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Trump endurece la guerra energética: ultimátum a Irán y un Estrecho de Ormuz convertido en arma financiera

Juan Romero

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El ultimátum de 48 horas de Donald Trump a Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz eleva al máximo la tensión en Medio Oriente, pone bajo amenaza infraestructura civil clave y consolida al petróleo como arma central del nuevo tablero geopolítico.

22 Marzo de 2026 06.47

Donald Trump volvió a correr la línea roja del conflicto en Medio Oriente. En un mensaje en su red social, el presidente de Estados Unidos dio a Irán un plazo de 48 horas para “abrir completamente, sin amenaza, el Estrecho de Ormuz”, con la advertencia de que, si no lo hace, Washington “golpeará y destruirá sus diversas plantas de energía, empezando por la más grande”. 

El ultimátum llega cuando el estrecho —por donde solía transitar cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo— está prácticamente paralizado, más de dos decenas de buques fueron atacados desde fines de febrero y el shock ya se siente en los precios de la energía y en las mesas de trading globales.

truth social trump ultimatum 21 de marzo 2026
truth social trump ultimatum 21 de marzo 2026

Ormuz como rehén: peaje de U$S 2 millones y amenazas cruzadas

El mensaje de Trump cristaliza un riesgo que llevaba semanas creciendo: el cierre de facto de Ormuz transformó un viejo “riesgo geopolítico estructural” en una disrupción inmediata de los flujos de crudo y gas. Desde Teherán, la respuesta combina desafío y ambigüedad. El canciller Abbas Araghchi ya había advertido que habría “cero contención si nuestras infraestructuras vuelven a ser atacadas”. 

Ahora, el centro de mando Khatam al-Anbiya fue más explícito: un vocero advirtió que, “si la infraestructura de combustible y energía de Irán es atacada, todas las instalaciones de energía, tecnología de la información y plantas de desalinización de la región pertenecientes a Estados Unidos y al régimen israelí serán atacadas”, poniendo bajo mira activos claves de aliados de Washington en el Golfo.

En paralelo, el parlamentario Alaeddin Boroujerdi aseguró en la televisión estatal que “cualquier buque que atraviese esta vía estratégica está pagando una tasa de U$S 2 millones” y que “se está implementando un nuevo régimen en el estrecho”. Hasta el momento, ningún otro funcionario confirmó ese esquema de peaje, pero la sola idea refuerza la percepción de un Ormuz selectivamente abierto y cada vez más instrumentalizado como herramienta de presión económica.

La versión oficial ante los organismos internacionales es algo más matizada. Ali Mousavi, representante de Irán ante la Organización Marítima Internacional, afirmó que el estrecho “permanece abierto a la navegación internacional, excepto para los enemigos”, en referencia a Estados Unidos e Israel. Según explicó, el paso de embarcaciones es posible “con coordinación con las autoridades iraníes para las disposiciones de seguridad y protección”. Al mismo tiempo, subrayó que “la diplomacia es siempre una prioridad, pero una detención completa de la agresión es aún más necesaria”, dejando claro que Teherán no piensa ceder bajo amenazas unilaterales.

Infraestructura civil bajo fuego: agua y luz en la mira

El frente energético ya no se reduce a buques tanque y oleoductos. En Teherán, el ministro de Energía, Abbas Aliabadi, reconoció que la infraestructura hídrica y eléctrica ha sufrido “daños importantes” como resultado de ataques militares y cibernéticos de Estados Unidos e Israel. Según detalló, “decenas de plantas de purificación y de transferencia de agua han sido atacadas”, parte de redes vitales de suministro. Aliabadi aseguró que los daños “se han reparado en el menor tiempo posible”, aunque residentes de la capital reportan cortes de luz intermitentes en distintos barrios desde el inicio de la guerra, con reposición del servicio a las pocas horas.

Sobre ese telón de fondo cae ahora la amenaza explícita de Trump de “destruir” centrales eléctricas iraníes, lo que marca una escalada cualitativa: pasar de ataques puntuales y operaciones encubiertas a una campaña abierta contra el sistema energético civil implicaría años de daño y trauma para la población, algo que el propio presidente había dicho antes que evitaba deliberadamente

Para Teherán, cruzar ese umbral justificaría extender la represalia a infraestructuras de agua, energía y tecnología en “toda la región” asociadas a intereses estadounidenses e israelíes.

Israel, Líbano y el frente europeo: una guerra sin techo cercano

Mientras Washington e Irán cruzan advertencias en torno a Ormuz, el teatro de operaciones en Israel y Líbano sigue activo. Benjamin Netanyahu habló de una noche “muy difícil” tras dos oleadas de misiles iraníes sobre el sur del país. 

