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El Banco Central del Ecuador anunció que en este mes se tendrá lista una nueva metodología para el cálculo. El objetivo es caminar hacia un sistema de bandas. Sin embargo, un estudio del Banco Mundial recomienda a los países avanzar hacia una liberalización. La discusión está abierta.

01 Agosto de 2021 19.18

En entrevista con Diario El Comercio, del pasado 15 de julio del 2021, el gerente del Banco Central del Ecuador, Guillermo Avellán, anunció que hasta el 30 de agosto del 2021 se tendrá lista una nueva metodología de cálculo de las tasas de interés. Según el funcionario “los techos de las tasas de interés actualmente no responden a criterios técnicos y genera que las instituciones financieras se peguen a ese techo, sea el cliente un buen o mal pagador. Además, impiden la competencia”. Y añadió que las tasas máximas o techos provocan que personas sean excluidas del sistema financiero formal y tengan que ir al chulquero. “Ecuador debería caminar a tasas de equilibrio por segmentos, en donde hay bandas superiores”. 

Por su parte, la superintendenta de Bancos, Ruth Arregui, en diálogo con Diario El Universo, el pasado 23 de julio del 2021, informó que tiene remitido a la Junta de Política y de Regulación Monetaria una propuesta de metodología prime, es decir, “una tasa de referencia que se calcula por competitividad en cada uno de los segmentos de crédito: comercial, de microcrédito, de vivienda, educativo y consumo. Lo que se busca es que el cliente solvente, los mejores pagadores y que mejor evaluación crediticia tienen puedan beneficiarse de una rebaja de esa tasa de interés”. 

En este escenario, el Banco Mundial lanzó en el 2020 un informe llamado “Tasa de interés. Represión alrededor del mundo”, donde analiza el impacto de lo que denomina Controles de Tipos de Interés (IRC, por sus siglas en inglés). Según el organismo multilateral, históricamente, las restricciones a las tasas de interés han sido parte del conjunto de herramientas de políticas públicas que muchos países, especialmente emergentes y en vías de desarrollo, han utilizado para enfrentar la crisis financiera global. Esta tendencia parece estar recuperando fuerza en el contexto de la pandemia Covid-19, con más países que modifican los IRC existentes o introducen nuevos. Por ejemplo, durante el primer mes después de la declaración de la pandemia economías como Argentina, China, Finlandia, Sri Lanka y Vietnam optaron por tales medidas. 

Pero, al parecer, por los análisis y resultados que presenta el informe, la aplicación de IRC no es una opción tan positiva. Y cita el caso de Kenia. En septiembre del 2016, los legisladores aprobaron una ley que introdujo IRC “draconianos” en los mercados de préstamos y depósitos. Específicamente, la ley impuso topes a más de la mitad de todos los préstamos existentes y estos fueron acompañados por un piso en todos los tipos de depósitos. Los topes a las tasas activas se determinaron aplicando un margen sobre la tasa del Banco Central. 

“El efecto inmediato fue una fuerte contracción del crédito bancario a las Mipymes. Los balances de los bancos más pequeños se vieron afectados de manera desproporcionada, ya que su modelo de negocio se basó en un mayor riesgo sobre mayor rentabilidad. No solo los prestatarios más riesgosos, sino también los préstamos al sector privado en general se vieron afectados, ya que los bancos redirigieron sus créditos al sector público, que, a una tasa máxima determinada, podrían proporcionar una mayor capacidad crediticia sin costos de selección y con requisitos prudenciales más flexibles. Además, la amplitud de los IRC pareció afectar también a la política monetaria, ya que la capacidad del Banco Central de Kenia para reducir la tasa ante un menor crecimiento y una menor inflación se vio limitada”. ¿El resultado tres años después? Las autoridades de Kenia derogaron los IRC en noviembre del 2019, culpándolos de reducir el crédito al sector privado, dañar el crecimiento económico y debilitar la efectividad de la política monetaria. 

¿Liberalizar las tasas?

Para el Banco Mundial, en ausencia de una metodología bien establecida, se sugiere una descomposición contable de las tasas de interés bancarias. Si el régimen de tipos de interés del país es inadecuado y distorsionante, una política de gestión de tipos de interés puede ser necesario hasta que se obtengan las condiciones para una liberalización uniforme. Eso sí, hay principios rectores importantes de la gestión de tipos de interés: 
1. Transparencia, para asegurar que los CRI sean conocidos y comprendidos por los participantes del mercado. 
2. Flexibilidad, para asegurar que los cambios en los aspectos económicos y estructurales se transmitan a cambios en las tasas de interés. 

El documento analiza un plan para una reforma financiera que apunte a la liberalización de tipos de interés. Un esencial primer paso sería desarrollar instrumentos del mercado monetario. La regulación y la supervisión prudenciales deben fortalecerse para asegurar la resiliencia de la banca. El marco de la política de competencia bancaria debería ser evaluado y, si es necesario, fortalecido para asegurar al mercado la capacidad de respuesta a los cambios en las tasas de interés. Finalmente, las intervenciones gubernamentales distorsionantes en los mercados crediticios tendrían que minimizarse. 

En Ecuador

El informe brinda un corto análisis de lo que ocurre en Ecuador. Los IRC en el país se introdujeron en el 2000, cuando se adoptó el dólar estadounidense como moneda de curso legal. Primero, hubo límites a las tasas máximas de préstamos basadas en la tasa de oferta interbancaria de Londres (Libor), aumentada por un diferencial que considera el Riesgo País y un margen operativo del 4%. Posteriormente, en el 2007 las autoridades introdujeron la tasa de interés absoluta, con topes en cuatro carteras de crédito y la prohibición de cobrar de tarifas y comisiones. 

Los segmentos afectados por los topes se han incrementado hasta los 19 actuales, con 22 topes de tasas de interés administradas. Los límites máximos varían según el subsegmento, pero no está claro si la variación por grupo de crédito refleja adecuadamente el riesgo subyacente. Finalmente, a excepción de los microcréditos y préstamos al consumo prioritario, que sufrieron una revisión de sus límites máximos de tasas de interés ??en el 2018, los límites máximos de las tasas activas no han cambiado durante los últimos cinco años. (I)

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