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No es la primera crisis que enfrenta el Ecuador, y lamentablemente tampoco será la última. Lo importante es evitar que el resentimiento y la desconfianza impidan ver un futuro promisorio y más inclusivo. Un reconocimiento especial a todos los empresarios y emprendedores que a pesar de las circunstancias siguen en el Ecuador, remando para hacer un mejor país para todos.

13 Julio de 2022 16.08

El Ecuador ha mostrado su peor lado durante las protestas de junio, y su imagen entre jugadores internacionales que lo habían considerado como un potencial destino de inversión se ha deteriorado. El escenario internacional nos resultaba altamente favorable, no solo por los elevados precios del petróleo sino por ser uno de los pocos países en América Latina con una clara ideología en favor del rol fundamental del sector privado en la economía y de la apertura al comercio internacional. Otros temas estructurales, como el ser dolarizado y ofrecer una cobertura automática para el tipo de cambio, también contribuía a crear una narrativa atractiva para los inversionistas. 

Se ha visto con mucho pesar una subida importante del riesgo país durante junio, llevando la rentabilidad a la cual se negocian los bonos del Ecuador a niveles cercanos al 14% (es cierto que la subida en las tasas también se explica parcialmente por la elevación de tasas de la Reserva Federal de los Estados Unidos). La subida de riesgo país ahuyenta a inversionistas extranjeros que hasta hace poco analizaban la compra de empresas ecuatorianas o les obliga a bajar tanto el precio que están dispuestos a pagar que los dueños locales prefieren no vender. El mercado de fusiones y adquisiciones, que hasta hace pocas semanas mostró mucho dinamismo, ya da señales de enfriamiento. Será interesante ver qué ocurre con las grandes transacciones, incluyendo la venta de Banco del Pacífico que se esperaba para el segundo semestre del 2022.

Durante el primer año de gobierno la administración del presidente Guillermo Lasso consiguió muchos logros, aunque lamentablemente comunicó poco o mal sobre ellos. Además del exitoso programa de vacunación, hoy ya historia pasada, el gobierno consiguió nuevos términos en el Programa de Facilidad Extendida con el Fondo Monetario Internacional, produjo el retorno del país al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), y pasó por la Asamblea Legislativa una reforma tributaria que mejoró la trayectoria fiscal del país. Una adecuada comunicación, junto a un mayor cuidado y gestión en lo social, hubiese puesto a todos los ecuatorianos en el mismo bote, remando en la misma dirección.

Luego de casi un mes con miles de ecuatorianos remando hacia el abismo, es momento de detenerse y remar juntos, cuesta arriba y con más fuerza. No es la primera crisis que enfrenta el Ecuador, y lamentablemente tampoco será la última. Lo importante es evitar que el resentimiento y la desconfianza impidan ver un futuro promisorio y más inclusivo. Un reconocimiento especial a todos los empresarios y emprendedores que a pesar de las circunstancias siguen en el Ecuador, remando para hacer un mejor país para todos. (O)

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