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Natarajan Chandrasekaran, el CEO de Tata
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Natarajan Chandrasekaran, el CEO de Tata
Hindustan Times

Crisis sucesoria en el multimillonario grupo Tata: el CEO N. Chandrasekaran no buscará la reelección

Juan Romero

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"Chandra" anunció que no buscará renovar su mandato como presidente de Tata Sons en febrero de 2027. La decisión profundiza una disputa con Noel Tata y deja sin definición sucesoria a un conglomerado valuado en U$S 300.000 millones, clave para la economía india.

16 Agosto de 2026 06.00

N. Chandrasekaran, presidente de Tata Sons, no buscará su reelección al finalizar su mandato el 20 de febrero de 2027. La decisión abre una nueva etapa de incertidumbre en el mayor conglomerado de India, en medio de una disputa de sucesión con Noel Tata, titular de Tata Trusts, el grupo de entidades benéficas que ejerce el control final sobre Tata Group.

Chandrasekaran continuará al frente de Tata Sons hasta el cierre de su período actual, pero su salida descarta lo que hasta hace menos de un año parecía una continuidad natural: un tercer mandato de cinco años. El ejecutivo, conocido como “Chandra”, enfrentaba la posibilidad de una votación de confianza en la próxima asamblea anual del grupo, luego de meses de desacuerdos en torno a su continuidad.

No solo es necesario contar con un líder que dirija al grupo más allá de febrero de 2027, sino que la claridad sobre el liderazgo es importante para los empleados, inversores, socios y otros grupos de interés”, afirmó Chandrasekaran al comunicar su decisión.

El mensaje encierra una advertencia institucional. Tata Sons no cuenta con un vicepresidente ni con un plan de sucesión formalizado, y ahora deberá resolver el reemplazo de quien condujo el holding durante una década, justo cuando varias de sus compañías enfrentan presiones operativas, bursátiles y regulatorias.

La disputa con Noel Tata

La tensión se remonta, al menos, a febrero. Noel Tata expresó entonces su desacuerdo con una resolución de Tata Trusts que había respaldado la continuidad de Chandrasekaran. Según personas familiarizadas con la situación, el presidente de Tata Trusts busca un papel más relevante para su hijo, Neville Tata, dentro de la estructura corporativa.

La diferencia escaló hasta dejar en suspenso el futuro de Chandrasekaran. De acuerdo con dos fuentes de la compañía citadas por el Financial Times, Noel Tata podía impulsar una votación sobre la renovación de su cargo durante la reunión de accionistas prevista para la próxima semana. Para el presidente de Tata Sons, que acumulaba una década de gestión, esa instancia podía resultar difícil de transitar.

Preferiría no enfrentar una votación, sino dar un paso al costado”, explicó un ejecutivo de Tata bajo condición de anonimato, al describir la posición de Chandrasekaran.

El episodio revela una tensión frecuente en los grandes grupos controlados por familias, fundaciones o trusts: la necesidad de balancear la continuidad profesional de una conducción ejecutiva con las prioridades de los accionistas de control. En Tata, esa discusión cobra otra escala por el peso económico, industrial y simbólico de la compañía en India.

Un grupo sistémico, bajo presión

Tata emplea a más de 1 millón de personas y opera en sectores que incluyen servicios tecnológicos, acero, aerolíneas, defensa, electrónica y semiconductores. Su dimensión lo vuelve una compañía sistémicamente relevante para India y un vehículo central para la estrategia de industrialización y modernización tecnológica del país.

Pero la crisis sucesoria se superpone con desafíos concretos. Tata Sons enfrenta la posibilidad de una salida a bolsa obligatoria debido a la clasificación que le otorgó el Banco de Reserva de India como una entidad financiera no bancaria de gran escala y relevancia sistémica. La empresa solicitó abandonar esa condición para evitar el listing, después de cancelar deuda, aunque el regulador todavía no tomó una decisión final.

La discusión no es menor. Una eventual cotización de Tata Sons obligaría al holding a abrir información y participación accionaria al mercado, alterando una estructura de control históricamente concentrada en Tata Trusts y en otras compañías del grupo.

