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 Director ejecutivo de Puris Proteins, Tyler Lorenzen (con su hermana, Nicole At
Negocios

De un garage familiar a US$ 200 millones en ventas: el socio que impulsa a la "generación Ozempic"

Chloe Sorvino

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Un heredero de Puris mueve los hilos detrás del boom de los GLP-1: semillas, ingredientes y una alianza con Cargill para abastecer a grandes marcas con proteína vegetal de mejor sabor, mientras crece la demanda de alimentos “funcionales” en EE.UU.

21 Marzo de 2026 06.00

Mientras la llamada “generación Ozempic” busca que cada caloría valga la pena, un fabricante de polvos de proteína de guisante y soja con sede en Minneapolis se convirtió, casi sin ruido, en una potencia de la tecnología agrícola. Lo hizo en medio de góndolas cargadas de cereales, pastas y bebidas deportivas repletas de proteínas.

“Lo que todos los usuarios de GLP1 desean es incluir más proteínas en su dieta”, afirma Tyler Lorenzen, director ejecutivo de Puris Proteins. “Tiene que tener un sabor excelente y ser más nutritiva. Por eso Puris está creciendo más rápido que otras empresas. A la gente le encanta lo que come, y el buen sabor es la clave para adquirir hábitos saludables, y así comienza el ciclo de la longevidad”, sostiene.

Tuvieron que pasar 40 años para que la empresa familiar Puris Proteins estuviera lista para este momento. Lo que empezó con el cultivo de soja por la noche en el sótano de una casa terminó por convertirse en el mayor fabricante de proteína de guisante de Estados Unidos.

“Invertís toda una vida en una idea, y cuando empieza a funcionar, se vuelve emocionante”, dice Tyler Lorenzen, de 40 años, cuyos padres fundaron la compañía en 1985. “¿Y entonces cómo puedo hacer más?”, agrega.

Con ingresos anuales estimados en US$ 200 millones, la empresa familiar Puris Proteins creció tras cubrir un vacío clave en la industria de las semillas. La compañía vende semillas de soja, maíz y arvejas a cientos de productores en 20 estados, que generan cerca de 3 millones de bushels por año. El negocio de mejoramiento de semillas se completa con una división de procesamiento de ingredientes que provee proteína de guisante y otros insumos a 200 grandes marcas de alimentos. Entre sus clientes figuran Cargill, la mayor empresa privada de Estados Unidos, y la startup Ritual. La hermana mayor de Tyler Lorenzen, Nicole Atchison, directora ejecutiva de Puris Holdings, trabaja con los productores para garantizar que se siembren las hectáreas necesarias. Él, en cambio, se encarga de posicionar la proteína en el mercado y acercarla a los compradores.

Las empresas de alimentos recurrieron a Puris Proteins a medida que los consumidores, en especial quienes usan medicamentos para bajar de peso, buscaron sumar más proteínas a su dieta diaria. La tendencia se profundizó en los últimos años y empujó a las marcas a reformular productos que ya estaban en góndola. Según datos de SPINS, con sede en Chicago, los productos elaborados con proteína de arvejas crecieron a un ritmo anual del 15 %, casi cinco veces por encima del promedio de las marcas tradicionales de alimentos. El mercado avanzó con fuerza: cerca del 12 % de los adultos en Estados Unidos, unos 31 millones de personas, toma medicamentos para bajar de peso.

Desde 2018, una empresa conjunta con Cargill permitió reconvertir una antigua planta láctea en una fábrica de 18.000 metros cuadrados en Dawson, Minnesota. Ese acuerdo impulsó inversiones por más de US$ 100 millones en el negocio. Aun así, los Lorenzen conservaron la mayoría accionaria.

Según PitchBook, Puris Proteins recaudó más de US$ 250 millones en total, cifra que incluye aportes de capital minoritario y deuda.

Por su parte, Forbes estimó que la compañía tiene un patrimonio de al menos US$ 400 millones y que la participación de la familia Lorenzen ronda la mitad de ese monto.

El objetivo, explica Nicole Atchison, de 42 años, es "construir la independencia regional, lo que nuestro padre llamaba 'independencia proteica'. Estamos jugando lo que llamamos el juego infinito. Somos constructores. Somos hacedores. Ni siquiera podemos evitarlo".

A fines de la década de 1970, Jerry Lorenzen trabajó un verano, cuando cursaba la secundaria, en Pioneer Hi-Bred, la firma de mejoramiento de semillas con sede en Iowa que hoy pertenece a Corteva y cotiza en bolsa. Esa experiencia lo marcó: decidió que quería convertirse en fitomejorador. Siguió como aficionado hasta que en 1985 resolvió lanzar sus propias variedades al mercado. Tenía dos hijos chicos y apenas US$ 250 en la cuenta familiar. 

Salía a vender alimento para animales durante el día y, por la noche y los fines de semana, cultivaba soja. Muchas veces se quedaba despierto hasta la madrugada en el garaje, donde hacía pruebas y cruzamientos. Detectó rápido que el negocio de las semillas de maíz tenía demasiados competidores, así que apuntó a la soja. Desde el arranque seleccionó plantas con altos rindes y mayor concentración de proteína. El primer gasto importante fue una computadora para programar. Pagó US$ 50 por el equipo en Kmart.

Los primeros años de Puris Proteins resultaron duros. El mejoramiento tradicional, sin bioingeniería, demora entre siete y diez años en mostrar resultados concretos. Aun así, Jerry insistió y en 1999 lanzó su primera variedad, pese a las burlas que recibía por sus desarrollos, a los que muchos tildaban de amateurs. 

