Reestructuración geopolítica en Medio Oriente
Turquía seguirá desempeñando un papel crucial como actor bisagra entre Europa, Asia y Medio Oriente, consolidándose como una de las principales potencias medias con más oportunidades para actuar de forma autónoma, mejorar su capacidad de negociación y contribuir a la estabilidad geopolítica alcanzada con un equilibrio de poder para la preservación de la estabilidad y la paz.

Las interacciones diplomáticas, económicas de seguridad y culturales entre los  estados en el sistema internacional, en la actualidad siguen un modelo de relaciones internacionales de geometría variable, porque los países optan por un multialineamiento para cooperar con diversas potencias simultáneamente, como ocurre con la multipolaridad cooperativa para alcanzar un equilibrio de poder, así afirma Michael Fucher del IFRI, haciendo referencia al Consejo de Tayllerand de 1815 en Viena, en el que se pretendía evitar la hegemonía para  garantizar la paz.

Pero también influyen otros factores para esta dinámica geopolítica en Medio Oriente, como es la ubicación geográfica y la inmensa trascendencia estratégica de Irán para hacer del estrecho de Ormuz una palanca geoeconómica de presión energética mundial y de implicación de los países del Golfo para su intento fallido de ampliación del conflicto en Medio Oriente.

La Republica de Turquía, igualmente gracias a su ubicación geográfica, por estar situada en la intersección entre Europa, Asia y Medio Oriente, adquiere una importancia geopolítica excepcional por su capacidad de controlar los accesos entre el Mar Negro, al mar Mediterráneo a través de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, constituyéndose en un corredor energético y logístico fundamental entre Asia Central, el Cáucaso y Europa, a la vez que un actor esencial para el equilibrio de poder en Medio Oriente.

Turquía se ha consolidado así, como potencia media del sistema internacional. Su política exterior es autónoma, pragmática y busca maximizar su influencia en  varios escenarios regionales, como una potencia bisagra de gobernanza política internacional flexible que combina cooperación y competencia con diversos actores internacionales como ha sido promovida por Mark Carney, para alcanzar un orden internacional más diversificado, donde los Estados con capacidades intermedias ayuden a la estabilidad del sistema internacional mediante la cooperación multilateral, la resiliencia económica y la autonomía estratégica.

   La política de autonomía estratégica impulsada por el presidente Recep  Erdoğan tiene como objetivo ampliar su margen de maniobra internacional mediante una diplomacia multidireccional que le permita negociar al mismo tiempo con Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China y los países islámicos. 

No obstante, en el encuadramiento geopolítico su política exterior ha sido de confrontación diplomática con Israel, especialmente desde el 7 de octubre del 2023, con la invasión y ataque terrorista de Hamas, desde la Franja de Gaza, en la que se tuvo como consecuencia, 1.200 personas fallecidas, 250 rehenes, y grandes destrozos, lo cual motivo que Israel declare la guerra a Hamas. Sin embargo, Turquía condeno las operaciones militares israelíes, defendiendo la causa palestina en foros internacionales. 

 La relación de Turquía es similar con el Hezbola, partidarios de Dios,  que ejerce control e influencia política en Líbano, y con los Huties grupo insurgente de Yemen   como una alianza formal y herramienta clave regional de Irán como su Eje de Resistencia. 

Con este eje Irán proyecta ampliar su poder en la región tratando de llevar el conflicto fuera de sus fronteras para enfrentarse con Israel en su combate contra la hegemonía occidental que interfiere con su ambición de ampliar el dominio Chii en lo político, militar e ideológico y contra el sionismo en Medio Oriente.

Turquía como potencia media ha diseñado un modelo geopolítico en tres dimensiones, por una parte, trata de equilibrar su política exterior prioritariamente de diplomacia de cooperación activa con la mediación, pero al mismo tiempo busca proyectar un modelo dual con su poder militar, con el propósito de combinar la contención de potencias rivales y alcanzar la hegemonía en la región; al mismo tiempo que, fortalece y trata de consolidar las alianzas del eje de orientación Suni.

De esta manera Turquía ha reforzado su cooperación con varios países de mayoría sunita, como Azerbaiyán, Catar y Pakistán, formando una red de alianzas basada en intereses estratégicos comunes. Azerbaiyán es el principal aliado de Turquía en el Cáucaso Sur, respaldado por afinidades étnicas, lingüísticas y culturales. 

  Azerbaiyán recibe su apoyo político, tecnológico y militar, complementariamente beneficia a Turquía y a la región, con oleoductos de petróleo, como el de Baku, Tiblizi Ceyhan BTC, para abastecer desde el mar Caspio al Mediterráneo y Europa.

  Catar es un socio económico y financiero crucial, además de compartir una visión favorable hacia el fortalecimiento de los movimientos políticos islamistas moderados en la región. 

Pakistán en tanto, potencia nuclear, es vital para cooperación en defensa, desarrollo tecnológico militar y diplomacia en el mundo islámico.

 Aunque estas relaciones no constituyen una alianza militar formal, sí forman un importante eje de cooperación estratégica que refuerza la influencia regional de Turquía y proyecta una imagen de liderazgo en el espacio suní.  

La integración con el eje sunita busca complementarse con la normalización de las relaciones y lazos diplomáticos con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, en torno a los Acuerdos de Abraham mediados por Estados Unidos en el 2020, superando las diferencias surgidas tras la Primavera Árabe y el respaldo turco a la Hermandad Musulmana. 

Finalmente, Turquía sin dejar su pertenencia a la OTAN ni romper sus vínculos y aspiraciones de integrarse con Europa, busca ampliar sus opciones estratégicas mediante una política exterior diversificada, integrándose a organizaciones como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái OCS; participación que le ayuda a diversificar mercados, acceder a nuevas oportunidades de inversión, fortalecer la cooperación tecnológica y reducir su dependencia de las instituciones occidentales. Posición estratégica que en un entorno inestable requiere una diplomacia flexible que equilibre las relaciones con Occidente, Rusia, China y el mundo islámico.  

 En este contexto, Turquía seguirá desempeñando un papel crucial como actor bisagra entre Europa, Asia y Medio Oriente, consolidándose como una de las principales potencias medias  con más oportunidades para actuar de forma autónoma, mejorar su capacidad de negociación y contribuir a la estabilidad geopolítica alcanzada con un equilibrio de poder para la preservación de la estabilidad y la paz.  (O)