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El “vestido de la venganza” de Lady Di se subasta después de 29 años: cuánto vale la prenda que hizo historia

Pancho Barreiro

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Diana lo usó en 1994, la misma noche en que el entonces príncipe Carlos reconoció públicamente que había sido infiel durante su matrimonio. Casi tres décadas después de su última venta, Sotheby's subastará uno de los vestidos más famosos de la historia reciente con una estimación de hasta US$ 300.000.

10 Septiembre de 2026 11.40

Uno de los vestidos más reconocibles de Lady Di volverá a cambiar de manos: Sotheby's lo subastará el próximo 9 de diciembre en Nueva York, con una estimación de entre US$ 150.000 y US$ 300.000.

Será la primera vez que el llamado “revenge dress” vuelva al mercado desde 1997, cuando Diana decidió desprenderse de buena parte de su guardarropa en una histórica subasta benéfica organizada pocos meses antes de su muerte. En aquella venta de Christie's, Briege y Grahame Mackenzie pagaron £39.098.

Parte de lo recaudado en diciembre será destinada a NHS Lothian Charity. Pero el valor actual del vestido ya no depende solamente de su diseño o de sus materiales: pesa, sobre todo, la historia que quedó asociada a él.

La figura de cera de Lady Di en el Museo Grévin de París, vestida con una réplica del célebre “revenge dress” que Diana usó en 1994.
La figura de cera de Lady Di en el Museo Grévin de París, vestida con una réplica del célebre “revenge dress” que Diana usó en 1994.

Por qué se convirtió en el “vestido de la venganza”

Diana había encargado el vestido negro a la diseñadora Christina Stambolian unos tres años antes, pero durante mucho tiempo lo consideró demasiado audaz para los códigos de la familia real. Era ajustado, dejaba los hombros descubiertos y mostraba bastante más de lo habitual en sus apariciones públicas.

Todo cambió el 29 de junio de 1994. Carlos y Diana llevaban separados desde 1992 y esa noche la televisión británica emitió Charles: The Private Man, the Public Role, el documental en el que el príncipe admitía públicamente que había sido infiel durante su matrimonio.

Diana tenía esa misma noche otro compromiso: una gala organizada por Vanity Fair a beneficio de la Serpentine Gallery, en Londres. Frente a decenas de fotógrafos apareció con aquel pequeño vestido negro de Stambolian y convirtió una salida pública en una imagen que terminaría compitiendo directamente con la confesión televisiva de su marido.

La elección tampoco estaba prevista originalmente. Diana tenía pensado utilizar un diseño de Valentino, pero finalmente cambió de decisión y recurrió al vestido que había mantenido guardado durante años. La prensa británica interpretó rápidamente el gesto como una respuesta a Carlos y comenzó a referirse a la prenda como el “revenge dress”, el “vestido de la venganza”.

Elizabeth Debicki recreó en The Crown la histórica aparición de Lady Di con el “revenge dress” en la gala de la Serpentine Gallery de 1994.
Elizabeth Debicki recreó en The Crown la histórica aparición de Lady Di con el “revenge dress” en la gala de la Serpentine Gallery de 1994.

El impacto tuvo menos que ver con una supuesta declaración explícita de Diana que con la fuerza de la imagen. En momentos en que la atención pública estaba concentrada en la crisis matrimonial, la princesa apareció con una estética mucho más libre que durante sus primeros años dentro de la familia real y terminó ocupando las portadas junto a —y en algunos casos por encima de— la entrevista de Carlos.

Aquella noche completó el vestido con uno de sus chokers más conocidos, formado por varias vueltas de perlas y un gran zafiro rodeado de diamantes. El centro de la pieza provenía originalmente de un broche que la Reina Madre le había regalado por su boda y que Diana había transformado en collar, una combinación particular entre una joya vinculada a la monarquía y un vestido que pasó a simbolizar precisamente su alejamiento de aquellos códigos.

De Marilyn Monroe a Jane Birkin: cuando la historia multiplica el precio

El regreso del vestido al mercado también muestra cómo las prendas y objetos asociados a momentos culturales relevantes se consolidaron como una categoría propia del coleccionismo. En estos casos, la procedencia y la historia pueden pesar tanto como el diseño.

Uno de los ejemplos más famosos es Marilyn Monroe. El vestido que utilizó para cantarle “Happy Birthday” al presidente John F. Kennedy en 1962 alcanzó US$ 4,81 millones en una subasta realizada en 2016 y se convirtió en uno de los vestidos más caros jamás vendidos.

Algo similar ocurrió con Jane Birkin. El Birkin original de Hermès, fabricado especialmente para ella en 1984 y convertido después en uno de los bolsos más famosos del mundo, se vendió en Sotheby's París en 2025 por cerca de US$ 10 millones.

El vestido de Diana está lejos de esas cifras, al menos según la estimación inicial de Sotheby's. Pero comparte con esos objetos la misma lógica: no se compra sólo una prenda o un accesorio, sino una pieza física ligada a un momento que después pasó a formar parte de la historia cultural.

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