En ese momento dominaba Monsanto, en plena expansión de las semillas genéticamente modificadas. La prioridad estaba puesta en cultivos destinados al etanol, a ingredientes industriales o a la alimentación animal. Casi nadie trabajaba en semillas pensadas para el consumo humano y mucho menos en el sabor.

“Al lanzar productos de mayor calidad al mercado, la gente empieza a asociarlos con un sabor agradable, no con algo por lo que estén sacrificando”, afirma Tyler Lorenzen, director ejecutivo de Puris Proteins. “Y el mercado está ávido de más”, sostiene.

Incluso después de algunas intervenciones familiares, Jerry Lorenzen fue uno de los pocos criadores que nunca mezcló sus variedades tradicionales con desarrollos de bioingeniería. "Nuestro padre nos enseñó hace mucho tiempo que si no controlas tus genes, puedes perder los pantalones", bromea Tyler Lorenzen.

La independencia resultó decisiva. Si el padre de Lorenzen no empujaba la operación en esos primeros años, Puris Proteins difícilmente habría logrado mantenerse completamente libre de OGM. Tampoco habría podido adquirir varias plantas abandonadas en el Medio Oeste, en un contexto en el que buena parte de la fabricación se mudó a China en busca de costos más bajos. Esa decisión permitió que hoy la producción de Puris sea 100 % nacional.

Puris Proteins recaudó US$ 4 millones de Portland Private Equity en 2012, según datos de PitchBook. Sin embargo, la compañía no alcanzó los objetivos que se había propuesto en esa etapa.

El escenario cambió en 2015, cuando la marca de proteína en polvo Vega, a la que Puris abastecía, pasó a manos de WhiteWave Foods por US$ 550 millones. Tras la venta, el fundador de Vega, Charles Chang, creó una firma de capital privado con parte de esas ganancias e invirtió una porción en Puris.

“Tenía una cláusula de no competencia para hacer cualquier cosa que obviamente perjudicara a Vega, así que ¿por qué no invertir en la empresa que realmente le vendió a Vega?”, explica Charles Chang. “Construyeron Puris a un costo increíble y con enormes obstáculos. Básicamente crearon una fábrica clandestina con financiación limitada”, relata.

Ese respaldo llegó en un momento clave, justo cuando la industria de las semillas se encaminaba a una fuerte concentración. Los cuatro mayores productores pasaron a convertirse en dos gigantes. En 2015, Dow y DuPont sellaron una fusión por US$ 130.000 millones y luego separaron el negocio conjunto de semillas bajo el nombre de Corteva, que en 2019 alcanzó una valoración de US$ 51.500 millones. En paralelo, en 2018, Bayer compró Monsanto por US$ 63.000 millones y heredó las demandas vinculadas al glifosato.

“Puedes ser víctima de los ciclos de euforia o de las bajas. O simplemente puedes ser centrado y firme”, dice Tyler Lorenzen. “Hay mucha voluntad acá y seguimos adelante”, advierte.

Por entonces, Jerry dejó la gestión diaria para que sus hijos tomaran el mando y él se dedicara al fitomejoramiento y a conducir el equipo de investigación y desarrollo genético. En esa etapa, Lorenzen jugaba al fútbol americano profesional e integró el plantel de New Orleans Saints, campeón del Super Bowl en 2009, como ala cerrada del equipo de prácticas. Se sumó al negocio familiar dos años después como vicepresidente de desarrollo empresarial. En 2015 asumió la presidencia y, en 2018, tomó el cargo de director ejecutivo de Puris Proteins. Desde ese rol encabezó la empresa conjunta con Cargill y llevó adelante la expansión del negocio de proteínas. Un año antes, Nicole Atchison, ingeniera con pasado en la industria de dispositivos médicos, se incorporó a la compañía. En 2020 pasó a ser directora ejecutiva de Puris Holdings, donde conduce el desarrollo de semillas.

proteína de puris de planta de guisante
Pod Squad: "No se trata de cuántos productos compran, sino de cuánto terminan", dice Lorenzen. "¿Estamos incorporando esa nutrición en algo que realmente puedan consumir?" (Puris protein).

En los últimos cinco años, Tyler Lorenzen sostiene que las semillas de Puris Proteins superaron en rendimiento a varias alternativas genéticamente modificadas. Según su mirada, representan una salida para productores que enfrentan temperaturas más altas y suelos cada vez más exigidos. Aun así, insiste en que el diferencial no pasa solo por la productividad, sino también por el sabor.

“Tenemos que conectar con la gente en su situación actual”, dice. “No podemos decirles que coman algo solo porque es saludable. Al lanzar productos de mayor calidad al mercado, la gente puede empezar a asociarlos con algo que sabe bien, no con algo por lo que estén sacrificando. Es un concepto realmente gratificante. Y el mercado está ávido de más”, completa.

De cara a lo que viene, Nicole Atchison y Tyler Lorenzen planean ampliar la superficie sembrada con semillas de Puris Proteins y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de sumar sus proteínas a productos de consumo masivo. Una de las apuestas es una proteína clara, soluble al 98 %, pensada para bebidas livianas, sin textura espesa ni aspecto lechoso. En el corto plazo podrían aparecer refrescos proteicos e incluso cócteles con alto contenido de proteína. Lorenzen confía en que esta proteína clara, que la empresa desarrolló durante una década y lanzó al mercado el año pasado, marque el inicio de una nueva camada de productos, en especial entre quienes usan GLP-1.

“No se trata de cuántos productos compran, sino de cuánto terminan”, dice Lorenzen. “¿Estamos incorporando esa nutrición en algo que realmente puedan consumir? La proteína clara no te hace sentir lleno. Obtienes la nutrición, pero no sientes los efectos”, concluye.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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