“Se me va a terminar el dinero”
Si esta creencia limitante fuera verdadera, si fuera real que el dinero se va a terminar, entonces podemos concluir que el error cometido no tiene que ver con la naturaleza del universo, sino con nuestra ignorancia respecto de ésta.

Esta creencia limitante es una sobre las que más me gusta escribir. Primero por la principal razón: aún aparece en mis pensamientos, lo que demuestra que aún tiene un tronco vivo que aún no ha sido sacado de raíz. Segundo, porque desconoce la realidad infinita del universo, lo que significa que el que percibe el pensamiento de escasez no puede ser sino un alienígena que proviene de un universo finito.

Cuando la creencia aparece suelo aplacarla con la frase del Soberano Emprendedor, creación del autor de está columna y del libro “De Esclavo a Propietario” (próximo a publicarse), y que se expresa así: “Todo lo que deseo se hace realidad, en todo lo que emprendo soy exitoso, mi vida es maravillosa pues está llena de paz, felicidad y abundancia.”

Está frase tiene el enorme beneficio de calmar la ansiedad que produce la creencia limitante “se me va a terminar el dinero” y anular sus perjudiciales efectos. Al impedirle que ocupe nuestra atención pierde su fuerza y con el paso del tiempo se debilita cada vez más. En su momento, cuando el desnutrido tronco tenga unos pocos milímetros de grosor, extirparlo será un juego de niños.

Pero no solo este buen hábito de quitarle energía a un pensamiento de insuficiencia es útil, también lo es reconocer que es el dinero.

En su esencia, el dinero es un indicador de cuánto valor hemos generado a un tercero con nuestro tiempo y esfuerzo, una suerte de evidencia de cuánta energía propia hemos entregado para servir a otra persona. De cierta forma, una medida de que tan generosos hemos sido en el pasado reciente. A más energía, a más tiempo y esfuerzo dedicado a mejorar la existencia de alguien más, más dinero tendremos.

Está es la razón principal por la que alguien rico suele ser respetado, apreciado y admirado por la sociedad a la que pertenece que reconoce el valor generado por el individuo convirtiéndolo en un millonario.

Esto nos lleva a una importante conclusión. 

En vez de pensar constantemente en el dinero, algo que reconozco puede llegar a ser un verdadero reto, es más rentable incorporar una mentalidad alineada con lo expresado más arriba. Ser un “dador” en vez de un “saqueador”. Entregar por defecto sin esperar recibir nada a cambio. Evitar ser la persona sentada del otro lado de la mesa que sentimos quiere llevarse algo de nosotros (conocimiento, validación o el pago de la cuenta), aquella de la que todos tenemos un ejemplo y que necesita justificar para si mismo el tiempo que nos dedica. Luego de haber sido un “dador”, de haber generado valor a un tercero sin esperar retribución, no se requiere nada más de nosotros, a partir de ahí el universo se hará cargo.

¡Funciona de maravillas!

No solo elimina la agitación que produce pensar constante e innecesariamente en cómo mantener uno o más cuerpos (si tenemos hijos o personas que dependen de nosotros), sino que enfoca nuestra atención en la causa del dinero. Mientras más demos, más recibiremos, y no solo en forma de dinero, sino de todo lo que valoramos, como nuestra salud, la calidad de nuestras experiencias, nuestra tan anhelada paz mental.

¿Cuánto de la semana pasada o la que está por terminar te haz dedicado a ser valioso para alguien más? Si la respuesta es positiva, tus ingresos en su momento lo reflejarán, ¡no hay nada de qué preocuparse!

Un par de notas de precaución se hacen necesarias.

Este texto está orientado al fundador de una empresa que tiene al menos cinco empleados y ha logrado llevar su empresa, o esta encaminado, a vender uno o más millones de dólares. No está orientado al director de una fundación o a aquel que piensa que con hacer algo ya es merecedor de un resultado sin importar si ese algo que hace tiene algo de utilidad. La audiencia apropiada para este texto conoce como crear un producto valioso para un tercero y ha logrado crear una organización alrededor de ese beneficio. Así como la recomendación de alzar pesas que realiza un coach especializado en nutrición a su cliente funciona bien solamente si éste último ingiere suficientes proteínas y puede llegar a ser contraproducente en alguien mal nutrido, este texto tiene provecho solo para el fundador de una empresa o CEO que ha logrado crear una empresa relevante. Si no es el caso, le pido al lector que ignore que adecua la recomendación a su propia realidad.

Adicionalmente, y si bien es verdad que recibir viene en función de dar, también es verdad que el agua es varias veces más apetecible para el sediento en medio del desierto que para aquel que vive junto a un río. En ocasiones, sobre todo cuando el founder aún no se ha convertido en CEO y sigue en modo startup, las personas a las que les genera valor no necesariamente lo aprecian. Es por ello de suma importancia conocer a nuestro “cliente foco”, como prefiero llamar al cliente ideal para denotar la importancia de enfocar nuestra atención en la persona correcta, pues nos permitirá reconocer al tipo de persona que más gozo obtiene del producto de nuestra energía. Entre sus características suelen estar que nos pagan a tiempo, nos refieren más clientes y no suelen negociar el precio.

Si entregando valor a cualquiera ya obtenemos un gran beneficio, ¡imagina lo que es entregar valor a alguien que realmente lo aprecia! El agua para el sediento vale múltiples veces más que para el bien hidratado, ¡la cosecha será mayor!

Incorporado el chip apropiado, déjame recordarte que como fundador de tu propia empresa estás en una situación privilegiada. A diferencia de alguien en relación de dependencia que no puede agregar más valor que el que su jefe decida y por lo tanto percibir los ingresos que se hayan definido para su rol, tú tienes libertad para producir lo que tu propia definición de suficiente determine. Esto último requiere de una explicación adicional.

Es mi experiencia trabajando con fundadores de empresas que han superado el millón de dólares en ventas, que todos tienen una definición propia de suficiente. No son como aquellos monstruos insaciables del budismo (buscar Preta o “hungry ghosts”), sino que son seres multidimensionales que no solo desean mayores ingresos, sino contar con relaciones con las que se sienten felices todo el tiempo, explorar nuevas aficiones, hacer lo que les gusta, asegurar el futuro propio y de los suyos.

No es verdad que deseas ser dueño del mundo entero ni que por no desearlo eras alguien poco ambicioso. En el mejor de los casos lo que mostrarías es falta de codicia, no falta de ambición, lo que es una gran virtud en sí misma. Tienes una definición de suficiente por encima de la que no obtendrás ninguna satisfacción adicional sino que, muy posiblemente, obtengas lo opuesto: el peso de tener que lidiar con cantidades de dinero que harán que debas concentrarte demasiado en él y olvidarte de sus causas.

El universo, la fuente de toda la riqueza material posible, es infinito. Si esta creencia limitante fuera verdadera, si fuera real que el dinero se va a terminar, entonces podemos concluir que el error cometido no tiene que ver con la naturaleza del universo, sino con nuestra ignorancia respecto de ésta. (O)