¡Buena suerte!

Para muchos, el mes de Enero es como el lunes de la semana. Largo, seco, con poco encanto. Una especie de chuchaqui prolongado -por los excesos de diciembre- lo acompaña y atormenta. Sin embargo, tiene un atributo particular: ser tiempo propicio para los deseos, las apuestas, las proyecciones. Las ilusiones, la suerte y los sueños retenidos. 

Aquí van algunos buenos deseos…

-Que la persecución a los bandidos y corruptos no desmaye, mantenga la lumbre encendida. Que los encierren como atracadores de nuestros escasos bienes. Y que los castigue donde más les duele: la devolución de los centavos mal habidos que se llevaron de frente o a hurtadillas. 

-Que el paisito amado y golpeado por las herencias malditas, continúe gestionándose sin aspavientos, con pocas palabras, con señales precisas. Que se destierren para siempre los extremos que tanto nos han manchado: los silencios opacos de un lado, la verborrea populista de otro. 

  • Que nuestros abrazos a los parientes queridos y a los amigos del alma no tengan que ser vendidos ni regateados. Que lleguen y salgan frescos, amorosos, numerosos.

-Que las bandas de pandilleros no tengan que regalar nunca más juguetes navideños a los niños pobres de los suburbios. Que sus padres puedan hacerlo con cariño auténtico y sin dobleces. Con empleo digno y desafiante. Sudando la gota gorda, pero con honradez.

-Que la burocracia no se reproduzca más, que no contamine todos los espacios y decisiones. Que sus bostezos, malos tratos y cansancio vayan en retirada y se esfumen. Que nos den simplemente el servicio que merecemos y por el que pagamos por las buenas o por las malas.

  • Que pueda continuar caminando de tu mano por las calles de siempre. Sin prisa y sin mirar atrás. Deslumbrados por la claridad de la mitad de mundo o cobijados por la intriga de la noche fría y la garúa impertinente. 

-Que los asambleístas gasten menos y aporten algo. Aunque sea simbólico. Que termine el circo, la farsa instalada, las jorgas babosas, los pipones. O que decidan inmolarse como años viejos de aserrín. Como especie que ha terminado su ciclo de vida en la tierra.

-Que los migrantes colombianos y venezolanos se inserten en paz en nuestras comunidades y barrios. Sin mendicidad ni maltrato a los niños que piden en su nombre. Sin criminalidad, sin xenofobia. Sin ghettos ni territorios liberados. Con derechos y obligaciones bien equilibradas.

  • Que los niños del barrio y los nietos propios vuelvan a jugar en los parques y en las plazas. Que les pertenecen y les han arrebatado. Sin tiros, sin sangre, sin frenazos, sin mendigos. 

-Que la basura no se meta por las rendijas y las puertas de nuestras casas. Que su imagen y aroma podrido no nos obliguen a mirar al lado o a cambiar de vereda. Que deje de ser símbolo de la ciudad querida que agoniza, inundada por propaganda y esquilmada por avivatos. 

-Que los vecinos de la tienda, de la fonda y la ferretería dejen de pagar cuota semanal para existir y no morir. Que la extorsión sea arrancada de raíz de los pequeños negocios que sostienen nuestro planeta cotidiano. Que la amenaza, el miedo y el chantaje se achicharren. 

  • Que a los viejos no nos arrojen al olvido. Que podamos vivir con intensidad nuestras últimas oportunidades. Con compañía, con afectos, con besos. Con alguna lágrima de alegría. Por qué no.

Los buenos deseos podrían multiplicarse. Tenemos tantos vacíos y necesidades que precisaríamos un libro entero para exponerlas. Por hoy el brochazo es suficiente… 

Para empujar estos buenos deseos nos falta una cábala, un llamador de la buena suerte. Así como la santiguada de los futbolistas al salir al campo de juego o su saltito para empezar con el pie izquierdo…  Vamos a dejar de lado por ahora los interiores amarillos, las doce uvas de medianoche, el billete doblado en los zapatos, la ropa blanca de año nuevo, la limpia purificadora. Nos inclinamos esta vez por las velas encendidas. Por su pequeña pero significativa luz y calor…  Que empujen nuestros buenos deseos, que los hagan realidad. Suavemente, incansablemente. Salud y feliz año 24.  (O)