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Columnistas

Tu madre, tu padre y este señor son la razón de que existas

Esteban Vivar

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Conocido como el ángel de la vida y la muerte, el químico alemán Fritz Haber y sus invenciones fueron (y son) una mano olvidada que moldeó el desarrollo de la humanidad. Cara o sello, héroe o villano, genio loco o salvador, te presento un poco de su trayectoria, sus pecados y su influencia indirecta en tu nacimiento.

15 Junio de 2024 20.27

Aprovechando la conmemoración del Día del Padre me parece apropiado recordar al cuasi padre de nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres, de nosotros mismos y de las nuevas generaciones. Fritz Haber nació un 9 de diciembre de 1868 en Breslavia, Prusia, (hoy conocida como Wrocław, Polonia) en la cuna de una familia judía adinerada. Su padre, Siegfried Haber, era un exitoso comerciante de tintes y pigmentos, mientras que su madre, Paula Haber, falleció poco después de su nacimiento, lo que afectó profundamente a la familia. 

Desde joven, Haber mostró interés en la ciencia y la química. Su educación fue rigurosa, y estudió en varias universidades alemanas, incluyendo Berlín y Heidelberg. Esta formación sólida y su capacidad intelectual destacada le permitieron abrirse paso en el mundo académico y científico. Pero, antes de continuar con su relato, es necesario explicar cómo funcionaba la agricultura en ese momento de la historia, previo a la invención que lo convirtió en el 'ángel de la vida'.

Para crecer, las plantas necesitan nitrógeno que, junto al potasio, el fósforo, el agua y la luz solar, les dan vida a los frutos de la madre naturaleza. En su ciclo de vida, las plantas crecen, se reproducen y mueren. Cuando ocurre el último paso fatalista, el nitrógeno que contienen en sus cuerpos regresa al suelo para nutrir a las nuevas generaciones de plantas. Sin embargo, la agricultura corta estos pasos, nuestro consumo causa que nada regrese a la tierra. 

Después de pasar de ser una sociedad nómada a una sedentaria aparecieron los primeros agricultores que se dieron cuenta de que podían restaurar el nitrógeno por medio de estiércol y otros abonos. Solo para entender la importancia de la caca, durante el siglo XIX, grandes reservas de guano (heces de aves guaneras) se exportaban desde Sudamérica al resto del mundo para sus cultivos. Lamentablemente, no había suficiente para la creciente demanda y a finales del siglo 18, los expertos empezaron a preocuparse por las consecuencias de agotar las reservas de fertilizante natural. 

Retomando la historia de Haber, a sus 45 años de edad (1909) descubrió la forma de transformar el nitrógeno del aire en amoniaco, es decir, de crear un fertilizante ilimitado para que las plantas pudieran crecer sin tropiezos. La empresa química BASF le ofreció un lucrativo contrato y su ingeniero, Carl Bosch, logró masificar el nuevo milagroso producto. 

Hoy en día se lo conoce como el proceso Haber-Bosch. Hasta ese punto, si la humanidad necesitaba más comida, debía encontrar más tierras cultivables para sostener la demanda. Pero, gracias a esta invención, civilizaciones enteras que estaban al borde de la hambruna pudieron alimentar a sus ciudadanos. Con la fórmula: Más comida = más personas, el crecimiento poblacional creció más rápido que nunca en la historia de nuestra especie. Se estima que la mitad de la población mundial actual pudo nacer gracias a este invento. 

Sin embargo, este paternal inventor también es un asesino, un 'ángel de la muerte'. Después de ganar el premio Nobel de Química en 1918, se involucró en el desarrollo de armas químicas. Durante la Primera Guerra Mundial, Fritz Haber presionó por el uso de cloro y otros gases venenosos como armas contra las tropas en la guerra de las trincheras. Sus radicales ideas lo llevaron a convertirse en capitán y fue nombrado director de la Sección Química del Ministerio de Guerra Alemán. 

Posteriormente se ganó el título de 'criminal de guerra', no solo por sus enemigos sino por su propia esposa, una destacada química y pacifista, que se suicidó poco después de la masacre generada por su amado. Irónicamente, después de unos años, los colegas científicos que trabajaban en su instituto desarrollaron la fórmula del gas de cianuro Zyklon A, el mismo que fue utilizado en los campos de concentración durante el Holocausto contra su propio pueblo. 

¿Héroe o villano, genio loco o salvador? Lo único cierto es que sus invenciones moldearon, para bien o para mal, el curso de nuestra historia y es responsabilidad de nosotros enmendar los pecados de nuestro 'padre'. (O)

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