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Michel Kamm, el cineasta que convirtió el cacao en identidad triangular
Lifestyle

El cineasta que convirtió el cacao ancestral en identidad de lujo

Julissa Villanueva Periodista

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Michel Kammoun trasladó su mirada de cineasta al cacao fino y de aroma para construir una marca que combina genética ancestral, experiencia sensorial y posicionamiento global. Hoy Kamm produce 50.000 barras al mes y lleva el chocolate ecuatoriano a escenarios como París y Shanghái.

16 Enero de 2026 13.25

Michel Kammoun tiene 35 años, nació en Quito, y es hijo de inmigrantes -madre  libanesa y  padre sirio- cuya historia en Ecuador empezó en Esmeraldas. Ese origen y el contraste de sus raíces con países marcados por la guerra lo llevó desde niño a vincularse con trabajo comunitario, un hilo que más tarde lo devolvería a la ‘Provincia Verde’ antes de pensar en el cacao como negocio.

Su primera vocación fue el cine: estudió en la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y a la mitad de su carrera viajó a Beirut para especializarse en creación de guiones, luego siguió unos cursos en Francia y Estados Unidos. A su retorno a Ecuador, a los 21 años de edad, obtuvo un fondo para filmar un documental con la comunidad Chachi, en Esmeraldas. 

El proyecto no era sobre cacao, pero la investigación y convivencia le abrieron una nueva obsesión con los árboles centenarios y gigantes que seguían produciendo. Además, le inquietó la pregunta de por qué esa cepa ancestral no tenía un rol protagónico para reactivar la economía de estas localidades.

Ese descubrimiento redefinió el rumbo. Kammoun se fijó la meta de revalorizar el trabajo comunitario y traducirlo en un producto capaz de sostenerse en el mercado global. De esa transición nació Kamm, una marca que ofrece chocolate sin azúcar, sin leche y sin aditivos. Su nombre se relaciona con el apellido del fundador, pero Kamm también es una palabra de la lengua Cha’palaa, hablada por el pueblo indígena de los chachis, que significa ‘el cacao está tostado en su punto perfecto’, una expresión clave para la calidad del chocolate.

Kammoun calcula que su inversión inicial fue de US$ 55.000, de los cuales US$ 15.000 utilizó en matrices y moldes (fabricados en Italia), para darle forma triangular a sus chocolates. “Un día, mientras filmaba en la comunidad chachi, le pedí a los niños que dibujaran un chocolate; me sorprendió que la mayoría trazó algo similar a un triángulo”, recuerda. Al investigar más, encontró que esta cultura se centra en una trinidad de vida: armonía con la naturaleza, la vida comunitaria y el trabajo con productos como el cacao. 

La apuesta fue convertir sus barras en experiencia premium -como una botella cara de whisky- y desarrollar un enfoque de cero desperdicio, aprovechando también el mucílago, como endulzante natural. El mucílago de cacao es una pulpa blanca, dulce y pegajosa que envuelve las semillas dentro de la vaina del cacao, rica en azúcares, fibra, vitaminas y minerales. “En Ecuador se desperdician casi 5.000 toneladas del mucílago y con ello, más otros derivados del cacao, hemos logrado que Kamm se convierta en la primera barra de chocolate cero desperdicios del país”, sostiene. 

Hoy Kamm produce 50.000 barras al mes, opera con 44 personas (38 en fábrica y 6 en oficina). Reporta US$ 350.000 de facturación anual local y la cifra sube a US$ 500.000 con exportaciones al cierre de 2025, según indica. Compra cacao fino y aroma pagando una prima estimada de 30 % a 40 % sobre el precio de referencia internacional, con ajustes si es orgánico certificado, principalmente de la comunidad chachi, donde ha promovido la siembra de 7.000 árboles de cacao fino y de aroma, que ya empezaron a dar frutos. Aunque también amplió su demanda a otras provincias, para cubrir su necesidad de materia prima y cumplir con los pedidos que van creciendo dentro y fuera del país. 

Cuando el ritual del chocolate se volvió digital

Durante el confinamiento por la pandemia del Covid-19, Kammoun trasladó su mirada de cineasta al universo del cacao y diseñó catas online sensoriales que convirtieron la pantalla en escenario. Así nació formalmente Kamm, en febrero de 2021. No se trataba de enviar chocolate, sino de crear un ritual: abrir, oler, probar y conversar, incluso a la distancia.

Los kits -con precios entre US$ 45 y US$ 80- reunían la colección insignia de la marca con barras de mango, limón-jengibre, caramelo-sal y chai tea, más maridajes pensados para acompañar el momento, como miske (bebida indígena ancestral), ron artesanal y vinos seleccionados. En plena incertidumbre global, Kamm ofreció algo poco común: el lujo también podía ser íntimo y compartido.

La propuesta encontró eco inmediato en el segmento corporativo, que buscaba nuevas formas de reconectar a sus equipos. Empresas nacionales y regionales enviaban los kits a los hogares de sus colaboradores con una instrucción precisa: no abrir hasta el inicio de la cata virtual. En el pico de la pandemia, esta marca llegó a reunir a 180 ejecutivos de Colombia, Chile, Perú y Ecuador en una sola sesión. La inversión inicial se recuperó en menos de un año. “Vendimos rituales, no productos”, resume Kammoun.

Michel Kamm, el cineasta que convirtió el cacao en identidad triangular
Kamm, la marca del cacao con identidad triangular. Fotos: Armando Prado

Hoy, la experiencia se trasladó a la exclusividad presencial. Kamm opera un Tasting Room en el Swissôtel Quito, donde huéspedes y turistas descubren cómo combinar chocolate con bebidas que realizan su sabor. A través de alianzas con cruceros de lujo, se presenta allí como una experiencia cultural y una primera puerta al Ecuador para el viajero global.

Su barra 100 % endulzada con mucílago de cacao fue reconocida durante tres años consecutivos como la mejor barra del Salón del Chocolate de París, además de obtener múltiples medallas de oro en los National Chocolate Awards y premios de innovación por desarrollar la primera barra de chocolate cero desperdicio, elaborada con grano, pulpa y cáscara del cacao.

Ese reconocimiento abrió las puertas a los grandes circuitos globales. Kammoun comenzó a participar como ponente en ferias y encuentros internacionales, donde el discurso se aleja del producto para centrarse en el origen, la biodiversidad y la innovación aplicada al cacao fino y de aroma. En 2025, representó al Ecuador en Food and Hospitality China, la mayor feria de alimentos del país, con una conferencia sobre el valor cultural y económico del cacao y su potencial para redefinir la industria desde la sostenibilidad.

El cine quedó en segundo plano, aunque ocasionalmente lo convocan para desarrollar guiones, y hoy Kammoun vuelca su creatividad, tiempo y su obsesión en hacer crecer Kamm como una experiencia de origen, sabor y estilo de vida. (I)

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