La honestidad que hace falta
Las técnicas de liderazgo pueden impactar, pero dejan de funcionar cuando advertimos que no hay integridad: coherencia entre lo que decimos, pensamos y hacemos.

Cuando alguien te comunica algo, ya sea con palabras o mediante el lenguaje no verbal, a veces puedes darte cuenta, de una forma inexplicable, de si te dice la verdad o te está mintiendo. A esto lo llamo lectura de la mente: no se trata de algo psíquico, sino de una habilidad cognitiva y comunicativa que nos permite "leer" la mente del otro.

La desarrollamos a partir de los cuatro años y nos permite comunicarnos y, de alguna manera, entender lo que el otro piensa, siente o desea sin que nos lo diga, solo al analizar lo que hace o dice.

Esta habilidad nos permite identificar mentiras, bromas de doble sentido, ironías y todo aquello que constituya una fuente de información indirecta, en muchos casos no verbal.

Este concepto vino a mi mente hace poco, durante un curso de liderazgo. El moderador nos compartió una charla TED de Adriá Solá, experto en comunicación, y me pregunté: ¿somos líderes que sabemos convencer o líderes en quienes se puede confiar? ¿O, por el contrario, hablamos mucho y convencemos poco?

En la charla, Solá menciona que el éxito de una persona consiste en ser escuchada y recordada. No hablaba de títulos, de prestigio ni de conocimientos. Hablaba de relaciones, de tener una larga lista de amigos a quienes les puedes caer bien. Quizá esto sea debatible: ¿qué ocurre con quienes son más introvertidos o prefieren estar solos? ¿Son menos exitosos, menos felices?

En todo caso, Adriá explica que todos realizamos microexpresiones que los demás perciben. En su charla detalla un método para que podamos ser escuchados e incluye algunas claves como: hablar en positivo. Las palabras cuentan y transforman la realidad de una persona. No es lo mismo preguntarle a alguien "¿en qué has estado ocupado últimamente?" que "¿cuál es tu meta?" en la primera frase él señala que segregamos dopamina (hormona de la felicidad) y en el siguiente cortisol (la hormona vinculada con el estrés).

También indica que debemos dominar el tono de voz, evitar terminar nuestras frases o palabras con tonos agudos, algo difícil si no tienes idea de cómo estás hablando, pero en definitiva para él debemos convencer y dominar nuestra voz. Yo diría que necesitamos algo más, que añado: sentirnos seguros.

Finalmente, menciona que los conferencistas de las charlas TED que se hacen virales gesticulan más. Añade que la mente responde mejor a los gestos y que quien miente gesticula menos al hablar. Desde esta charla ahora es inevitable no fijarme en los gestos mientras me hablan.

Tremendo. Empecé titulando a esta columna "La honestidad que hace falta" y diciendo que somos capaces de captar el engaño o la mentira y de leer la mente del otro, para luego recoger las claves que propone Solá para impactar con nuestra comunicación.

Pero la verdad es que la idea central de esta columna es que, puedes ser un gran comunicador, utilizar tu mejor tono grave y hablar en positivo, pero también mentir y engañar. Y creer que los demás no lo notan.

La realidad es que nuestra capacidad humana nos lleva a ser íntegros y sinceros por naturaleza. Quizá la falta de gestos te delate, o quizá no, pero esto no es el fondo.

Escribo esto porque las técnicas de liderazgo pueden impactar, pero dejan de funcionar cuando advertimos que no hay integridad: coherencia entre lo que decimos, pensamos y hacemos. Afrontar las situaciones con la verdad, sería la clave. Solo entonces le daré la razón a Solá cuando afirma que "el mundo no pertenece a los que callan, sino a los que comunican y convencen". (O)