas. Sin atropellamiento pero sin descanso. El primer impulso corresponde al Ejecutivo. Y los consensos proactivos a las organizaciones ciudadanas. La mediocre Asamblea no puede ser el freno a toda iniciativa de quema y de limpia. (O)