Un negocio ferretero con disciplina militar
La empresa Importador Ferretero Trujillo nació como una ferretería de barrio, en La Marín, en el Centro Histórico de Quito. Es una compañía que en 2025 facturó US$ 128,22 millones, tiene un portafolio de 18.000 ítems y una flota propia de 70 vehículos, entre cabezales y camiones pequeños, para llevar sus productos a 10.800 clientes a escala nacional.

David Paredes Periodista

La oficina de Jorge Trujillo, CEO y fundador de Importador Ferretero Trujillo, guarda varios objetos militares que recogen su paso por el Ejército Ecuatoriano. Conserva tres boinas rojas que utilizó hasta finales de la década de los ochenta, cuando pertenecía a la Brigada Patria, en Cotopaxi. También tiene las principales medallas que están enmarcadas y fotografías en gran tamaño que resumen momentos cruciales en su carrera castrense. 

Nació en Tababela, una parroquia rural ubicada en el nororiente de Quito, y se dedicó durante 12 años a defender al país. Fue comando (integrante del equipo de élite del Ejército de Ecuador), llegó hasta el grado de ser sargento segundo y fue parte del cordón de seguridad de la Presidencia de la República, entre 1984 y 1989. 

Cuando habla de su empresa, usa la figura de la trinchera para hablar de cómo empezó en una vieja ferretería. Se aferró a ella hasta convertirla en una importadora que abastece a miles de negocios de barrio.

Actualmente, su compañía tiene 700 colaboradores y un portafolio de 18.000 ítems que van desde un tornillo hasta un montacargas. Esta firma, en 2025, tuvo ingresos por ventas de US$ 128,22 millones, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros. 

Su historia empresarial inició lejos de los batallones. Fue a bordo de un auto Ford Escort, que era utilizado como taxi informal durante los fines de semana en los que estaba de franco. Incursionó en esta actividad durante dos años, tiempo que se tardó en recaudar los 2.000 sucres que debía a una de las cooperativas del Ejército.

"Para la época, 2.000 sucres era un montón de dinero, tomando en cuenta que mi salario como militar era de 150 sucres. Trabajaba como taxi pirata únicamente para pagarle a la cooperativa".

En 1982, un año después de servir en la guerra de Paquisha, que se dio en la frontera entre Ecuador y Perú, y libre de deudas, encontró en los clasificados de Diario El Comercio un anuncio de alguien que buscaba cambiar un negocio de ferretería o venderlo. Sin conocimiento de cómo funcionaba esta actividad, probó suerte. Entregó su Ford Escort y recibió el establecimiento.

"Mi carro fue bien vendido y la ferretería también fue bien vendida. Yo entregué un vehículo prácticamente nuevo y recibí un negocio montado con perchas, clientes y productos. Pero la verdad, lo que adquirí fue hueso".

El local estaba ubicado en el sector de La Marín, en el Centro Histórico de Quito. Las estanterías estaban llenas de galones de pinturas martilladas (sirven para darle un acabado rústico a las superficies y son ideales para metales y máquinas industriales) que no se vendían con facilidad. 

"Me demoré años en deshacerme de esos galones. Era un producto que muy pocos utilizaban. Los saqué a remate y con esos ingresos empecé de cero".

El nacimiento de la importadora

A inicios de la década de los ochenta, Su Ferretería, como se llamaba el local que adquirió, funcionaba en un espacio de cuatro por cinco metros en una de las zonas más transitadas de la ciudad. Dividía su tiempo entre su establecimiento y su trabajo en el Ejército. 

La venta de herramientas y accesorios para la construcción le generaba ingresos de 400 sucres mensuales. Era casi el triple de lo que percibía como soldado, pero no suficiente para reinvertir en mercadería, pagar arriendo y el salario de su único empleado. 

Así operó durante dos años. Su oferta crecía. Ofrecía al público algunos productos que se volvieron populares, como brochas, destornilladores y una variedad de clavos y tornillos. 

En 1984, ya con León Febres Cordero en el poder, Trujillo aplicó al programa de vivienda social del gobierno Plan Techo. Así adquirió una casa de seis por nueve metros, en Turubamba, en el sur de Quito. Allá trasladó su establecimiento y aprovechó el auge de la construcción en la zona. 

"En esa época yo vivía en una de las habitaciones de la casa y el resto la utilizaba para despachar el material a clientes. Distribuía Cemento Chimborazo a las obras que estaban construyéndose en ese sector y sus alrededores".

Para finales de la década de los ochenta e inicios de los noventa, cuando ya se había retirado de las Fuerzas Armadas, tomó una decisión que marcaría el futuro de su empresa. Cambió la estructura y estrategia del negocio. Pasó de atender tras mostrador a ser mayorista. Incluso le cambió de nombre a Comercial Trujillo, pero solo duró cinco años.  

Luego creó Importador Ferretero Trujillo, nombre con el que se mantiene hasta la actualidad.  Esta organización tiene una cartera de 10.800 clientes. Sus productos importados y de origen nacional llegan a todo el país.

"Ahora somos una organización enfocada en ser el principal proveedor de las ferreterías de barrio. Nos catalogamos como cobertureros. Es decir, dividimos las ciudades por zonas y estratégicamente asignamos vendedores para que visiten personalmente a estos pequeños locales y tomen los pedidos. Llegamos hasta Galápagos".

A la fecha, la compañía importa 150 contenedores mensuales de cerámica desde Perú y 40 contenedores de materiales ferreteros, productos de la línea bazar- hogar, juguetería y electrodomésticos desde China. 

Las bodegas de la empresa ferretera. Foto: Armando Prado Viteri para Forbes Ecuador

La organización también cuenta con su propia línea de insumos para la construcción. Una parte de sus importaciones desde China llegan al país con empaque con motivos militares. La marca se llama Comando, un guiño directo a su pasado militar. 

Hay desde martillos y pinzas, hasta discos de corte, cortapicos y flexómetros. Todos con camuflaje en su presentación. En sus bodegas hay miles de cajas con estos productos. Su fachada y los contenedores donde los transportan al resto del país tienen el mismo estilo. 

Dos pilares: disciplina e integridad

La vida militar le dio las armas suficientes para sacar adelante el negocio. La disciplina, la puntualidad, el honor y la paciencia son parte de su estilo de liderazgo También es el impulso para dar el siguiente paso.   

La empresa está en proceso de pasar de importadora a fabricante. Desde 2025 invirtieron US$ 5 millones en la construcción de una fábrica de techos de PVC. Las máquinas las trajeron de China y son automatizadas. La estructura se está construyendo en Ambato.

En julio de 2027, Jorge cumplirá 70 años. Ya planifica una sucesión y siente que sus cinco hijos no están preparados para asumir la dirección de la firma. 

Su visión a futuro es que la importadora sea liderada por la persona que esté mejor preparada y no descarta que alguien externo a la familia asuma el cargo de director o CEO. (I)