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(Foto: Imagen generada con Gemini)

Inteligencia artificial en las empresas: los 7 riesgos silenciosos que amenazan los negocios

Leo PiccioliEconomista, Autor, ex-CEO

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Más allá del debate apocalíptico sobre el fin de la humanidad, la adopción desregulada de la IA ya debilita la toma de decisiones, la seguridad de los datos y el talento corporativo. De la dependencia operativa a la pérdida del pensamiento crítico, cuáles son las fallas invisibles que aumentan la fragilidad organizacional.

1 Noviembre de 2026 05.54

Se discute si la inteligencia artificial nos va a destruir, que convendría frenarla. Hay gente seria -y no tanto- de los dos lados, y la decisión, si es que hay una decisión, depende de cuatro o cinco personas, incluyendo a Xi Jinping. Ni los lectores ni yo podemos influir demasiado.

En tanto, esa discusión funciona como una distracción bastante eficaz.

Porque mientras discutimos si la IA puede destruirnos algún día, ya está haciendo más frágiles a nuestras empresas hoy.

"Me llamó mi mujer por WhatsApp", me contó un conocido. "Me pidió plata, me pasó el alias." Era la voz. Era el tono. No era ella. Y tampoco su alias.

Cuando era CEO de Officenet hacíamos simulacros de evacuación cuatro veces por año. Nunca hubo un incendio. Pero teníamos el músculo entrenado.

De lo que hoy está pasando, ni un ensayo.

Podemos describir siete riesgos para todas las empresas, y ninguno incluye robots asesinos. Todos tienen algo en común: agregan fragilidad sin que se note.

1. Dependencia

Hay algo que tu empresa hacía hace dos años y hoy no sabría hacer sin la IA que usa.

Un estudio de KPMG de 2025 encontró que más de la mitad de los que usan IA en el trabajo no se lo cuentan a su jefe. Tu equipo ya está apoyado en herramientas que nadie eligió, auditó ni puede listar.

Lo hacen porque funciona y es más eficiente en el corto plazo. La fragilidad aparece después.

¿Qué hace hoy tu empresa que no sabría hacer sin la IA? Y de eso, ¿cuánto lo decidiste vos y cuánto simplemente empezó?

2. Captura

En mayo cerró Spirit Airlines. Se liquidó y se vendió todo lo vendible.

La compra que llamó la atención fue la de Google: US$ 10 millones por los datos. Mails, comunicaciones internas, planillas, reservas, hasta información de recursos humanos.

Si tus datos valen eso cuando la empresa ya no existe, pensá cuánto valen mientras funciona. Y ahora pensá dónde los estás dejando.

Cada vez que una empresa mete contratos, código, estrategias, números o información interna dentro de sistemas que no controla, una parte de su conocimiento queda afuera de la organización.

El riesgo es básico: ya no controlás por completo dónde está, cuánto tiempo queda ahí, quién puede acceder y bajo qué reglas futuras.

¿Podés hacer ahora la lista de qué información de tu empresa está adentro de una IA que no controlás?

3. Suplantación

El llamado del inicio es la versión doméstica. La comercial es más aburrida y más cara.

Un competidor puede hacerse pasar por cliente y sacarte precios, plazos y nombres. Eso existió siempre, pero antes era caro. El mystery shopper era uno por trimestre; ahora pueden ser mil por semana, cada uno con una voz distinta y una historia coherente.

En enero de 2024, un empleado de finanzas de Arup entró a una videollamada con su director financiero y varios colegas. Todos, menos él, eran sintéticos.

Hizo quince transferencias a cinco cuentas: veinticinco millones de dólares.

Vuelve a hacer falta alguien que dé fe: un segundo canal, una palabra acordada, una llamada de vuelta al número que ya tenías.

¿Cuántas personas en tu empresa pueden autorizar un pago o una entrega con solo reconocer una voz?

4. Dilución

"Lo sugirió el sistema" es el nuevo "viene de arriba".

Un gerente que no puede explicar una decisión sin nombrar a la herramienta no tomó una decisión. La tramitó.

El problema no es pedirle una recomendación a una máquina. Es usar esa recomendación sin hacerse responsable.

