Estabilidad vs sostenibilidad
Es común aceptar cierta información sobre avances en el terreno de la estabilidad sin analizar que se trata de estadísticas que van a variar en el tiempo y no se van a poder mantener. No se trata de desmerecer logros que se van alcanzando en el corto plazo sino si éstos representan reales cambios de tendencia o aseguran avances a largo plazo. Pueden ser resultados favorables pero efímeros que se convierten solo en fotos a una cierta fecha.

Un error en economía es considerar a esta ciencia social como un  fenómeno estático y no dinámico. La política económica en el tiempo debe garantizar que los resultados son sostenibles en el tiempo y que si éstos son positivos se van a poder mantener. Según información de la Agencia Bloomberg, al 26 de agosto pasado, el Ecuador mostró un riesgo país de 419 puntos básicos mientras Bolivia, Argentina y Venezuela registraban niveles de 472, 520 y 6.662 puntos básicos de riesgo país cada uno de ellos, respectivamente. 

En el caso de Venezuela la situación económica sin la presencia de Nicolás Maduro no ha mejorado, la realidad Boliviana es muy inestable y Argentina, a pesar de las decisiones difíciles con ciertos avances del gobierno de Milei, no ha podido bajar más este indicador y tampoco han podido colocar deuda en los mercados internacionales por el alto costo que habría representado. Al contrario, con la misma fuente de información, los países mejor ranqueados de la región son Uruguay, Chile, Paraguay, Perú y Guatemala, los que mostraron cifras de riesgo país de 70, 92, 112,113 y 118 puntos básicos, respectivamente cada uno de ellos. ¿Qué quieren decir estos números?

Por un lado esto muestra que la mayoría de países con los menores niveles de riesgo también son economías que disponen de una calificación favorable de lo que se denomina "grado de inversión" con mejores calificaciones de instituciones calificadoras como Moodys, Standard & Poors y Fitch. Sin embargo, un aspecto de mayor profundidad señala que la estabilidad de aquellos países mejor ranqueados también muestra que son situaciones más estables y, sobre todo, de mayor sostenibilidad. Estos países mejor ubicados registran períodos más prolongados de estabilidad macroeconómica tanto en las cifras fiscales, como aquellas del sector externo y monetario. 

En el caso del Ecuador, habiendo la economía mostrado avances en el riesgo país, menor desequilibrio fiscal con menores atrasos, el apoyo de los multilaterales y una recuperación importante de las reservas internacionales, sigue acarreando el karma de decisiones pasadas como la moratoria de deuda del 2009 y la vulnerabilidad de la economía por la ausencia de ahorros fiscales. En estas fechas, el país se ve abocado al impacto del Fenómeno del Niño, las secuelas de la guerra en medio Oriente que ha encarecido los costos de importación, las reformas estructurales no adoptadas, el ruido que genera el próximo proceso electoral y el efecto a todo nivel que produce la inseguridad. 

La inversión extranjera, por ejemplo, muestra que el año 2025 representó el 1% del PIB, frente al 2.5% de Colombia, 3.5% del Perú o el 4% de Chile. Esta información señala con mucha claridad que la estabilidad no conlleva necesariamente el concepto de sostenibilidad económica incidiendo por tanto en varios indicadores como el anotado de la inversión extranjera directa.

Cabe aclarar que las reservas internacionales, para una economía dolarizada no son ahorros del gobierno, es la liquidez que reposa en las cuentas del Banco Central y que corresponde a sus depositantes como son los bancos y cooperativas, el IESS, las entidades públicas y el gobierno central. 

Los ahorros fiscales en el pasado, del 2003 al 2005, fueron parte de un fideicomiso para fines de emergencia económica que luego fueron gastados y eliminados durante el gobierno de Rafael Correa. En ese sentido, de acuerdo a la normativa vigente, se empezaría a generar un ahorro fiscal cuando la deuda pública del sector público no financiero consolidado llegue al 40 % del PIB. Este momento dicho porcentaje es cercano al 50 % del PIB, por lo que se requiere mayor austeridad fiscal y para ello se tendrán que adoptar decisiones fiscales difíciles en lo político y hasta en lo electoral. 

Por lo tanto, si no hay decisión política para la adopción de reformas económicas como la delimitación del rol del estado administrando empresas públicas, la reducción gradual del tamaño de la nómina pública, la reforma a la seguridad social, la reforma laboral que también afecta a las cifras fiscales, entre otras, el país difícilmente podría ahorrar recursos y protegerse mejor ante shocks internos y externos y seguirá siendo una economía vulnerable.

La economía debe avanzar hacia la sostenibilidad y una herramienta poderosa, aunque no la única, es generar ahorros fiscales y atraer montos de inversión extranjera adecuados que le permita crecer de manera más dinámica. Los acuerdos internacionales como los de libre comercio y de cooperación económica son importantes pero no son suficientes. La vigencia de un convenio con el FMI es importante pero tampoco es suficiente. El país debe emprender en acciones de mayor alcance, priorizar el corto y el largo plazo y adoptar las reformas estructurales difíciles en lo político pero también necesarias.

La economía ecuatoriana ha mostrado capacidad para recuperarse de situaciones difíciles de distinta naturaleza pero también ha reflejado vulnerabilidad y debilidad al pasar de la estabilidad a la inestabilidad de forma muy rápida. La ausencia de defensas y ahorros como los anotados, no nos permitirá ser más sostenibles en el tiempo y brindar mejores señales de certidumbre y confianza interna y externa. (O)