Colombia amaneció el 1 de junio con un sacudón político que casi nadie vio venir hace apenas un año. Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, abogado penalista, empresario, figura mediática y candidato sin recorrido previo en cargos públicos, ganó la primera vuelta presidencial del 31 de mayo y quedó a las puertas de la disputa final por el poder en un ballotaje. Con cerca del 43,7 % de los votos, superó a Iván Cepeda, que rondó el 40,9 %, y corrió de la escena decisiva a buena parte de la derecha tradicional.
El ascenso de De la Espriella explica por qué ya lo llaman el Milei colombiano. Su discurso contra la clase política, su tono frontal, la promesa de desregulación, la defensa del sector privado y una campaña construida sobre su marca personal le dieron esa identidad tan parecida al presidente argentino.
De hecho, el propio Javier Milei celebró su desempeño en las elecciones colombianas con un mensaje en sus redes sociales: "Quiero felicitar a
@ABDELAESPRIELLA por su triunfo en la primera vuelta de las elecciones de Colombia, y a los colombianos por esta ejemplar jornada electoral. Este resultado refleja el anhelo de libertad y progreso del pueblo colombiano, y una voluntad expresa de decirle basta al fracasado modelo socialista que tanto daño le ha hecho a nuestra región, y a Colombia en especial, en los últimos 4 años".
El abogado que saltó de los tribunales a la primera vuelta
Nació el 31 de julio de 1978 en Bogotá y pasó su infancia y adolescencia en Montería, en una familia ligada al derecho. Estudió en el colegio La Salle de Montería y cursó Derecho en la Universidad Sergio Arboleda. Su biografía suma estudios en el Externado, la Universidad del Rosario y la Universidad Nebrija.
Su carrera pública empezó lejos de las urnas. En 2002 fundó De La Espriella Lawyers, una firma que se transformó en la plataforma de su visibilidad. El salto a la conversación pública llegó por litigios de enorme exposición. Entre los nombres asociados a su trayectoria profesional aparecen Álvaro Uribe, Álex Saab, David Murcia Guzmán, Natalia Ponce de León y la familia de Rosa Elvira Cely.
Esa lista explica el doble filo de su figura. Para sus seguidores, De la Espriella encarna al abogado exitoso que entiende el poder real y no le teme al conflicto. Para sus críticos, representa al penalista que hizo carrera cerca de expedientes incómodos, clientes controvertidos y causas de alto voltaje político.

La fórmula política detrás del Milei colombiano
El rótulo de “Milei colombiano” empezó a circular después del triunfo de Javier Milei en la Argentina y a medida que De la Espriella ganaba visibilidad en la escena política. En Colombia, sectores de derecha y usuarios de redes comenzaron a buscar una figura con rasgos similares: alguien por fuera de la política tradicional, con discurso frontal contra el sistema, agenda favorable al sector privado, estilo histriónico y fuerte presencia digital.
De la Espriella encajó rápido en esa conversación. Su perfil reunía varios elementos asociados al fenómeno Milei: era un outsider electoral, cuestionaba a la dirigencia tradicional, prometía reducir trabas para la actividad privada, construía una identidad política personalista y hablaba a una audiencia muy activa en redes sociales.
Además, dentro de su propuesta hablaba de reducir carga tributaria, impulsar una gran desregulación, simplificar el Estado, fusionar agencias que consideraba redundantes y modernizar la DIAN con inteligencia artificial. Ese vocabulario, sin duda, lo acercó a una comparación con el mileísmo. También lo hizo su manera de dividir la cancha entre “los nunca” y “los de siempre”, una fórmula de contraste moral muy usada por las nuevas derechas.
El analista Luis Rosales sostiene que ambos "pertenecen al mismo club. Son antisistémicos de derecha, anti woke". En esa línea, señala que, como todo líder antisistémico, se alimenta de aquello que, en otros políticos, suele resultar dañino.
Rosales plantea que para el sistema es muy difícil combatirlos porque, cuando cree que los está perjudicando, en realidad los está fortaleciendo. Por ejemplo las críticas en los medios tradicionales, o los cuestionamientos que podrían destruir a un político convencional, en el caso de un dirigente antisistémico lo terminan alimentando.
Además, tanto Milei como De la Espriella, “tienen como principal bandera la principal necesidad o problema que esa sociedad padece. En la Argentina era la economía y, por eso, surgió un conomista liberal ortodoxo. Bueno, en este caso, fue un libertario. Casi una exageración de esa solución. Y en la Colombia actual, el tema sigue siendo la inseguridad, la sensación de que, con los cuatro años de Petro, ha habido un retroceso en este tema, y De la Espriella enarboló muy bien esta bandera".
Por ejemplo, habló de fumigación y erradicación de cultivos de coca, fortalecimiento de la Fuerza Pública, uso de veteranos y reservistas para seguridad barrial, construcción de megacárceles y cierre de la “paz total”. Por eso, varios especialistas coinciden en que su libreto mezcla a Milei en economía con Bukele en seguridad.