Delegar la redacción está bien. Delegar el análisis ayuda. Delegar la decisión es regalar lo último que nos queda.

¿Qué decisión se tomó este mes en tu empresa que nadie puede explicar sin nombrar a la IA?

5. Atrofia

Microsoft Research y Carnegie Mellon les preguntaron a 319 trabajadores del conocimiento por 936 tareas reales.

El resultado: cuanta más confianza tiene alguien en la IA, menos pensamiento crítico aplica; cuanta más confianza tiene en sí mismo, más.

Eso no prueba que la IA vuelva incapaz a quien la usa. Sí muestra que cuando confiamos más en la herramienta, tendemos a revisar menos.

Es la "Dependencia" llevada hasta el final.

Elegí el proceso más importante de tu empresa: ¿cuántas personas lo sabrían hacer a mano?

6. Esterilidad

El Digital Economy Lab de Stanford viene midiendo esto sobre sueldos reales.

Entre los 22 y los 25 años, en las ocupaciones más expuestas a la IA, el empleo está 19% por debajo de donde estaría si hubiera crecido al ritmo de las ocupaciones menos expuestas. Hace un año la brecha era del 15%.

Lo importante no es el número. Es el mecanismo.

El ajuste no se está haciendo con despidos. Se está haciendo contratando menos.

El junior hacía las tareas aburridas. Ahora las hace la máquina, mejor y más barata. Perfecto. Solo que esas tareas eran el lugar donde alguien aprendía el oficio.

La mejor forma de no despedir es no contratar. Con un asterisco: si no entra nadie abajo, dentro de diez años no tenés a quién ascender.

Esos juniors son gente del futuro que no existe, que no estamos formando.

Si en los últimos doce meses no entró nadie a hacer ese trabajo: ¿lo decidiste, o te pasó?

7. Apagón

No hay internet. O hay internet y no hay luz. O hay luz y no hay combustible.

La IA no inventó estos riesgos. Pero apoyamos cada vez más procesos críticos sobre la misma infraestructura: conectividad, nube, electricidad, software, automatización.

Cada mejora nos vuelve más eficientes mientras todo funciona. Y potencialmente más frágiles cuando algo deja de funcionar.

No hace falta un plan de continuidad de cuarenta páginas. Alcanza con preguntarse periódicamente: ¿cuántas horas sin internet o electricidad puede seguir facturando tu empresa?

El simulacro trimestral ahora se debería hacer en una sala de reuniones, sin computadoras presentes, claro.

El octavo riesgo se lleva los titulares: que la IA termine con la humanidad. Puede ser. Yo no sé y desconfío bastante del que dice que sabe, en ambas direcciones. Mientras discutimos ese, los siete de arriba ya están pasando: dependencia, captura, suplantación, dilución, atrofia, esterilidad, apagón.

Siete formas de volverse frágil sin enterarse.

Nuestra fragilidad

Nassim Taleb separa tres estados: lo frágil se rompe con el desorden, lo robusto lo aguanta, lo antifrágil mejora con él.

Una empresa eficiente no es automáticamente robusta. Muchas veces es al revés, porque cada mejora le fue sacando una holgura.

Desde mi libro Sé tu propio CEO insisto con el algoritmo EAT: eliminar, automatizar, tercerizar, siempre en ese orden.

EAT es para sacarnos de encima lo repetitivo y dejarnos tiempo para lo que ninguna máquina hace: construir una relación, ganar la confianza de alguien, inventar algo que no existe.

Leído al revés, también muestra dónde somos frágiles:

  • Lo tercerizado puede desaparecer.
  • Lo automatizado puede dejarnos sin práctica.
  • Lo eliminado puede ser algo que volvamos a necesitar.

La tecnología nos hace más eficientes. El riesgo aparece cuando, en nombre de esa eficiencia, dejamos de saber, dejamos de decidir o dejamos de confiar unos en otros.

La gente que sabe, que inspira confianza y que decide, evita que esa eficiencia nos vuelva frágiles.



*Leo Piccioli. Economista, ex CEO de Staples, conferencista, autor.
 

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