A la incertidumbre regulatoria se suman problemas operativos. Tata Consultancy Services (TCS), la mayor empresa de servicios de tecnología de India y una de las principales fuentes de caja del conglomerado, vio caer sus acciones cerca de 20% durante el último año, en un mercado que evalúa el impacto potencial de la inteligencia artificial sobre los servicios tecnológicos tradicionales. Tras conocerse la decisión de Chandrasekaran, las acciones de TCS llegaron a retroceder alrededor de 5%.

La preocupación también alcanza a Air India. La aerolínea del grupo continúa atravesando una crisis después del accidente ocurrido el año pasado, que dejó 260 muertos. El episodio obligó a la compañía a revisar su operación y gestión de seguridad, en un momento en que Tata buscaba reposicionar a la empresa como un jugador global tras su regreso al control del grupo.

Tecnología: el núcleo del negocio en América del Sur

TCS tiene presencia corporativa en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, además de operaciones en otros mercados latinoamericanos. En toda América Latina emplea a más de 26.000 personas, opera en nueve países y presta servicios a más de 400 clientes de sectores como banca, retail, tecnología y salud.

En Argentina, TCS cuenta con una operación en Buenos Aires y un Global Delivery Center en Parque Patricios, desde donde brinda consultoría, soluciones de IT, BPO e implementación de productos tecnológicos.

Uruguay también ocupa un lugar relevante dentro del modelo nearshore de la compañía. TCS opera dos oficinas en Montevideo —Monte Caseros y E-Tower— y define su instalación de Monte Caseros como su primer Nearshore Delivery Center de América Latina, orientado a servicios de BPO para clientes globales.

Brasil, la mayor apuesta

Brasil es el mercado sudamericano más relevante para la expansión reciente del grupo. En enero, TCS anunció la construcción de su mayor centro de servicios de la región en Londrina, con una inversión inicial de U$S 37 millones —equivalentes a R$ 200 millones— y previsión de crear más de 1.600 empleos hacia 2027.

La compañía ya lleva más de dos décadas en Brasil, tiene centros de entrega en Londrina, San Pablo y Río de Janeiro, y trabaja con más de 200 clientes en el país. El nuevo campus apunta a funcionar como hub de innovación y servicios para Brasil y el resto de América Latina.

Otros negocios y alcance

Tata International —la unidad comercial, de distribución y supply chain del grupo— declara tener una red de oficinas y subsidiarias en más de 29 países, incluidos mercados de América Latina. Sin embargo, la información pública disponible no permite precisar, con el mismo nivel de detalle que en TCS, inversiones operativas actuales de esa división en cada país sudamericano.

Tata Motors tuvo históricamente proyectos de expansión en la región, incluido un plan de ensamblaje en Venezuela anunciado en 2014. Pero no encontré evidencia reciente y oficial que permita afirmar que esa iniciativa continúe operativa o que represente hoy un activo estratégico comparable con TCS en Sudamérica.

En síntesis, para incorporar al artículo sobre la salida de N. Chandrasekaran, el ángulo regional más sólido es que Tata tiene en TCS su principal plataforma sudamericana, con operaciones en Argentina y Uruguay y una expansión especialmente relevante en Brasil. La caída de 20% de TCS en el último año y la presión de la inteligencia artificial, por lo tanto, no solo afectan la caja del grupo en India: también alcanzan a una de las redes de servicios tecnológicos más extendidas de América Latina.

El legado y el próximo capítulo

Chandrasekaran llegó a la presidencia de Tata Sons tras construir su carrera en TCS. Bajo su gestión, el conglomerado aceleró su presencia en negocios de alta tecnología, impulsó inversiones en electrónica y semiconductores, y buscó consolidar activos estratégicos en una India que aspira a competir como potencia manufacturera y digital.

Su salida no será inmediata, pero modifica el calendario y obliga al directorio a iniciar una búsqueda que hasta ahora no estaba resuelta. La falta de unanimidad para extender su mandato expone una ruptura que el grupo deberá manejar con rapidez para preservar la confianza de empleados, inversores, socios y reguladores.

El desafío de Tata no será únicamente elegir un nombre. Deberá definir qué clase de liderazgo necesita para atravesar una eventual cotización, recomponer el valor de sus activos tecnológicos, gestionar la crisis de Air India y sostener sus inversiones industriales. Para un holding que es parte de la infraestructura económica de India, la sucesión de Chandrasekaran ya no es un asunto de directorio: se convirtió en una decisión estratégica con impacto sobre todo el grupo.

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