Con esa personalidad fuerte, una confrontación permanente con sus adversarios y una idea de la política entendida como batalla cultural, De la Espriella fue ganando popularidad. En Colombia, ese tono encontró un eje muy claro: el rechazo al petrismo. Esa oposición funcionó como punto de encuentro para sectores conservadores, empresarios, grupos religiosos, militares retirados y audiencias jóvenes que consumen política a través de streamers e influencers.
Oto punto de su propuesta que lo distanció del petrismo y atrajo a muchos empresarios fue su defensa de la exploración de petróleo y gas, el rol de Ecopetrol y la evaluación de yacimientos no convencionales. Frente al giro ambiental del gobierno Petro, su mensaje fue directo para compañías, inversores y regiones dependientes de hidrocarburos: La promesa fue volver a poner al sector extractivo en el centro de la actividad económica.
Un crecimiento al estilo Milei
Como Milei en Argentina, De la Espriella construyó su carrera política y su candidatura en tiempo récord. El 16 de julio de 2025 registró el comité inscriptor Defensores de la Patria, el grupo creado para juntar las firmas necesarias e inscribir su candidatura presidencial por fuera de los partidos tradicionales.
A través de ese comité, De la Espriella buscó reunir los apoyos ciudadanos necesarios para inscribirse como candidato presidencial. En noviembre, cuando su campaña ya había ganado volumen, llenó el Movistar Arena con cerca de 16.000 asistentes. En enero, la Registraduría —el organismo electoral colombiano— certificó que había cumplido el mínimo de firmas válidas exigidas para competir: presentó 5.079.000 apoyos, muy por encima del umbral de 635.216.
Ese dato fue clave para mostrar la escala de su irrupción. De la Espriella no solo había instalado una marca política propia, sino que también había logrado convertir su visibilidad mediática y digital en una estructura electoral capaz de llevarlo formalmente a la carrera presidencial.
Después llegaron los acuerdos políticos. Creemos, el movimiento fundado por el exalcalde de Medellín Federico “Fico” Gutiérrez, una de las figuras de la centroderecha colombiana, oficializó su respaldo el 28 de enero.
También fue importante Salvación Nacional, un partido conservador que no era el origen de su candidatura, pero sí terminó funcionando como una plataforma de apoyo para De la Espriella. Su resultado en las elecciones legislativas —693.582 votos al Senado, equivalentes al 3,60 %— le dio al candidato una base partidaria, presencia institucional y un puente con sectores de la derecha conservadora. Así, una candidatura que había nacido por firmas, desde el movimiento Defensores de la Patria, empezó a apoyarse también en una estructura política más formal.

Luego vino la validación institucional. La Registraduría, el organismo electoral encargado de organizar las elecciones en Colombia, aceptó su inscripción presidencial el 12 de marzo. Más tarde, el 21 de mayo, una resolución del Consejo Nacional Electoral mantuvo su candidatura en carrera ante una solicitud de revocatoria, es decir, un pedido para dejar sin efecto su postulación.
Financiamiento
El financiamiento también mostró que la campaña había dejado de ser una apuesta testimonial para convertirse en una estructura de gran escala. Según reportes de Cuentas Claras, la plataforma oficial donde las campañas colombianas informan sus ingresos y gastos, De la Espriella registró ingresos por COP (COP es la sigla internacional del peso colombiano, la moneda oficial de Colombia) 32.000 millones, todos provenientes de créditos financieros.
El Banco de Bogotá aportó COP 15.000 millones; Bancolombia, COP 12.000 millones; y BBVA, COP 5.000 millones. El gasto de campaña quedó entre los más altos de la contienda, con cifras reportadas primero por COP 14.794 millones y luego por COP 18.400 millones.
La segunda vuelta y los límites de la comparación
El resultado del 31 de mayo partió a Colombia en dos mapas. De la Espriella ganó en Antioquia con 54,36 %, en el Eje Cafetero, los Santanderes, los Llanos y el voto exterior, donde alcanzó 53,4 %. En Norte de Santander llegó al 70,61 % y en Santander al 57,09 %.
Cepeda dominó Bogotá, donde obtuvo 1.706.249 votos frente a 1.543.517 de De la Espriella. También ganó el Caribe, incluidos Atlántico y Córdoba, y se impuso en Valle del Cauca con 53,17 %. En el suroccidente, varios departamentos le dieron más del 65 %.
Rosales reafirma lo que muchos sostienen: De la Espriella, de ganar las elecciones, “se va a asimilar a una especie entre Milei y Bukele. Como no tiene que resolver tantos problemas económicos de fondo, macroeconómicos, y su promesa central tiene que ver con la inseguridad, va a ser bukelismo, me parece. Ahora, de perder el balotaje y quedar en la segunda vuelta como el segundo más votado, su construcción va a ser diferente”.

Según el analista, en una primera lectura De la Espriella podría aparecer como favorito para el balotaje, porque los votos de Paloma Valencia y buena parte de lo que queda del uribismo tenderían a alinearse detrás de su candidatura.
Sin embargo, Rosales advierte que en Colombia siempre pueden aparecer novedades. La participación puede subir o bajar, y el comportamiento del centro será decisivo. Para el analista, la gran incógnita no está tanto en el voto de derecha, que considera prácticamente asegurado para De la Espriella, sino en qué harán los votantes moderados: si se quedarán en sus casas o si optarán por una alternativa que perciben como más extrema, ya sea de izquierda o de derecha.
En ese sentido, Rosales sostiene que el verdadero interrogante del balotaje es cómo reaccionará ese electorado de centro, formado por votantes que construyeron su identidad política alrededor de la moderación.
El 21 de junio, Colombia no elegirá sólo entre dos candidatos. Votará entre dos relatos de país. Uno, el de Iván Cepeda, ligado a la continuidad progresista y a una coalición antiultraderecha. El otro, el de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, plantea una derecha más agresiva, más digital, más empresarial y más punitiva que la que dominó la política colombiana durante las últimas décadas. La primera vuelta ya le dio nombre al fenómeno. El balotaje dirá si ese fenómeno alcanza para llegar al poder.