El primer ataque golpeó Dimona, cerca del centro de investigación nuclear y del reactor de agua pesada; horas después, un segundo salvo impactó en la cercana Arad, dañando seriamente varios edificios residenciales de varios pisos. El saldo, según las autoridades sanitarias, supera los 120 heridos, 11 de ellos en estado grave. 

“Estamos decididos a seguir golpeando a nuestros enemigos en todos los frentes”, advirtió el primer ministro, mientras el ejército investiga por qué los sistemas de defensa antiaérea no lograron interceptar los proyectiles y admite que el segundo ataque empleó una cabeza de guerra más pesada.

En el norte, un misil antitanque disparado por Hizbolá desde Líbano mató a un hombre en el kibutz Misgav Am, el primer fallecido dentro de Israel desde que se reactivó el frente con la milicia respaldada por Irán este mes. Las Fuerzas de Defensa israelíes han movilizado “decenas de miles” de reservistas y desplegado tropas adicionales en el sur de Líbano, ampliando una “zona de seguridad” autodeclarada para frenar el fuego transfronterizo. Las autoridades libanesas cifran en más de 1.000 los muertos por fuego israelí en lo que va del mes, mientras Israel amenaza con “escalar” la ofensiva terrestre e intensifica bombardeos sobre objetivos de Hizbolá, incluso en Beirut.

En un mensaje grabado, el jefe del Estado Mayor de las FDI, Eyal Zamir, definió la guerra contra Irán como en su “punto medio” y advirtió que continuará, al menos, hasta la festividad de Pésaj, a comienzos del mes próximo. Según Zamir, el asalto conjunto de Estados Unidos e Israel sobre Irán “está empezando a acumularse en un logro sistémico, estratégico, militar, económico y gubernamental”, pero pidió a la población prepararse para “seguir luchando por nuestro futuro y nuestra libertad” hasta, por lo menos, abril. El ministro de Defensa, Israel Katz, fue aún más directo al anticipar que “la intensidad de los ataques” contra Irán “aumentará en la próxima semana”.

La onda expansiva alcanza a Europa. Israel ha advertido que los misiles iraníes podrían alcanzar ciudades europeas tras el ataque frustrado contra la base británico‑estadounidense de Diego García, en el océano Índico, a unos 4.000 km. En Londres, el secretario de Vivienda, Steve Reed, intentó llevar calma al afirmar que el Reino Unido “está seguro”, y enfatizó que los dos misiles balísticos lanzados “no lograron llegar” al objetivo: uno falló en pleno vuelo y el otro fue derribado por un buque de guerra estadounidense.

Misiles interceptados y barcos bajo riesgo: la región en vilo

En el Golfo, la lista de actores bajo amenaza no deja de ampliarse. Arabia Saudita informó que su Ministerio de Defensa interceptó uno de tres misiles lanzados hacia la región de Riad, mientras que los otros dos cayeron en zonas deshabitadas. Emiratos Árabes Unidos, por su parte, confirmó que su Ministerio de Defensa “está respondiendo a amenazas entrantes de misiles y drones procedentes de Irán”.

Al mismo tiempo, más de 24 buques han sido alcanzados por ataques desde el inicio de las hostilidades y la oficina de Operaciones Comerciales Marítimas del Reino Unido (UKMTO) recibió el informe de una explosión de un proyectil no identificado cerca de un buque granelero, a unos 30 kilómetros al norte de Sharjah, en la costa emiratí. La tripulación resultó ilesa, pero el episodio refuerza la percepción de que toda la región se ha convertido en un teatro de riesgo marítimo generalizado.

El cierre de facto de Ormuz y la multiplicación de incidentes ya se traducen en un shock prolongado de precios: el Brent se sostiene por encima de los 100 dólares por barril en los escenarios más tensos, las primas de riesgo geopolítico se disparan y los organismos internacionales revisan al alza sus proyecciones de energía para 2026. 

En ese marco, el ultimátum de Trump opera como catalizador de todas las tensiones: si Teherán cede, el mercado podría ver un alivio relativo en flujos y precios; si mantiene su línea y Washington cumple la amenaza sobre centrales eléctricas, el conflicto entrará en una fase en la que la infraestructura civil y energética de toda la región pasará a ser blanco legítimo, y la volatilidad dejará de ser un evento transitorio para consolidarse como rasgo estructural del nuevo ciclo geopolítico y económico que ya se siente -en los precios del combustible en Argentina y Centroamérica-, con fuerza, lejos del Golfo Pérsico.

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