Las ideas más innovadoras nacen de creencias poco comunes o contrarias. Estas ideas no necesitan ser extraordinarias; basta con que desafíen aquello que la mayoría acepta como verdadero. En ellas reside el ADN de las innovaciones que transforman industrias y sectores.
Steve Jobs sostuvo que la computadora personal se convertiría en un producto de consumo masivo, cuando el consenso del sector descartaba que las familias llegaran a tener una en sus hogares. Años más tarde, los fundadores de Cirque du Soleil desafiaron la creencia de que el circo debía dirigirse principalmente a niños y que los animales eran indispensables para el espectáculo. En la industria de la moda ocurrió algo similar. Mientras el sector seguía organizado alrededor de dos grandes temporadas al año, Amancio Ortega introdujo la moda rápida, renovando continuamente sus colecciones según las preferencias de los consumidores y no de los gurús de la moda.
A medida que las industrias evolucionan y maduran, es natural que las empresas establecidas dejen de cuestionar las creencias sobre las que han construido su modelo de negocio. En consecuencia, la innovación se vuelve incremental. En lugar de crear nuevo valor, compiten agregando atributos que los consumidores ya no valoran tanto y ampliando sus líneas de productos para atender segmentos cada vez más específicos. El resultado es una industria atrapada en una espiral de hipercompetencia e hipersegmentación que termina erosionando su rentabilidad.
Esa miopía representa una ventana de oportunidad para los emprendedores y sus startups. Las creencias arraigadas de una industria nunca deberían aceptarse como verdades permanentes. Descubrir ideas innovadoras comienza por identificar las creencias dominantes de una industria y cuestionarlas. Quizá la pregunta más poderosa que puede hacerse un emprendedor sea: ¿qué creo yo que casi nadie más cree? Responderla no es sencillo, porque nuestras propias creencias también están moldeadas por aquello que todos damos, por cierto.
Sin embargo, las creencias contrarias son frágiles y fáciles de descartar. A menudo resultan absurdas para quienes las escuchan por primera vez, porque todavía no existe evidencia que las respalde. Airbnb ilustra este fenómeno. En sus inicios, la idea de hospedarse en la casa de un desconocido pareció absurda para inversionistas de riesgo. Sin embargo, sus fundadores persistieron en su idea. Precisamente porque una creencia contraria tiene altas probabilidades de ser errónea o rechazada, no la asumieron como una verdad, sino como una hipótesis que debía ponerse a prueba mediante la experimentación. Solo experimentando podían comprobar si estaban en lo cierto.
En un mundo marcado por el auge de la IA, comprender cómo nacen las ideas más innovadoras también ayuda a entender sus posibilidades y sus límites. Los modelos de IA aprenden de datos generados en el pasado que reflejan las creencias y los modelos de negocio que el mundo ya conoce. Por ello, parecen especialmente competentes para perfeccionar modelos de negocio existentes. Pero las innovaciones más radicales no comienzan con los datos, sino con una creencia que todavía no puede justificarse con ellos. Solo después, mediante la experimentación, esa creencia encuentra evidencia a su favor o en su contra. Por eso, al menos por ahora, la innovaciones más disruptivas seguirán surgiendo de las mentes de emprendedores creativos. (O)